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26 de noviembre de 2009
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PERIODISMO

Crónicas de la cotidianeidad

Rolando López presentó Textos de periodismo para no morir en el bostezo, 35 artículos para mantener los ojos abiertos.

    Miles de historias nos rodean en el quehacer diario. Caminar por una ciudad, un pueblo, un caserío, desplazarse entre la gente es cruzarse con vidas que tienen algo para contar, secretos para la supervivencia, misterios encerrados en la piel, y si uno anda por ahí con los ojos abiertos, cada una de esas historias es un mundo a descubrir. Y esa es la actitud de Rolando Roly López.

    No se detiene ante lo que se descubre a simple vista en los hechos cotidianos, va más allá, recala en puertos inesperados, se sienta frente a asesinos, prostitutas, políticos, deportistas, se sienta ante quien sea y obtiene lo que quiere: una crónica que saca al lector del pasmo y lo obliga a que mañana, cuando salga de nuevo a la calle, cuando vea o escuche un nuevo noticiero, cuando tenga otra vez un diario entre las manos, sepa que, detrás de cada una de esas noticias, hay gente de carne y hueso, como él.

    Anoche, López presentó Textos de periodismo para no morir en el bostezo, una compilación de 35 artículos, entre crónicas, entrevistas, ensayos y columnas de opinión, publicados entre el 2002 y el 2008 en medios como diario Los Andes y las revistas Rumbos, Gabo, Veintitrés y Mantis. Textos de periodismo…, nacido de una charla entre López y Alejandro Crimi (responsable de Diógenes y editor del libro) mientras caminaban por Barcelona, contiene pequeñas y grandes historias en las que los protagonistas no son famosos, “y si lo fueron durante un tiempo no fue por su voluntad”, dice el Roly en el prólogo.

    PÁGINAS DESVELADAS
. Está claro, ya desde el título, que la propuesta de Textos de periodismo para no morir en el bostezo es mantener despierto al lector, no aburrirlo con crónicas previsibles y soporíferas, esas que espantan hasta a los más interesados, pero en el tratamiento de cada uno de los artículos, en la forma en la que fueron construidos y en el resultado final se vislumbra algo más. Porque en la lectura profunda, en la mirada más penetrante hacia esta selección de artículos, se puede percibir una forma de hacer periodismo.

    No es, y esto queda claro, un ensayo sobre cómo hacer una crónica (de hecho, no se puede decir que esta sea la intención del autor ni del editor), pero si se centra la mirada en cómo López busca y revuelve en las oscuridades y claridades humanas, cómo trata la información, qué tipo de fuentes usa y hasta dónde es capaz de llegar para obtener una voz que enriquezca el texto, entonces estaremos más cerca de un libro sobre periodismo, de una tesis sobre la profesión, que de una mera compilación.

    PERSONAJES EN BUSCA DE UN AUTOR
. Rolando López es un buscador, un perseguidor de historias. Cuando mira, sus ojos ven un poco más allá de lo que se aprecia a simple vista. Así llega, por ejemplo, a hacerles una entrevista a una madre y su hija que tienen una empresa familiar (única en el país) dedicada a bordar “cubretapas de ataúdes” con el motivo que el fallecido o los deudos elijan, o a preguntarse cómo se adaptaban las prostitutas al auge del canje que acompañó a la crisis desencadenada después de la caída de De la Rúa.

    El libro está dividido en seis subtítulos (Tres ladrones, Algunos oficios, Prófugos y encerrados, Ensayos a la carta, Deportes y Policiales express), en los que los textos se agrupan según las temáticas. Las situaciones que dan pie a las notas y los personajes que en ellas participan van conformando un fresco de la historia reciente del país. La emigración forzada por falta de trabajo, los actos delictivos mediocres y los más sofisticados, el rebusque cotidiano del mango para comer y hasta la necesidad de salir en la sección Sociales de los diarios o de poseer una 4x4 para poder sentirse alguien importante son los colores de una paleta que, en buenas manos, plasma sola el paisaje.

     Y la sátira sobre la sociedad es la que termina dando los retoques finales. Si, por ejemplo, de por sí ya es tragicómico que unos policías arrojen bicicletas a los ajeros que protestan por mejores condiciones de trabajo, estos guardianes de la ley se convierten definitivamente en caricaturas cuando López los agrupa en la División Arroja-Bicicletas, un grupo cuasicomando preparado para luchar contra el delito con la fuerza de un bicicletazo.

    Una idea de exportación. Sin dudas, el Roly se divierte haciendo su trabajo, y Textos de periodismo para no morir en el bostezo, con un estilo narrativo sólido y toda la profesionalidad del autor, es una invitación a repasar algunas historias que estuvieron en los titulares y otras no tan conocidas, además de la opinión de López sobre algunos aspectos de lo cotidiano que, de tan próximos y diarios, no los vemos.

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