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25 de febrero de 2021
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Fútbol

La emotiva carta de Martín Palermo sobre Diego Maradona

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Martín y Diego festejaron en Sudráfrica 2010.

El histórico goleador de Boca recordó lo que significó el Diez en su vida. Imperdible,

El ex delantero histórico de Boca Juniors, Martín Palermo, escribió una carta a tres meses del fallecimiento de Diego Maradona. El Titán repasó lo que significó Diego desde su niñez. Imperdible.

"Sólo el hecho de ser Diego Maradona implicaba hacer un trabajo de 24 horas los 7 días de la semana", expresó Martín Palermo en una carta publicada en The Players Tribune, que se titula "Dios aún existe".

"Sé que hablo por muchos argentinos cuando digo que todavía me cuesta imaginarme un mundo sin Maradona. Desde que era un chico él siempre había estado presente, siempre intocable. Cuando lo vi en el Mundial 86, me di cuenta de lo que significaba para el mundo, y de lo que significaba para nosotros. Diego cambió mi percepción de lo que era el fútbol.

Todavía lo veo como la figura más representativa de lo que siento por el fútbol. No sé si entiende. Dejame tratar de explicar. En México 86 yo tenía 12 años, y había jugado a la pelota con mis amigos en las plazas y en las canchitas del barrio toda mi vida. Incluso hay una foto mía de chiquito tratando de dar mis primeros pasos, y aparentemente lo primero que hice fue patear una pelota, jaja. Pero siempre fui muy reservado. Con mi papá no hablaba mucho de fútbol, o de casi nada, la verdad. Yo volvía de un partido y él me preguntaba: “¿Y? ¿Cómo te fue?”.

Y yo le decía: “Bien, ganamos 2-0”.

Y él: “Bien. Metiste algún gol?”

Y yo: “Ah, sí, hice uno”.

Y eso era todo. No es que entraba al living y me tiraba de rodillas gritando “¡¡¡GANAMOOOOS!!! ¡Y CON UN GOL MÍO!”. Me lo guardaba para mí mismo.

Y sí, ojo, yo aun así sentía todas estas lindas emociones cuando jugaba al fútbol. Y cuando vi a Maradona en el 86, esas emociones se agrandaron. Viendo los partidos en el living de mi casa con mis padres y con mi hermano, vi a Diego llevar al fútbol a una dimensión que nunca había pensado que fuera posible. Los goles, la gloria, la pasión. El fútbol era eso. Cuando salimos a festejar el título en la calle, entendí que esta era la mayor expresión de satisfacción, de alegría, que el fútbol podía traer. Y el origen de toda esa emoción era Maradona.

Por supuesto, después descubrí que el fútbol también podía traerte dolor. Cuando empezás siendo un chico, jugás por diversión, nadie te fuerza a que hagas nada. Pero cuando te sumás a un club profesional, te das cuenta de que tu idea de ser futbolista va a cambiar. Para mí fue un sueño llegar a Estudiantes de La Plata, el club del que era hincha desde chico, el club de mi papá y de mi hermano. Toda mi familia es de La Plata. Pero también empecé a sufrir lesiones, contratiempos y frustraciones. Y de nuevo, la sensación de tristeza era algo que Diego transmitía mejor que nadie".  

También narra allí cuándo fue la última vez que habló con Maradona: "La última vez que escuché la voz de Diego fue a principios del año pasado, cuando yo había vuelto a Argentina después de haberme ido del Pachuca, el equipo que estaba dirigiendo en México. Cuando me sonó el teléfono y vi quién era, honestamente me sorprendió, porque no pensé que Diego tuviera el tiempo para hacer ese tipo de llamados en ese momento. O sea, sólo el hecho de ser Diego Maradona implicaba hacer un trabajo de 24 horas los 7 días de la semana, ¿no? Los hinchas y los periodistas lo siguieron a todas partes toda su vida. Debe haber sido agotador. Pero encima ahora estaba dirigiendo a Gimnasia, en la Primera División argentina".

Martín y Diego se vieron por primera vez en un Boca-Estudiantes correspondiente al Torneo Clausura 1996. Esa tarde noche, en la Bombonera, Palermo fue capitán. Al término del partido le pidió la camiseta a Maradona. Un año más tarde, Diego le pidió a Mauricio Macri, por entonces presidente de Boca, que comprara al delantero del Pincha, que llegó al Xeneize para disputar el Torneo Apertura 1997.

"El equipo era increíble: estaban Diego, Claudio Caniggia, Diego Latorre, Navarro Montoya, Néstor Fabbri, los mellizos Barros Schelotto… pero el club no estaba pasando un buen momento a la hora de ganar títulos. Así que los hinchas tenían motivos para no estar contentos. Y sin embargo, con Diego ahí, todo estaba en calma. Su presencia de algún modo tapaba todo", recordó Palermo sobre su primer semestre en Boca.

"Todo ese periodo con Diego pasó muy rápido. Fueron apenas unos meses, y ahora, mirando atrás, quizás tendría que haberlo disfrutado más. Diego sabía que estaba cerca del retiro, pero aun así siguió peleando hasta el final. Se brindó al equipo a todo nivel. Incluso cuando su cuerpo ya no podía más, igual se exigía hasta el límite. Siempre quería estar ahí para vos.

Es como esas películas sobre los guerreros. El guerrero pelea contra todo y contra todos, pero no lo hace para él. Lo hace para el bien de los demás. Siempre vi a Maradona de esa manera. Desde lo individual era un artista. Como compañero era un gladiador".  

Palermo y Maradona en la Selección

"Cuando Diego se retiró, fue porque tenía que hacerlo. Sabía que no se podía exigir más que eso, que su cuerpo ya había tenido demasiado. Lo había dado todo. Después de eso, empezamos a tener otra clase de relación. Nos unía Boca, y cuando yo todavía jugaba, él volvió al club como director deportivo. Empezamos a interactuar más. Y ahí fue cuando empezamos a tener una relación más personal.

Tuvimos gestos que significaron mucho para el otro. Él vino a mi casamiento. Cuando perdí a mi hijo, él estuvo ahí para mí. Y cuando él tuvo momentos difíciles, yo estuve cerca de su familia. Nunca pensé que volveríamos a trabajar juntos. Menos me imaginé que tendría la posibilidad de ir a un Mundial con él. No había jugado para la Selección Argentina desde 1999. Y en 2008, cuando yo tenía 34 años, me lesioné los ligamentos de la rodilla derecha. En ese momento ni siquiera sabía si iba a volver a jugar al fútbol.

Pero me recuperé a principios de 2009, y para entonces, por una de esas raras cosas del destino, Diego se había hecho cargo de la Selección Nacional. Y después empezó a apoyarse en los jugadores que estaban en el fútbol local, y no sólo en los que venían de Europa. Y entonces, me llamó. No había jugado por una década con la camiseta argentina y de repente Diego me empezaba a dar partidos. Así llegamos a la parte final de las Eliminatorias para el Mundial, y yo me di cuenta de que podía ser parte.

Adelantamos a octubre de ese año y nos encontramos con el partido en el que le tenemos que ganar a Perú en la anteúltima fecha para mantenernos con chances de ir al Mundial. Era un momento de crisis para Argentina. No ganar un Mundial, ya es bastante malo. ¿Pero ni siquiera ir a un Mundial…? Impensable. Realmente estábamos bajo mucha presión y había que salir con el cuchillo entre los dientes.

Así que ahí estamos, jugando contra Perú en Buenos Aires, y diluvia. Es un clima bíblico. Hacemos un gol. Gracias a Dios, está todo dado para ganar 1-0. Y después llega el empate de Perú antes del final. Desastre. Estábamos terminados. Game over. Chau Mundial. La gente se empieza a ir del estadio, como loca, enojada. Y Diego, que había sido muy criticado en la prensa por sus tácticas, por llamar a un delantero viejo que todos creían terminado… ahora también está listo.

Pero en tiempo de descuento, ganamos un corner. La pelota llega al área y me queda de frente, para que la toque rumbo a la red. Gol. Empiezo a correr como un loco, con todos los compañeros que me persiguen. El estadio explota. Diego también se manda corriendo al campo, se tira de cabeza y aterriza en el pasto mojado. Qué momento. ¡Qué noche!

Me gusta pensar que si mi vida fuera como una película, y la primera escena fuera esa foto en la que estoy pateando una pelota, el final, cuando llegan los títulos, sería el de ese festejo de gol bajo la lluvia.

El día de la muerte del Diez

El testimonio de Palermo sobre el día de la muerte de Maradona eriza la piel. El entrenador de Curicó Unido se encontraba viendo televisión. Al oír la noticia, envió dos mensajes: uno, a un periodista allegado a Maradona; el otro a Claudia Villafañe, ex esposa de Diego. Ambos le confirmaron el deceso del ídolo.

"Y en ese momento, uno no… no puede creerlo. O sea… uno se acuerda la cantidad de veces que Diego estuvo en situaciones parecidas, en las que estaba en el hospital y se multiplicaban rumores sobre su muerte, y entonces pensaba: “No, no puede ser, solamente es lo que están diciendo. Probablemente no sea nada”. Y al final realmente no era nada. Maradona siempre se recupera. Maradona siempre sobrevive. Había pasado tantas veces. Entonces pensás Esta es sólo una más", narró Palermo.

"Me agarró mucha ansiedad a medida que seguía esperando. Incluso le mandé un mensaje a Claudia, su ex mujer, para saber si era cierto. Dijo que sí. Y aún así no lo terminás de creer. Tu mente se rehúsa a aceptarlo. Para mí, Diego siempre iba a estar ahí. Estaba seguro de que iba a llegar a los 100 años", agregó.

Palermo dice que aún hoy, tres meses después de la muerte de Maradona, le cuesta creer que Diego no esté más entre los vivos.

"No sé cuándo voy a enfrentarme con la realidad. Quizás en algún momento tendré que aceptar que Diego se fue, del mismo modo en el que tuve que aceptar la muerte de mi hijo. Voy a tener que cruzar ese puente y decirme: ‘No está acá. No lo voy a ver nunca más’. Pero todavía no llegué a ese punto. Es demasiado doloroso, demasiado surrealista. Para mí, Diego todavía está ahí. Dios aún existe. Y de algún modo, siempre estará", cerró su carta.

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