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15 de septiembre de 2006
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ACCIDENTE AÉREO EN CAMPO DE MAYO

Despidieron los restos del militar mendocino

Aseguran que los pilotos optaron por no eyectarse para salvar la vida de otras personas. El féretro arribó ayer a las 14.30 al aeropuerto Gabrielli.

    Familiares y amigos de Roberto Antonio Quesada, mendocino de 38 años, quien murió el miércoles al estrellarse el avión militar en el que realizaba un vuelo de reconocimiento en Los Polvorines, partido de Malvinas Argentinas, Buenos Aires, despidieron los restos del militar en Maipú, durante la tarde de ayer y la madrugada de hoy. Junto a Quesada viajaba el piloto de la aeronave, el capitán Gonzalo Francisco de la Cruz, de 36 años, fallecido también en el accidente. El velorio del sargento ayudante de la Fuerza Aérea, a quien recuerdan como a una persona apasionada por su profesión, se realizó en Osamis 346 de Maipú, y sus restos serán trasladados hoy a la mañana al cementerio Parque de Descanso.

SUBORDINACIÓN Y VALOR. Fuentes del Ejército comentaron que cuando los pilotos despegaron de Campo de Mayo, a las 8 del miércoles, a pocos segundos de estar en el aire notaron desperfectos en uno de los motores. Cuando buscaron un lugar para realizar un aterrizaje forzoso, se encontraron con el campo Rossi, a escasos metros del barrio Villa Mayo. Militares amigos de Quesada afirmaron que ambos tenían la posibilidad de eyectarse, pero estiman que decidieron no hacerlo, optando por estrellarse antes de dejar que el avión cayera en un supermercado que está a 30 metros del lugar o en cualquiera de las viviendas próximas al campo donde intentaron aterrizar la aeronave.

    “Terminaron entregando sus vidas antes de perjudicar a otras personas”, comentó un amigo y compañero del piloto mendocino. Quesada, padre de tres hijos, tenía el curso de paracaidista aprobado y se encontraba realizando trabajos como operador de cámara de fotografía aérea en el momento del accidente en el que perdió la vida.

CONMOVEDOR. Una amiga del militar, Alejandra Savino, comentó a El Sol: “Roberto era excelente. El martes estuve con él y estaba feliz, fue una de las veces en que mejor lo vi. Amaba lo que hacía y se murió haciendo lo que quería. Tenía la posibilidad de salvarse y decidió resguardar la vida de otras personas que estaban a metros del lugar donde se estrelló el avión”.

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