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8 de junio de 2007
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Cuando los gestos no alcanzan

El gobierno de Julio Cobos ha demostrado, en lo que lleva de gestión, casi en su epílogo, que con el don de la buena estrella ?que, para su bien, todo indica que lo sigue acompañando? o con la virtud de haber encarnado y representado casi todas las cualidades de un ciudadano común vistas por quienes lo eligieron en el 2003 ?requisito este que para los nuevos dirigentes, recordemos, parecía insustituible en las demandas de aquella sociedad hastiada que salía de la última y endemoniada crisis? y con otras aparentes virtudes más, como el sentido común o la supuesta honestidad propia y de su equipo, con todos esos atributos, no alcanza para aventar los fantasmas de los negociados, de la falta de transparencia, de la falta de claridad en el manejo de los intereses del Estado. Lamentablemente. Y, quizás, esta afirmación o conclusión a la que muchos arriban luego de repasar aspectos puntuales de la gestión del hoy más que seguro aspirante a lograr la candidatura a vicepresidente de la Nación, conlleva para muchos el descubrimiento de contar con una fuerte dosis de ingenuidad. Es posible. Pero, si no fuera por esa cualidad que tiene el mendocino en general de renovar las esperanzas después de las frustraciones, estaría perdido.

    El gobierno de Julio Cobos ha demostrado, en lo que lleva de gestión, casi en su epílogo, que con el don de la buena estrella –que, para su bien, todo indica que lo sigue acompañando– o con la virtud de haber encarnado y representado casi todas las cualidades de un ciudadano común vistas por quienes lo eligieron en el 2003 –requisito este que para los nuevos dirigentes, recordemos, parecía insustituible en las demandas de aquella sociedad hastiada que salía de la última y endemoniada crisis– y con otras aparentes virtudes más, como el sentido común o la supuesta honestidad propia y de su equipo, con todos esos atributos, no alcanza para aventar los fantasmas de los negociados, de la falta de transparencia, de la falta de claridad en el manejo de los intereses del Estado.

     Lamentablemente. Y, quizás, esta afirmación o conclusión a la que muchos arriban luego de repasar aspectos puntuales de la gestión del hoy más que seguro aspirante a lograr la candidatura a vicepresidente de la Nación, conlleva para muchos el descubrimiento de contar con una fuerte dosis de ingenuidad. Es posible. Pero, si no fuera por esa cualidad que tiene el mendocino en general de renovar las esperanzas después de las frustraciones, estaría perdido.

     Una de las discusiones fijas de todos los días y casi interminable que puebla las redacciones de los medios periodísticos gira en torno a los intereses que mueven a la sociedad, sus demandas, sus preguntas, sus necesidades. El qué quiere la gente hoy o el qué cosas le pueden interesar a la sociedad son las cuestiones que encienden el debate.Y las respuestas son tan variadas como la cantidad de periodistas que discutan.

    Nadie tiene la respuesta justa, nadie cuenta con la bola de cristal para vender más diarios, para lograr que el noticiero de TV sea el elegido por la mayoría o para hacer que tu radio sea la más escuchada. Todo es subjetivo. Y, como tal, así puede ser vista la gestión de Cobos. Lo que el periodismo no debería dejar de lado, sin embargo, es la visión crítica de lo que pasa con los asuntos públicos, el manejo del Estado y cuánto de todo eso puede perjudicar a la sociedad. Es obligación de todo acto de gobierno el manejo responsable y transparente de los fondos públicos y que lo que resulte, evidentemente y como consecuencia, sea en beneficio del interés público.

     El gobierno de Cobos demostró que hay fuerzas mucho más poderosas, que atentan contra las buenas intenciones y las promesas de abrir procesos del tipo mani pulite. Esas fuerzas son las mismas que se impusieron en los malditos años 90 (el gobernador, con sutilezas, suele apelar a aquellos años como ejemplo de lo que no hay que hacer) y que posibilitaron festivales de corruptelas y negociados todavía no aclarados. Sólo tres ejemplos alcanzan para intentar demostrar que la matriz de la falta de transparencia es una de las mochilas que quiso sacarse el Gobierno, tres años y medio atrás, pero no pudo.

El caso de los Vale Más: Esta investigación sigue sorprendiendo por sus resultados. Días atrás, la Contaduría General de la provincia reconoció que, desde el 2004 a la fecha, el Gobierno no ha rendido unos 45 millones de pesos de fondos destinados a financiar ese beneficio de 150 pesos que llega a miles de mendocinos. Casi tres casos Skanska, si se permite la comparación. Y ni hablar de si, al fin del camino, no se llega a comprobar que ese dinero llegó a manos de quienes debía llegar. El dato nuevo es que, desde noviembre, según una versión oficial, el Banco Nación no ha rendido 15 millones de pesos que fueron girados a esa entidad para ser distribuidos a sus beneficiarios.

     El banco recibe tres por ciento de la facturación por la administración y emisión de los tickets. La empresa Proms, por el mismo trabajo del banco, cobraba 1,5 por ciento, pero fue desvinculada por las mismas irregularidades en que, aparentemente, incurre el Banco Nación: falta de rendiciones y diferencias entre lo que salió de las arcas del Gobierno, lo que llegó a la gente y lo que se rindió. Luis Carrotero, director del Fides, según comentan, irá a la comisión legislativa que investiga estos hechos a ratificar la falta de rendición y las diferencias.

El caso de los celadores: Los de verdad, los truchos, los ñoquis. Una forma de pagar favores políticos. Esta semana, Víctor Hugo Dagfal, un trabajador de Rentas que encabeza la representación de un gremio al que no reconoce ni el Gobierno de Cobos ni la Justicia, el Sindicato de Trabajadores Estatales Autoconvocados (Sitea), denunció una práctica curiosa y absolutamente irregular para contratar empleados públicos desde la informalidad. Dagfal le ha pedido a la Fiscalía de Estado que investigue el caso.Descubrió que hay 2.070 personas nombradas ilegalmente bajo la denominación de “celadores refuerzo”. Tienen como función –los que han sido asignados a alguna escuela, porque hay otros que no tienen lugar de trabajo– hacer de todo, esto es, limpieza, plomería, electricidad, mandados varios. Son como cachiches.

     Deben trabajar seis horas y media (exceden el límite de cinco horas de la administración central) y reciben un pago mensual de 600 pesos. Tienen prohibido –según la denunciafaltar al trabajo aunque estén enfermos. Si lo hicieran, esto “motivaría el inmediato despido del agente o la obligación de devolver los días de inasistencia”, advertencia que se hace “verbalmente y que luego se concreta con memorandos”. El Gobierno, de confirmarse este escándalo, ha alimentado un sistema paralelo de designaciones, al margen de las normas que deben aplicarse.

El caso de los subsidios de la Dinaadyf: Esta dirección tiene previsto distribuir, en este 2007, 4,6 millones de pesos entre organizaciones y municipios a través de convenios de gestión a los que le llaman “asociada”. Casi un centenar de organizaciones ya fueron beneficiadas con un monto destinado “en general, a garantizar el cumplimiento de los derechos de niños y jóvenes, de adultos mayores y personas con discapacidad”. Ese parece ser el objetivo y el fundamento para acceder a la ayuda. A pedido de este diario, la Dinaadyf envió un listado de las organizaciones beneficiadas. Allí no figura, sin embargo, un subsidio de diez mil pesos que la dirección giró al club Los Tordos Rugby Club como aporte para la iluminación de una cancha de hockey sobre césped.

     En el expediente no queda claro cuál es la contraprestación del club para con los niños y las niñas más necesitados de la sociedad. Para acceder al club hay que hacerse socio a 70 pesos el núcleo familiar o bien, si algún niño quiere practicar alguna de las disciplinas, deberá abonar entre 20 y 35 pesos mensuales, según la categoría. Es uno de los pocos clubes que no firmó convenio, por ejemplo, con Guaymallén para llevar adelante un programa social de deportes entre la comuna y las instituciones. Y como este, los ejemplos se multiplican.

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