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24 de julio de 2006
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RAMIFICACIONES DEL PIQUETE

Delincuentes cortan rutas para robar

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Bandas del hampa hacen piquetes nocturnos con piedras y frenan a los vehículos. Se han registrado varios casos en el acceso Norte, cerca del aeropuerto. Una víctima relató su pesadilla.

    A pesar de que la mayoría de los funcionarios del Ministerio de Seguridad afirma que los índices de delitos son cada vez menores, especialmente con los robos, una nueva modalidad es cada vez más denunciada en las comisarías. Se trata de los "pique-chorros", tal como lo calificó una de las personas que sufrió un traumático intento de asalto en una de las rutas más transitadas del Gran Mendoza. Se trata de grupos delictivos que no superan los 10 integrantes, en la mayoría jóvenes menores de 25 años.


    Estas bandas del hampa local realizan, preferentemente en horas de la noche, una especie de piquete con grandes piedras que obstruyen el paso de los vehículos, con el objetivo de que estos se detengan y, así, saquear todas las pertenencias a su conductor. Y, generalmente, llegan a dejar a sus víctimas a la deriva, para que no tengan la posibilidad de pedir auxilio, en oscuras calles con poca presencia policial. Si bien este ardid delictivo se hizo fuerte hace unos años en el acceso Sur, frente a los llamados barrios conflictivos de Godoy Cruz, como La Gloria, Pablo VI o Huarpe, en los últimos días se ha acentuado en cercanías a la aeroestación Francisco Gabrielli, más precisamente sobre el transitado acceso Norte a San Juan, en cercanías a los barrios como Tamarindo I y II, Independencia, Cristo Redentor y Plumerillo Norte de Las Heras.


    DE MILAGRO. La historia de una de las tantas víctimas que ha sufrido el "pique-chorro" sucedió a las 21 del sábado 15. El hombre, quien prefirió el anonimato, dejó a un familiar en el aeropuerto y marchó con su auto a velocidad moderada hacia el Sur, por el acceso Norte. Unos 200 metros luego de pasar un cruce ferroviario, frente al barrio Tamarindo I, el conductor advirtió en el medio del espacio verde que divide el acceso a un grupo de personas con actitud sospechosa. Como el hombre venía con las luces bajas, pensó que se trataba de un cruce imprudente de peatones o de ciclistas, pero al subir las luces detectó que eran aproximadamente cinco personas.


    En ese momento, el conductor interpretó que era el clásico piquete con fines de protesta social, que apareció luego de la crisis del 2001, pero en lugar de quemar llantas para llamar la atención los delincuentes estaban sentados sobre grandes piedras. Desconcertado, aminoró la marcha de su vehículo, ya que notaba que algo andaba mal. Al mismo tiempo, los sujetos hicieron rodar las piedras, en el medio de la ruta, con dirección hacia el auto. En ese instante, desde la banquina a su derecha, aparecieron otros cinco malvivientes, quienes se acercaron a toda velocidad, también con actitud desafiante y cargando piedras. La intención era arrojarlas sobre el auto y despistar a su propietario.  


    Salieron de un escondite y querían que el conductor se bajara del vehículo. La sospecha y el miedo se habían transformado en realidad, cuando los delincuentes ya eran unos diez e intentaban rodear el coche para robarlo. Según explicaron algunos investigadores, el modus operandi parece ser: "Te llevás las piedras por delante o frenás y quedás a merced de los vándalos, quienes con las piedras menores destruyen los vidrios y consuman el asalto del auto elegido".


    EL ESCAPE. La situación se tornó dramática cuando el conductor decidió aumentar la velocidad y escapar de la emboscada. Dobló para esquivarlos y se desvió hacia la banquina, sobre el grupo de cinco sujetos que apareció sorpresivamente con elementos contundentes. Cuando los "pique-chorros" se dieron cuenta de que el auto se les venía encima, comenzaron a apedrearlo. Las piedras impactaron en el parabrisas y lo destruyeron. También abollaron gran parte del capó. Atemorizado y nervioso, la víctima zafó de la conflictiva situación e intentó dar con algún móvil policial que estuviese realizando operativos en las zonas cercanas a la ruta, pero la búsqueda fue en vano, porque no había presencia de efectivos cerca del lugar.


      Inclusive, se dirigió a la Seccional 3ª, pero tampoco había uniformados. Fue así que decidió irse a su casa, sin realizar la denuncia, para olvidar el gran susto y la impotencia. Casos como estos se han denunciado en las últimas semanas en diferentes comisarías barriales, pero las causas quedan radicadas como NN y los operativos policiales, explicó una víctima, no contribuyen a evitar los constantes saqueos. 

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