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11 de diciembre de 2006
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DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

Hoy siento la necesidad de comunicarme con usted, vecino, para que de alguna manera pueda conocer y entender esta democracia que estamos viviendo y que tenemos que defender, como lo hicimos nosotros en las décadas del 70 y del 80

         Los invito a rescatar los recuerdos de nuestra memoria, cuando la lucha desatada a partir de 1956 fue consecuencia directa del nacimiento de la Juventud Peronista en la década del 60, la que reunió entre sus filas a dirigentes de cuadros medios del sindicalismo y a participantes del pueblo, incluyendo amas de casa, jubilados y personas pertenecientes a todos los estratos sociales, quienes se volvieron militantes y participaron activamente para lograr la tan ansiada democracia. Esta voluntad popular permitió que, a través de los años, se conformara una fuerza, una resistencia militante, pero no sólo con peronistas.


        Grupos diversos y en distintos lugares del país se unieron con el único fin de activar una militancia y una resistencia que reaccionara a la prepotencia de los gobiernos de turno. Para ese entonces no se había establecido la categoría de lo que hoy conocemos como guerrilleros. El militante era y es, en esencia, distinto, porque se encuadra dentro de una acción pública, permanente,móvil y sin jerarquías militares.


         Un militante como se conocía en la década del 60 y hasta bien entrada la década del 80 dentro de la lucha librada por el peronismo o por otra extracción popular, tenía un concepto de honestidad, de lealtad y de humanidad que dejaba traslucir en sus actos solidarios y en su humanismo. Mujeres y hombres templados en calles, cárceles y villas miserias, en las ciudades o en los tranquilos pueblos del interior, todos fueron útiles a la causa nacional, popular y revolucionaria.


         El militante jamás necesitó una mochila, a pesar de que salía de su hogar sin hora de retorno. El mimeógrafo era su principal herramienta, junto con la broca y la brea líquida, para hacerse escuchar y dejar dibujada una “P” encerrada en un “V”. Este militante es hijo genético de aquellos padres que cruzaron el riachuelo aquel histórico 17 de octubre, son los muchachitos de los campeonatos de Evita, los que dejaron pelados los potreros.



        Son los muchachos peronistas, los mismos que cruzaron el riacho porque llegaba el general y los mismos que lloramos su muerte. Hoy, ese militante ya no existe, sólo queda un montón de cesanteados con un sabor tristón y nostálgico de lo que pudo ser y ya no es ni será, porque su vida quedó dividida en un antes y un después.

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