Carlos Sperdutti cumple esta semana diez años como director técnico de Deportivo Maipú y no es poca cosa. En tiempos en los que la vorágine del fútbol no deja lugar al desarrollo completo de los procesos de los directores técnicos, el caso de Sperdutti es una hazaña difícil de igualar. Carlos arribó a la institución cruzada en el 2002 y entre sus logros más destacados figuran el Torneo 2003 de la Liga Mendocina, el ascenso al Argentino B en la temporada 2005, tras haber vencido a Guaymallén por penales; y el ascenso al Argentino A en la 2007/2008. El actual director técnico de Deportivo Maipú, aseguró: “Para mí es muy lindo haber conseguido esto con este club. Yo a los 11 años ya jugaba con la camiseta de Maipú. Es algo emocionante”. Y agregó: “Puedo asegurar que en estos diez años he puesto todo. No sé si lo habré hecho con mucha inteligencia, sí sé que lo hice con el corazón”, agregó.

¿Cuál considera el factor más importante para haber permanecido tanto tiempo al frente del primer equipo de Maipú?

Es muy importante haber tenido esta continuidad, y no es porque sea mi hermano el presidente, porque con el presidente que más he peleado en mi vida ha sido mi hermano. Tengo que decir que resumiría la clave del éxito en tres palabras: responsabilidad, respeto y trabajo. Luego, el entrenador, muy agradecido, empezó a mencionar uno a uno a quienes colaboraron durante todo el período: “Tengo que agradecerle a la vida porque soy un tipo con suerte. Me tocó Lilloy en Independiente, Moreno en San Rafael, Bianchinelli en Gutiérrez, Bauzá y Martín Billen en Chacras de Coria, Bragagnón y Manitta en Luján, y mi hermano acá. Siempre he estado acompañado por dirigentes de la puta madre. Por eso es que siempre me gustó tener una línea de conducta con los jugadores y con los dirigentes”.

Luego añadió: “También quiero agradecer a mi cuerpo técnico, empezando por mi ayudante de campo, Carlos Longo, Escobar y mi hermano Luis, Pedro Lemos, David Figueroa, Daniel Sabattini, David Ceballos y Gonzalo Torres, todos los profes que me han acompañado son los que me han hecho crecer. Sin los cuerpos técnicos que he tenido, yo no sería nada”. Luego llegó la dedicatoria “a todos los dirigentes que pasaron por Maipú, a la hinchada, y a mi querida familia, que siempre está al lado mío”.

¿Qué significa Deportivo Maipú en su vida?

Maipú para mí es vida futbolística. Yo empecé a los 11 años a jugar en Maipú, hasta los 29 que, por una lesión, no pude jugar más. Después tuve la suerte de ser técnico y ahora llevo diez años, que es mucho. Lo bueno es que sigo con expectativas de crecer, de querer ganar algo.

¿Cómo vive cada partido del Cruzado?

Debo confesar que aún siento muchos nervios antes del partido, porque trabajo mucho desde lo táctico y no me gusta que se me escape ningún detalle. Esos 20 minutos antes del partido me encierro en el camarín y me acuerdo de toda mi familia, de todos los que me ayudaron para llegar a esto.

¿Cuál es el secreto para permanecer tanto tiempo al frente de un equipo?

Mirá que hemos tenido altibajos y momentos muy difíciles pero considero fundamental la coherencia en el trabajo de la dirigencia de Maipú, mi hermano Omar y Juan Torres, que me bancaron. En definitiva: yo me quedé un montón de veces y ellos me apoyaron. Yo no lo hago como medio de vida, porque creo que en Mendoza no se puede vivir del fútbol, pero sí con el respeto que se merecen los jugadores.

¿Carlos Sperdutti es cabulero?

Bastante (risas). Debo admitir que tengo varias cábalas. Siempre uso mi gorra y mi camperita.

Ha tenido posibilidades de cambiar de aire, ¿por qué no lo hizo?

He tenido la suerte de que Gimnasia me haya buscado dos o tres veces. Tiene dirigentes de la puta madre, pero la verdad que no se ha dado por diferentes motivos. Mi palabra vale mucho más que todo.

¿Qué se siente trabajar en familia?

Trabajar con la familia tiene lo suyo, lo bueno y lo malo. Con mis hermanos nos peleamos lindo. Los tres hemos estado siempre en el fútbol y creemos que sabemos, por eso discutimos mal.