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23 de octubre de 2009
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MAIPÚ

Descarriló otro tren del carbón y vuelven las sospechas de boicot

Otra vez se habla de sabotaje y sale a la luz el drama de las familias de la zona.

Otra vez se descarriló un tren en la zona Maipú. Se trata de una formación de la firma América Latina Logística (ALL), que trasporta carbón desde la destilería de Luján hasta Palmira, y desde allí marcha a Buenos Aires, donde se vende, ya que en Mendoza no se comercializa. Desde la empresa aseguran que el tránsito de los trenes es interrumpido intencionalmente por las familias que habitan los asentamientos ubicados a los costados de las vías. “Este fue otro atentado, ya que sacaron la unión de los rieles”, expresó Armando Reta, de la seguridad privada de la empresa ALL. Esta metodología, según explicó, tiene larga data, ya que los sabotajes producidos por estas familias son continuos.


 EL CASO MORÁN. El 5 de mayo del 2006 estos hechos terminaron en tragedia. En ese día, Mauro Morán y su familia supuestamente descarrilaron un tren. La policía provincial apareció en la escena para aprehender a los ladrones de carbón. Así, en medio de una escaramuza, calificada de “confusa” por la Justicia, Mauro recibió un disparo en el pecho y murió. Cristian Bressan fue el policía imputado pero quedó libre en julio del 2008, por no tener pruebas suficientes en su contra. “En Perdriel toman venganza por lo que pasó. Tiran piedras y tiros”, dijo Reta, y agregó: “A partir de ese hecho, le quitaron las escopetas a todo el personal y debimos incrementar la cantidad de guardias. Antes sólo iban dos policías, ahora van seis, y sin embargo, no pueden hacer nada cuando les frenan el tren”.


     En sintonía, otro guardia que trabaja para ALL, aseguró que la situación de riesgo que viven es muy alta y contó: “Una vez tiraron una molotov al vagón habilitado para el personal de seguridad”. Los implicados en el caso Morán eran oficiales de la policía provincial, no era personal privado de la empresa, sin embargo, la Justicio decidió inhabilitarlos para el uso de armas. El oficial Reta sostuvo que, desde que les negaron el uso de armas, los “boicot” son más consecutivos: “Tenemos cerca de 4 atentados por mes. El problema no es el robo de carbón en sí, sino que esta situación descompagina los horarios y nos hace perder tiempo”. Sin embargo, el frío y el hambre pueden más, ya que, pese a lo ocurrido en el 2006, las familias de diferentes asentamientos ubicados a orillas de los durmientes continúan realizando acciones para frenar el tren o descarrilarlo y sustraer el carbón de los vagones.


    Este mineral es usado por las familias indigentes como energía para las estufas para sobrevivir el crudo invierno. Pero existe otra cara de esta moneda, y es que muchas familias subsisten gracias al carbón, comercializándolo. “Son bandas organizadas que viven de ese negocio. Es por eso que se han acrecentado los asentamientos al costado de la vía”, afirmó Reta. El carbón sirve para calentar los criaderos de los pollos, para los talleres con fraguas y los hornos de ladrillo, entre los usos más habituales, además de cocinar. Así, los diferentes grupos organizados frenan el tren con tres tácticas distintas. Por un lado, se suben cerca de 10 a 15 personas –incluyendo niños– y tiran carbón para los costados.


    Otra forma es aflojando los cambios de las vías o poniendo piedras en los rieles. La última y más peligrosa técnica es cuando el ferrocarril debe disminuir la velocidad porque se acerca una curva, allí 15 personas se suben y entre dos se encaran de girar el grifo que corta la pasada de aire, haciendo que el tren frene inmediatamente. Esta llave se encuentra al final de cada vagón, y es una medida de seguridad, por si una vagoneta se suelta en viaje. Luego de detener el tren, extraen el carbón, lo empacan y lo venden en bolsas de 20 kilos a 80 pesos. Según afirmó Reta, estas familias se están llevando cerca de 3 mil pesos en cada “sabotaje”.


 DURA REALIDAD. En el asentamiento se observó cómo adultos y niños recogieron el carbón y lo guardaron en bolsas de papas. Alexis (22) comentó que el carbón sólo era para calentar su hogar, y para que no se enfermara su niña de tres años. “Nosotros no descarrilamos los trenes, se salen de las vías solos, porque van muy rápido”, aseguró

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