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13 de septiembre de 2017
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Amazonas

¡Cuidado! Este es el pez que se alimenta de penes

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<p>El candir&uacute; es uno de los m&aacute;s temidos en las agitadas aguas del Amazonas ya que tiene fama de comer vivos a sus v&iacute;ctimas desde &#39;&#39;adentro&#39;&#39;.</p>

Lo llaman “pez palillo” debido a su diminuto tamaño y forma delgada. A partir de ahí, se acabó cualquier connotación agradable. Dicen que las experiencias de quienes se han cruzado en su camino son lo suficientemente sádicas como para ir con cautela. ¿Qué hay de verdad y qué hay de leyenda?

El vasto ecosistema de agua dulce del río Amazonas es el hogar de todo tipo de vida animal. Muchas de esas especies prosperan en virtud de lo despiadadas y feroces que puedan llegar a ser. Que esta sea la realidad del candirú es más difícil de asegurar. Si hacemos caso a muchos de los lugareños e indígenas del famoso río, no hay duda, la especie más traicionera y temible es el pequeño y delgado pez.

Cuando hablamos de este anfibio nos referimos al Vanellia cirrhosa, también conocido como candiro azul o pez vampiro. Habita en las profundidades del Amazonas y estamos ante un parásito, principalmente de otros peces, aunque como veremos, también puede atacar a animales, incluidos en la ecuación (de forma excepcional), los humanos.

A diferencia de las pirañas, el candirú ataca de forma individual en vez de en grupo, además, no son especialmente grandes como las anacondas. De hecho, está entre los vertebrados más pequeños del planeta. El pez se suele quedar en la oscuridad del fondo del río, acechando en silencio a los peces vecinos. Allí la luz es escasa, pero el pez no necesita ver, tan sólo necesita seguir las huellas de urea y amoníaco que son expulsadas de las branquias.

En este punto, el diminuto cazador persigue la sombra de su presa, casi invisible debido a su cuerpo translúcido y su pequeño tamaño. Cuando el objetivo exhala, el candirú detecta el flujo resultante de agua y enfila a la cavidad branquial expuesta con una velocidad increíble. En menos de un segundo, penetra la branquia y se retuerce en su interior, sacando a relucir un paraguas de espinas con el que engancha y asegura su posición.

Hay muchas historias en la región, la mayoría terroríficas, con respecto a los ataques a humanos del candirú. No es raro que las personas que nadan o se bañan en el río orinen mientras están en el agua, una acción que crea pequeñas corrientes de agua ricas, precisamente, en urea y amoníaco, al igual que un pez exhalando.

Eugene Willis Gudger recoge muchas de las vivencias de los indígenas desde 1820 aunque muchas de las historias son francamente difíciles de verificar.

Los relatos cuentan que el diminuto y delgado pez no siempre distingue a un humano que orina de una exhalación de la branquia de los peces, y en ocasiones intentará ese ataque característico de alta velocidad contra la uretra expuesta y sumergida. 

Cuando el candirú invade con éxito a un ser humano procede exactamente a como lo haría con un huésped de peces. Después de entrar en el orificio identificado erróneamente, el pez se retuerce en su camino en la medida de lo posible, a menudo acompañado por los frenéticos intentos de la víctima para agarrar la cola resbaladiza cubierta de algo parecido a un moco.

En el caso de que la víctima se las arreglara para agarrar al pez, sus puntas, probablemente enganchadas en el interior de la uretra hacia atrás, causarían un dolor tan insoportable como indescriptible en cada tirón, y uno fuerte podría convertirse en un desgarro tan dramático como sangriento para la persona. Una vez dentro por completo, el parásito sigue su camino hasta encontrar una buena membrana de sangre con la que extender sus colmillos.

El sangriento banquete lo acaba dejando tan hinchado que no puede escapar por el orificio. Según la leyenda de las víctimas, muchos hombres eligieron la castración como una alternativa a una muerte lenta, aunque insoportable, antes de que la cirugía fuera una opción.

Fuente: Gizmodo

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