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14 de octubre de 2009
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FÚTBOL

Demasiado mucho, Carucha

No sabés cómo la extraño, Carucha. Demasiado mucho te diría.

No sabés cómo la extraño, Carucha. Demasiado mucho te diría. Vos pensarás que uno tiene todo, que para qué más, que con el cartoneo estamos bien. Pero no, Carucha, no. Una foto me queda, así digamos, de ella, y un par de recuerdos con los que amanezco y me duermo cada día. ¿Viste qué bonita que es? Viste, vos me entendés, Carucha, vos también has tenido novias y sabés que cuando los planetas se juntan y el Diosito te mira, todo se llena de colores en la vida. Todavía no lo creo, pero el 25 de setiembre a la noche le di los besos más hermosos y mágicos que te puedas imaginar.


    No sabés, Carucha, cómo se me agitó el corazón, cómo el tiempo se detuvo todo de golpe ahí entre nosotros. Ella cerró los ojitos y nos dimos uno largo, tan radiante que se me pasó todo el enojo que tenía guardado con los que no me dieron nada por el vidrio o con los que nos chorean el papel o con los polis que te miran con cara de asco. ¿Sabés qué entiendo ahora, Carucha? Que fui feliz y hacía mucho que no era feliz. Viste que dicen que la felicidad son momentos, que van y vienen así como ángeles pasajeros. Bueno, Carucha, fui feliz, los ángeles se nos vinieron todos juntos y ya nada más me importó. Mi amigo el Gonzalo me dice que siempre tengamos la ilusión de hacer un gol cuando pateamos al arco.


     El Gonzalo compara todo el tiempo la vida con el fútbol y eso está muy bien, Carucha, sabelo. Entonces, bueno, yo, imaginate, estaba ilusionado, tenía todas las ganas, ya estaba como adentro de la cancha y en la plaza, hace unos días, hace unos días nomás, Carucha, tomé coraje y le pegué al arco. ¡Y no sabés qué golazo, Carucha! Qué sé yo, capaz que más emocionante que el de Palermo. No, en serio Carucha, no me mirés así, como el de Palermo o más… Pero, bueno, Carucha, ahora pienso y hablo con vos al lado y yo quisiera saber qué hago con toda esta felicidad si de pronto no la tengo. El hombre, viste cómo es, qué sé yo, siempre quiere más y más y no se conforma con nada, Carucha.


    Pero yo sólo quiero que la piba me quiera. Yo sé que puede que pida mucho. Pero, bueno, viste, es así. Yo sólo quiero que me quiera nomás. ¿Te dije que ahí nomás el Paco me vio y le pedí la guitarra? Sí, fue justo así, y no sabés, Carucha, yo canté con el corazoncito a pleno. Le canté a ella y tuve la sensación de enamorarla en ese mismo instante. Tal vez yo tenga dudas, pero, bueno, Carucha, al final, intenté con todo lo que soy para enamorarla. Es injusto por ahí que le implore al de arriba otra vez, ya le pedimos por la Selección ayer, por que no nos falte el mango para el morfi la semana pasada, por la casita en agosto, y bueno, yo me animaría a pedirle esto último, Carucha, ahora en este octubre de ensueño que vivo. Le pediría que la piba me mire para siempre. Nada más, viste. Nada más. El día que eso pase, Carucha, sé que mi vida cambia.


    Que nuestra vida cambiará, porque vos sos mi vida también, Carucha, no te pongás mal de los celos. Vos sos parte de mí, hace años que estás acá, siempre fiel conmigo. Cómo te quiero, Carucha, gracias por escucharme. Siempre acá y esta vez ya no te cuento feas tristezas. Ya no, porque siento que el amor vino a buscarnos. Sí, llegó, Carucha. Carucha lo miró, se limpió el hocico con su patita izquierda y mientras él se dormía junto a los cartones, se acurrucó a su lado. Un rato antes, no mucho antes y a pocas cuadras de ahí, en un estadio Monumental pasado por agua, Argentina festejaba como una final del mundo haberle ganado apenas, y a penas, a Perú 2 a 1. Las últimas gotas del diluvio se oían sobre el techo de chapa que cubrían al Carucha, amigo del amor en Buenos Aires.

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