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5 de octubre de 2006
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SAN RAFAEL

Declaró el chico víctima de un secuestro extorsivo

Se cumplió ayer con la segunda audiencia del juicio que se le sigue a cuatro personas en San Rafael por el secuestro extorsivo de un menor de 7 años en febrero del 2004. En esta ocasión declaró la víctima y una de sus secuestradoras: Mónica Flavia Castro. También lo hicieron un hermano y la madre del niño secuestrado.

    Se cumplió ayer con la segunda audiencia del juicio que se le sigue a cuatro personas en San Rafael por el secuestro extorsivo de un menor de 7 años en febrero del 2004. En esta ocasión declaró la víctima y una de sus secuestradoras: Mónica Flavia Castro. También lo hicieron un hermano y la madre del niño secuestrado. El chico confirmó que esa mañana del 26 de febrero se lo llevaron dos personas en una moto.

    Quien lo llamó a él fue una mujer, la que luego fue identificada como Mónica Castro, quien con otra persona de casco, a la que no identificó, y sólo dijo que tenía el pelo largo, se lo llevaron.“Me agarró de la mano y me subió a la moto”, dijo el niño ante la atención de los presentes. “Fuimos a una casa”, agregó, pero no pudo identificar de quién era. Enfatizó que lo llevaron hasta una cama, que le taparon los ojos y lo ataron con cinta de pies y manos.

    “Me ató Mónica y después se fue”, contó el pequeño. Entre las personas que había en la casa, dijo reconocer por la voz a César Masseta (otro de los imputados) y a Deolinda Ureta, prima de su madre. A Juan Bravo, otro de los acusados, no lo vio ni lo escuchó. Al día siguiente, lo sacaron de la casa y lo llevaron a hablar por teléfono con su madre. Lo acompañó Mónica Castro. Lo que no pudo aclarar es si estuvo en dos viviendas distintas.

    Le mostraron un video, pero no confirmó que estuviera en esos lugares durante su cautiverio, que duró 26 horas. Después de negarlo, dijo que pudo haber estado en casa de Deolinda (Ureta). Confirmó que habló con su madre por teléfono y otros detalles menores.

    Castro, en tanto, involucró en el hecho a Masseta y a Bravo. Desligó de la causa a su hermanastro Fernando Sosa, el cuarto imputado. La mujer confesó que ella fue una de las que buscó en la moto al niño M., con otra persona que sería Ureta, y que lo llevaron primero a la casa de esta.

    Al día siguiente, por la mañana, lo trasladaron hasta su casa, donde ella le sacó y le limpió las marcas de las cintas con que había sido atado. También reconoció haber hecho una llamada a la madre la tarde del 26 y que horas antes de liberarlo lo llevó para que hablara por teléfono con la madre y la secuestradora insistió con pedido de dinero. Asimismo, le pidió a un tío para que en auto los trasladara a ambos hasta Alberdi y Espínola, donde el niño fue liberado.

    Ella misma llamó al 101 para avisar sobre un nene perdido el día anterior y a los pocos minutos pasaron a buscarlo. Ayer dijo tener miedo, por haber sido amenazada por las familias de Ureta y Bravo, y pidió protección al Tribunal de la Segunda Cámara del Crimen.

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