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25 de julio de 2007
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Detalles de la gira de Cristina

?No he venido acá a hacer discursos?, aseguró ayer la senadora argentina Cristina Fernández, esposa del presidente del país latinoamericano, Néstor Kirchner, y candidata del oficialismo a las elecciones del 28 de octubre. Pero lo hizo, y fue durante una comida ante medio millar de representantes de la empresa y la política española y un nutrido grupo de periodistas

        “No he venido acá a hacer discursos”, aseguró ayer la senadora argentina Cristina Fernández, esposa del presidente del país latinoamericano, Néstor Kirchner, y candidata del oficialismo a las elecciones del 28 de octubre. Pero lo hizo, y fue durante una comida ante medio millar de representantes de la empresa y la política española y un nutrido grupo de periodistas.


            Pocos días después de su lanzamiento oficial como candidata del Frente para la Victoria, la primera dama argentina, a quien algunos medios españoles y sectores conservadores argentinos han comparado con Evita, fue la estrella del almuerzo organizado por el Foro Nueva Economía en el selecto hotel Ritz de Madrid. Sus “reflexiones nacidas de la experiencia”, como ella misma calificó su intervención, las dedicó al repaso de los logros de su marido.En el pasado, señaló, siempre se conoció a Argentina a raíz de sus dificultades.


           Pero ahora el país se encuentra en una senda distinta, en “un buen camino”, sentenció la abogada de 54 años, tras repasar y criticar gestiones pasadas. Vestida con un dos piezas beige con falda hasta la rodilla, una torera estampada y tacones, la primera dama y candidata habló tranquila, gesticulando y acompañando sus afirmaciones con las manos. “Tiene un discurso duro, transmite una seguridad absoluta”, decía de ella, en un corrillo, un periodista español.


         En su intervención, la mujer a la que las encuestas en su país le auguran ya una cómoda victoria en las presidenciales, no dejó de atender con su mirada a toda la sala. Miraba a derecha e izquierda, se apartaba con gesto elegante un mechón de su cuidadísima melena caoba.


          Y, mientras, una y otra vez, los flashes de las cámaras irrumpían en la sala, un salón del lujoso Ritz en el que, entre otros, la escuchaban, sentados en una mesa con las banderas española y argentina en el centro floral, el presidente de la petrolera Repsol YPF, Antonio Brufao, y el del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), Francisco González, empresas con grandes intereses en el país latinoamericano.


           El discurso de la primera dama candidata tuvo muchos puntos en común con el que hace poco menos de una semana supuso su lanzamiento oficial como aspirante casi segura a suceder a Kirchner. Subrayó su apuesta por un “modelo de acumulación con inclusión social” y una “administración sana del Estado”.


            Adecuó sus palabras al lugar en el que las pronunciaba, instando a los empresarios españoles a seguir invirtiendo en su país y, con cierto desparpajo, no dejó pasar la ocasión y, ante el nuevo presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Gonzalo Díaz Ferrán, recordó cómo fue la primera visita de su esposo como presidente de Argentina a España. “Una cumbre borrascosa”, resumió, al recordar el enfrentamiento del mandatario con los empresarios españoles.


          “El presidente vino en julio del 2003 con 22 por ciento de los votos, en medio de un proceso de fuerte deslegitimación política, y se entrevistó con empresarios que reclamaban por las tarifas”, lo defendió. Todos gritaban, aseguró,“y tal vez ese hombre de 22 por ciento tuvo que gritar más alto”.Kirchner estaba convencido de que “un modelo diferente podía aplicarse en Argentina”, resumió, y prometió profundizarlo ella misma al frente de la primera magistratura de su país.


           Ante una gran mesa ovalada con la creme de la creme del empresariado español, flanqueada a su derecha por el presidente de Repsol, con quien compartió confidencias y departió animadamente, y a su izquierda la secretaria de Estado española para Iberoamérica, su amiga Trinidad Jiménez, Fernández degustó un menú que pretendía ser argentino –empanadas, lomo de res de la Pampa y milhojas con dulce de leche– y cumplió con su doble papel: el de embajadora de un gobierno que termina y el de posible líder de otro por empezar.


           Consultada por la comparación con Evita, Cristina, como la llaman los argentinos, fue tajante: “Yo no quiero heredar nada ni de Eva ni de Kirchner, todo lo que he tenido me lo gané yo. Evita fue irrepetible y única, igual que las circunstancias”. Habló del gobierno de su esposo siempre en primera persona de plural. “Es la persona que a mí, al presidente y a las personas que conforman el Gobierno nos gusta conjugar”, explicó. Y en su discurso conjugó también la defensa de la cuestión social.


           “Capitalistas del mundo, háganse cargo. La mayoría quiere vivir en un mundo en el que pueda consumir”. Y reservó un momento para la confesión: “El desafío más apasionante de mi vida ha sido estar 32 años al lado de Néstor Kirchner”. Después, abandonó el hotel escoltada por varios coches oscuros, entre medidas de seguridad dignas de una comitiva presidencial. El jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, la esperaba en La Moncloa.

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