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4 de enero de 2019
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Denunciar para romper el silencio

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Los casos de abuso sexual que tienen a ministros religiosos como principales acusados suelen conocerse luego de años de situaciones que rozan la figura del encubrimiento. 
Mínimamente, generan una suerte de secretismo sectario.
Se aplican protocolos internos para, en ocasiones, desarticular la estructura que permitía esos hechos, pero sin llevar una denuncia formal para que sea la Justicia la responsable de investigar.
De ese modo, se garantizan dos cosas: primero, el silencio y la imposibilidad de que la sociedad sepa lo que ocurre puertas adentro y, segundo, la impunidad de los responsables.
En todos los casos, lo que ocurre con la víctima es circunstancial, secundario. No preocupa lo que pueda suceder con ellas, siempre y cuando no ventilen lo sucedido. No  hay apoyo, tampoco contención ni asesoramiento. El foco se hace en evitar que los abusadores caigan en el sistema penal. Es una triste manera de seguir violentando a  las víctimas. 

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