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7 de abril de 2021
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Recuerdo

Cuando el Gringo Mémoli fue arquero y atajó un penal

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Emblema de Independiente Rivadavia, es uno de los grandes ídolos por su fervor y capacidad incansable. Dentro de los capítulos de triunfos y títulos también jugó de arquero unos minutos.

En la Quinta Sección de la Capital mendocina nació el 2 de abril de 1951 un pibe descendiente de una familia de italianos. No podía tener otro apodo que fuese Gringo. Y le hacía honor a ese sobrenombre porque era medio rubio y colorado y aumentaba el rojo de su cara, cuando aceleraba el ritmo y los juegos de niños se hacían interminables.

De la tribuna al campo de juego

Con pocos baldíos y canchitas, el grupo de amigos de sus cuadras vecinas, no se hacían drama “porque teníamos el patio enfrente. El Parque General San Martín era nuestro gran centro de juegos de andanzas, corridas, escondidas y por supuesto partidos de fútbol”.  Si tenían el espacio ocupado un día de mucha concurrencia, buscaban otro. Armaban “el campo de juego” en cualquier espacio verde, a veces teníamos que esquivar los árboles”.

Y el muchacho se hizo hincha del club que tenía más cerca. De Independiente Rivadavia "Claro que soy hincha. Si me crié a una cuadra de la cancha; fui creciendo cerca del estadio, junto a los hijos de don Evaristo Torres (utilero por varias décadas en Independiente, que vivía en la casa de la esquina, de la cancha sobre Boulogne Sur Mer”, decía el Gringo en una nota.

“A mí me sacaron de la tribuna para hacerme jugador". Contaba Hugo Cirilo Mémoli. En 1968 le tocó debutar en la primera de la Lepra en Liga Mendocina de fútbol: "Resulta que yo formaba parte de la "barra" de Independiente y jugaba en las divisiones inferiores. Seríamos unos diez que íbamos a todas partes, haciendo ruido con lo que podíamos, todavía no estaba formada la bandita (que después fueron Los Caudillos del Parque. Yo era el que llevaba la bandera en las tribunas. Una tarde faltó uno de los muchachos que jugaba en la reserva y como yo había ido temprano a la cancha, alguien, me vio y me llamaron al camarín para remplazarlo. Debuté contra Gimnasia jugando de puntero derecho".

El muchacho fue ganando espacios entre los jugadores de la primera y se le veía desde su época de juvenil su impulsiva presencia. Marcaba la punta y sus corridas por la banda derecha lo hacían destacar. Su estilo era ofensivo e imponía su fervor marcando y barriendo la pelota y dejando al rival en modo sorpresa. El muchacho que cantaba en la tribuna se había ganado un lugar en el plantel de la primera división.

Se fue a préstamo a Deportivo Guaymallén

En 1969 era uno de los juveniles de mayor progreso, aunque la dirigencia decidió cederlo a préstamo a Deportivo Guaymallén, para "foguearlo", y adquiriera  experiencia: "Mire, el año que me prestaron a Guaymallén recibí un trato excepcional. Quería demostrar que yo podía jugar en primera. Pero cada vez que Independiente jugaba en día sábado, me iba a la tribuna a gritar con los hinchas. Y eso que ya estaba en primera". Volvió a Independiente Rivadavia al año siguiente para ser titular y para ir creciendo en ese maravilloso club. Los simpatizantes lo adoraban porque era uno de ellos. Salido de la tribuna y con amor a la camiseta Azul fue campeón de la Liga e 1972, 1976 y 1978.  Jugó los Nacionales de la Primera de la AFA, para los Azules en 1973, 1977 y 1982 (59 partidos) y también jugó como refuerzo en Gimnasia y Esgrima, en 1978 y 1981 (26 partidos).

El Gringo atajó un penal

Un hecho anecdótico e histórico se produjo el 9 de julio de 1975, cuando, en la cancha de Andes Talleres, jugaba el equipo local frente a Independiente Rivadavia por la 17° fecha del torneo oficial de la Liga Mendocina de fútbol.

Orlando Garro era el DT de Andes Talleres y puso de titulares a: E. Gavasci; Daniel Giuberti, Jorge Cattáneo, Miguel Mulet, J. Perícole; Roque Cruz, R. Orrego, J. Santana; C. Quiroga, Anibal Deiber y R.López. Después ingresó Mario Basso por Orrego.

El DT de los Azules Miguel Angel Converti mandó a la cancha a Ernesto Garín; Hugo Mémoli, Roberto Rodríguez, Pedro Sartirana, Félix Piña (después ingresó Héctor Bolognesi); Dante Garro, Eduardo Felipe Velázquez y Tomás Carlovich; Oscar Palavecino, Felipe Moreno y Eusebio Ibáñez (Orlando Oros).

Los locales le pusieron mucha garra a cada acción bajo la mirada de unas 10 mil personas, en una cancha colmada. El mediocampo de Talleres fue muy superior a los Azules y le “ahogó la salida” en todos los sectores. Decía el diario Mendoza "la labor, si se quiere parsimoniosa, de Dante Garro y Carlovich, fue siempre obstruida. Talleres fue más y creo las situaciones más francas de gol en el primer tiempo”.

El complemento se jugó con un Independiente más vigorizado. Con más presencia en el mediocampo comenzó a visualizarse el juego de Carlovich mientras el local bajaba su rendimiento.

Todo se realizaba a ritmo vertiginoso, frenético por momentos. Y a los 35’ en un tiro libre indirecto Sartirana tocó para Palavecino que anotó el gol. Decía la crónica: “Nos pareció offside de dos hombres Azules” y por las protestas el árbitro Antonio Da Dalt expulsó a Deiber. A los 38’ Orrego le cometió una falta a Moreno y por las quejas se fue de la cancha López, Talleres se quedaba con dos jugadores menos y además Palavecino concretaba el penal y el 2 a 0.

Atacó el local y a los 41’ el Gato Garín cometió una falta y fue expulsado. Penal para Talleres. Comenzaba ahí una secuencia que marcó uno de los hechos más insólitos vividos por el Gringo Mémoli. Ya estaban agotados los dos cambios permitidos en esos tiempos y un jugador de campo debía pasar a ser arquero por unos minutos.

“Voy yo, dejame a mi” dijo Mémoli y se puso el buzo blanco que se sacó Garín. Fue al arco, nada menos, que en la ejecución de un penal.  Roque Cruz se encargó del remate. Tomó carrera y la quiso colocar a la derecha, justo el lugar en donde el cuerpo del Gringo, convertido en Superman, se había tirado.

Mémoli lo atajó para pasar a ocupar un lugar en la historia de Independiente Rivadavia y entrar en el mundo de las rarezas y las anécdotas del fútbol mendocino.

Su paso por River

Fue llamado por River Plate para el torneo Nacional 1975 e integró el plantel que dirigía Ángel Labruna. Fue junto con otro mendocino, el Cometa Oscar Muñoz, de Deportivo Maipú. Jugaron en la reserva y nunca debutaron en primera. Los Millonarios habían sido campeones del Metropolitano y repitieron en el Nacional.

Su retorno a Independiente Rivadavia

De regreso a la Lepra en 1976 integró el equipo que ganó el torneo de la Liga Mendocina para continuar jugando los Nacionales en su club y en el Lobo. Pasó a jugar de marcador central con la misma convicción.

Retirado del fútbol continuó con la gente, porque vendía autos en la agencia de Mario Goldstein, con su estilo amable y con mucha llegada, como cuando jugaba. Una enfermedad temrinal se llevó al Gringo muy joven, a los 55 años, el 16 de abril de 2006. Se había acabado su vigor en la lucha más grande y cruel que tuvo.

Se lo recordará gritando goles trepándose al alambrado, besando con furia su camiseta azul, poniendo su cara colorada de tanto Gringo que llevaba adentro y atajando un penal como arquero express e improvisado.

Su cara estampa banderas, su rostro aparece en murales y una tribuna de Independiente Rivadavia lleva su nombre. Se ganó el reconocimiento, porque dio todo, como cuando cantaba de afuera-en la tribuna- o de adentro, jugando cada partido, como una final. 

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