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13 de febrero de 2018
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Conmoción

Crónica de una masacre: Molina enfureció cuando lo echaron

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La fiscal Claudia Ríos trabajando en la escena, en medio de la consternación.

Los investigadores creen que el autor de la tragedia en Guaymallén entró en cólera después de rompió relación con una de la víctimas y lo expulsaron de la casa.

Minutos después de las 2 de este martes, algunos vecinos de calle Barcelona del barrio Escorihuela de Guaymallén escucharon recriminaciones, insultos y gritos en interior de la casa ubicada a la altura 185. Allí vivían una mujer 51 años, su hija de 25 y el nieto 6. En octubre del año pasado llegó para convivir con la joven madre un hombre de 39 años, desconocido para algunos familiares.

Este sujeto era parte de las discusiones. Al parecer, la relación de pareja entre Mayra Soledad Bueno y José Patricio Molina Morales había llegado a su fin. Y la jefa de hogar, Mónica Outeda, no soportó más su presencia en el lugar porque no quería ver sufrir a su hija.

Los curiosos que sentían la pelea seguían sin llamar al 911. “A veces es preferible no meterse, porque son cuestiones personales”, contó una allegada a los protagonistas del caso.

Las mujeres echaron a Molina de la casa y esto lo enfureció. Este hombre nacido el 26 de setiembre de 1978 tenía antecedentes por violencia de género contra una ex pareja y estaba acostumbrado a los roces con la ley. También por otros delitos menores, como tentativa de robo, daño y desobediencia. Se había quedado sin techo.

Durante los cruces verbales, que se prolongaron durante más de una hora, tomó un elemento contundente (un palo o un caño que había en la casa) y comenzó a atacar violentamente a las mujeres.

La reconstrucción primaria de los detectives sostiene que la primera víctima fue Bueno. Los golpes en el tórax y el rostro la desvanecieron hasta matarla. Luego abordó a Outeda con el mismo objeto. La mujer intentaba frenar los ataques con sus manos pero no lo consiguió.

Con el acto consumado, Molina no quiso dejar ningún tipo de rastro que lo vinculara al hecho de sangre: tomó al pequeño Lautario Vega, hijo de Mayra, y lo golpeó por todos lados. Por último, lo estranguló. No tuvo piedad a pesar de que tenía entre sus manos a una criatura indefensa.

Antes de irse, con los bolsos que ya había preparado porque le habían pedido que se fuera del hogar, prendió fuego el inmueble. Quería borrar cualquier tipo de prueba. En ese momento, cuando las llamas habían tomado parte de la vivienda, Molina se fue en un vehículo, un Chevrolet Agile.

Cuando el triple crimen ya estaba consumado, pasadas las 3 ingresó el primer llamado al CEO. Denunciaban un incendio con posibles víctimas encerradas en una morada. Cuando llegaron los bomberos y se metieron a la casa, descubrieron los cuerpos. En un primer momento, creían que habían fallecido producto de la inhalación del humo, pero rápidamente vieron que estaban llenos de sangre.

Las víctimas no habían sido alcanzadas por el fuego. Policía Científica no tardó en confirmar que estaban frente a un acto de un psicópata. La fiscal de Homicidios Claudia Ríos se hizo cargo de la causa y a los pocos minutos se toparon con la identidad de un sospechoso: José Giménez.

Algunos familiares lo conocían con ese apellido. Al parecer, utilizaba dos identidades. Un hermano del sospechoso número uno llegó hasta la escena cuando se enteró de la tragedia y habló ante los investigadores. Confirmó la identidad del agresor y se montó un operativo para intentar detenerlo.

Ya durante la mañana, Molina se contactó con su ex pareja. La fue a ver a su trabajo y le dijo que se había mandado una cagada y que iba a quitarse la vida. Luego se fue del lugar.

La mujer mantuvo contacto con él mediante mensajes de WhatsApp y supieron que se había ido a la casa de una hermana, en calle Serpa de Colonia Bombal, Maipú. Y hasta allí fueron los pesquisas: cuando llegaron, algunos conocidos de la zona ya lo habían bajado del lugar donde colgaba.

Molina había tomado una cuerda y se había ahorcado de un poste que atravesaba parte del patio. Le hicieron ejercicios de reanimación y lo llevaron de urgencia al Hospital Central. Nada pudieron hacer y murió a los pocos minutos, a las 11.

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