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16 de mayo de 2019
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Cuando la ley es dejada de lado

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La idea de justicia y de una sociedad que funciona bajo el imperio de la ley constituye la piedra basal de la democracia. Si estos conceptos desaparecen, el Estado de derecho se convierte en una anarquía maquillada, donde los derechos y las garantías entran en un relativismo alarmante. Allí predominan los grupos violentos, que apelan a la fuerza para imponer sus condiciones.
La Corte Suprema es el último bastión de constitucionalidad e institucionalidad. Se entiende que, por definición, es el órgano que representa el equilibrio entre los otros dos poderes del Estado. Y las implicancias políticas de sus decisiones deberían formar parte de la lógica de moverse entre la fricción permanente de intereses. Pero, no más que eso. El problema aparece cuando el Poder Judicial entra en ese juego y se convierte en una herramienta política. Entonces, el mensaje es claro: la ley y la justicia valen poco y nada. Y la democracia está en peligro.

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