Muy corto, pero intenso. Como los mejores instantes de la vida. Todo ocurrió en pocos minutos y la felicidad en Gimnasia y Esgrima todavía perdura. Y si no, pregunten a los que asistieron al estadio Víctor Antonio Legrotaglie el domingo. Luciano Cipriani llegó desde Córdoba y, a fuerza de goles, conquista a los hinchas.

    El delantero fue clave en el partido que Gimnasia y Esgrima perdía faltando un minuto y que terminó ganando 2 a 1 a Juventud Unida Universitario de San Luis, para un delirio que lo hizo zafar de la promoción. Ayer, el goleador nos recibió en su casa y contó este feliz presente.

Fue una definición soñada la que tuvieron el domingo. Hacer dos goles así debe tener un sabor especial.
    Siempre lo hablo con mi esposa. Cuando vine a Luján, en la última fecha necesitábamos ganar para evitar la promoción. Ganamos 4 a 2 a Racing de Olavarría y yo hice dos goles. El año pasado me tocó entrar en la final entre Independiente Rivadavia y Brown de Madryn y terminé haciendo un gol para el ascenso. Ahora que se necesitaba hacer los goles para zafar del descenso, también se me dio. Es como que en los partidos importantes me están iluminando demasiado. O será que me gusta jugar ese tipo de partidos y tengo una motivación especial. Es muy raro, yo no me había dado cuenta de esto que te cuento.

¿Considerás que lo mejor que hizo Gimnasia el domingo fue creer que lo podían ganar, aunque faltaran pocos minutos?
    Sí, porque en realidad estábamos bastante desordenados y era muy arriesgado quedarse así. Pero nos jugamos hasta lo último y se dio. Fue de cuentos. Hacer dos goles sobre el final y ver a la gente cómo estaba fue muy loco.

Sí, pero también habrás sentido las puteadas antes de los dos goles.
    Más vale (risas). Las puteadas se sienten siempre, pero desde que estamos en este club, con los chicos ya nos acostumbramos. Por suerte, lo empatamos, se calmaron los ánimos y la gente empezó a alentar. Y cuando una hinchada te alienta es distinto, se siente porque agranda a tu equipo, los rivales se achican y se empiezan a meter solos atrás.

¿Qué podés decir de los tres clubes mendocinos en los que has jugado?
   
Son clubes distintos, con diferentes objetivos quizás y las hinchadas son distintas también. Nunca tuve problemas con nadie.Mi forma de jugar no sé si es de hacer goles siempre, pero por lo menos sé que dejo todo.Me gustaría que la gente viera el sacrificio que hace un jugador dentro de una cancha. Por ahí, eso ayuda a que la gente te quiera un poco más, independientemente de dónde jugás. Pero, obviamente, el ascenso con Independiente me dejó un cariño con ellos y yo creo que no se olvidan de mí porque me lo hacen saber cada vez que me cruzan en la calle.

En el fútbol ¿son más los momentos difíciles que los de felicidad, como ahora?
    El fútbol te da cinco momentos de tristeza por uno de alegría. Lo que pasa es que ese de alegría es hermoso y compensa lo demás. Por ahí, cuando tiene prácticas malas o entrenamientos donde no sale nada, siempre hay un mate que te levanta el ánimo en tu casa. Por eso siempre agradezco a mi familia y a los que hoy son mi casa.Mi esposa, que siempre me banca, su familia de acá de Mendoza y mi vieja, que siempre me llama de Córdoba, son todos los que están detrás de uno y que uno los trata de mantener afuera para que no sufran lo que uno sufre.Yo le agradezco a todos los que están cerca mío el aguante y que no lo dejen de hacer, porque si no estamos al horno. Ellos deben saber que también van a tener mi apoyo cuando me necesiten.