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28 de octubre de 2009
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ANA MARÍA CODA

Creó una guardería para adultos donde se habla de erotismo y amor

En la zona rural de Los Corralitos, Mara fundó un jardín maternal para mayores adonde concurren hombres y mujeres de todos los estratos sociales para escucharsus consejos sobre convivencia y sexualidad.

    Ana María es un personaje raro, de sus consejos sobre convivencia y sexualidad. esos que pocas veces uno se encuentra en la vida. Tiene un hablar sereno que contrasta tanto con sus ojos inquietos, ávidos, como con su deseo de charlar largamente de su experiencia como consejera sentimental, aunque a ella, seguramente, el rótulo no le gustará. Ana vive en medio de la zona rural de La Primavera, en Los Corralitos, Guaymallén. Su casa es un trole muy viejo que adaptó para vivir con su pareja, tiene media docena de perros, y un espacio dedicado al arte, en el que realiza muestras de obras y artesanías. En ese lugar, además, creó un jardín maternal para adultos –que nada tiene que ver con una guardería tradicional– donde predica la paz, la no violencia de las mujeres hacia los hombres, la protección de los animales y, sobre todo, el amor erótico.
QUIÉN ES. Se llama Ana María Coda (62) pero prefiere que le digan Mara, que es el nombre que eligió hace muchos años. Dice que la describe mejor. En rigor, es Mara Harriet Drimer.
¿A qué se dedica? Según ella, es naturista, docente, artesana, artista plástica, investigadora de las conductas humanas, productora y diseñadora artística, ambientalista y narradora. También dice de sí, que es clarividente, y tira las cartas, pero no las del tarot. Es un “cartómetro”, como Ana lo ha denominado, a través del cual “ve” lo que le está pasando a la persona que tiene enfrente.
¿Cómo se define a sí misma? Como una mujer muy especial, porque no es muy común que una mujer viva como vivo yo en este lugar, busco otros objetivos, no corro detrás del dinero. El centro de mi existencia es el hombre que amo, la música, los animales y este “boliche” que tengo acá, adonde la gente viene a disfrutar de un momento de paz. Cuénteme de su casa. Es un trole, bien adquirido, yo no hago nada trucho. Vivo acá desde 1991, el predio es mío, la tierra es mía. Tenía un obrero en aquel momento que me ayudó a reciclar el trole, vivimos bien, tiene mucha luz, tenemos algunas comodidades, ahora le adosamos una habitación con un aspecto griego de paredes blancas con la carpintería azul. Estilo mediterráneo... Claro, porque yo vengo del mar, de ahí el Mara Harriet Drimer. La esposa del mar. Y soñadora.
 Un espacio artístico construido en el medio de una zona rural bastante inhóspita. “Esto surgió espontáneamente hace varios años, era un ‘bolichito’ y lo tuve que agrandar porque cada vez venía más gente”, rememora Ana. “Hace unos años dependía de la Secretaría de Cultura, tenía talleres de arte por la zona. Hasta que un día, los nucleé a todos acá y se fueron agrandando, porque venía gente de otros lugares”, aporta. “El nombre de jardín maternal lo puse como un disparador y porque una vez, charlando con un chacarero de la zona, me dijo: ‘Vieja, ¿cuándo te ponés el boliche?’, y empezamos a hablar y él me sugirió el nombre”.
SEXO Y EROTISMO. Los objetos artísticos de Mara y de quienes concurren a sus talleres, son variados. Pero los que más llaman la atención para el visitante son los de tinte erótico. Ella misma dice que:“La relación amorosa es una obra de arte”. Por lo que Mara ofrece consejos y secretos para el amor sexual a quien desee escucharla como por ejemplo: “Mara y el amor por la espalda”. Además, en el recinto especial y recargado de objetos que con obsesión ha creado, esta mujer vende juguetes para el amor (“son sextoy”), tarjetas con poemas, y otros elementos creativos, a saber: artesanías amorosas basadas en el sexo oral, baberos orgásmicos, calzoncillos eróticos pintados a mano, cepillitos y plumeritos para provocar placer, pinturas eróticas. El visitante también puede encontrar en el lugar una extraña aunque simple estructura de madera, que ella, sin sutilezas, ha denominado el “cañómetro”.
¿De qué se trata? Sin escandalizar a nadie, se puede decir que es un objeto en el que el hombre se apoya, de espaldas, para que la mujer le practique sexo oral. Mara asesora in situ y en tono académico, a quienes quieren aprender la técnica. ¿Qué es esto, este lugar tan raro? Lo hemos denominado Pecas CC, un jardín maternal para adultos pero no es que acá haya gente viviendo. Aquí desarrollamos una actividad que se llama enseñanza ocasional, que es un diálogo espontáneo. Como tengo muchos años de trabajo, creo que he adquirido una cierta habilidad para tratar al ser humano. Lógicamente, en la observación descubro cosas en la gente que me permiten charlar con ella y darle consejos, asesorarla sobre diversos temas.
¿Quiénes son los que vienen? Viene gente de la zona rural, de otras localidades, de la Capital, europeos. ¿A qué acuden las personas aquí? Vienen porque saben que encuentran un lugar tranquilo, porque se sienten escuchadas, comprendidas, hay algunos jueguitos que interesan. Vienen buscando paz. Acá no hay suegras, no hay niños, enseguida sale el tema del amor, vienen parejas, grupos, personas solas. ¿Cómo se enteran la gente de la existencia de este sitio? Hago difusión con gacetillas, aquí en la zona, en el supermercado, en la peatonal, además del comentario de las personas que ya han estado aquí.
¿Qué temas trata con la gente que viene? Desde hace tiempo puntualizo en las problemáticas masculinas. Porque nadie se ocupa de los hombres. No se tiene en cuenta que las mujeres también somos malas, mentimos, engañamos, somos infieles. Por razones laborales, hace tiempo que comencé a ver todo esto con tractoristas, chacareros, funcionarios de alto rango y empresarios que se acercan hasta aquí por distintos motivos. Hasta los mormones vienen y hablamos en inglés. Es más, ha habido profesionales que tratan el tema de la violencia familiar que me vinieron a consultar.
¿Qué le cuentan los hombres? Sus problemas de falta de comunicación con su pareja y de no tener un lugar dónde explayarse. También me cuentan los problemas con los hijos. Lo que noto es que a los mendocinos y a las mendocinas les falta un empujón para que puedan hablar de ellos y entre ellos. Noto cierta precariedad cultural y en la zona rural observo la falta de comunicación de ciertos gobernantes con la gente. Acá nunca vas a ver a una persona de la Comuna o un político del Gobierno central. Fui maestra de la escuela durante 25 años, entonces me paran en la calle y me piden que les haga notas para presentar aquí y allá. ¿Por qué tengo que hacer eso?
¿Qué hacen los funcionarios? Acá mi vida es pintar, defender la vida de los animales, investigar sobre las problemáticas masculinas.
¿Qué otros problemas le plantean los varones que vienen a consultarla? Me dicen, sobre todo, los hombres de la zona rural: “¿Qué hacemos cuando ya no sabemos qué hacer sexualmente?”. Hay que escucharlos a los hombres. Y recomendar a las mujeres que se arreglen, que se vistan mejor, que se cuiden, que se maquillen, en la medida de lo posible, claro. Porque se dejan estar las mujeres y otro gran error que cometen es creer que la vida se resuelve casándose y teniendo hijos.
¿Por qué cree que las mujeres pierden el interés por la vida sexual? Cada una sabrá, pero, creo, que, básicamente, tienen miedo de quedar embarazadas y, por lo que hablo con los hombres, creo que no se atreven a experimentar. Por eso les dicen a los maridos: “Andá a hacer eso con las putas, a mí no me toqués”. Entonces, los hombres se cansan. Hay formas de mantener una pareja, cada uno sabrá porque no hay nada exacto. Quizás, después de muchos años se aburren, pero al hombre le gusta y a la mujer también. Hay hombres que me confiesan: “A veces hace tanta falta una palabra cariñosa”. Lo que les falta en realidad es el diálogo entre ellos, hablarse. La agresión empieza cuando alguno dice: “No, no me hablés”.    
    Además de charlar con usted, ¿qué otras actividades pueden realizar las personas que vienen hasta aquí? Pueden recorrer el lugar, pintar, bailar, meditar. También hago algunos juegos. Pero la mayoría viene a sentirse acompañado, contenido, querido, a que lo escuchen. Vienen a deleitarse además con los objetos que aquí encuentran, como la alfarería erótica.
¿Le habla mucho a la gente de sexo? Si se, da sí. Porque las mujeres no tienen iniciativa y los hombres están esperando que la tengan. Por eso les hablo de sexo oral y de otra propuesta más arriesgada, que no sé muy bien cómo definir, que es una actitud amorosa que no a todos los hombres les gusta. ¿Usted se refiere a que la mujer le practique sexo oral o anal al hombre? Claro.
¿Será porque en la cultura machista, el hombre teme ser tildado de homosexual si acepta eso? Eso es como lo tome cada hombre. Sé que es una cuestión cultural. Acá han venido hombres que, dialogando, me han contado que estaban chochos con esa práctica y que les gustaría experimentarla. Entonces lo que les aconsejo es que vayan y les digan a sus mujeres qué cosas les gustarían a ellos que les hicieran para obtener más placer. El sexo oral es una obra de arte, no es una chacotería, no cualquiera lo sabe hacer. El hombre goza y la mujer también y no quedás embarazada, que es el gran temor que tienen las mujeres. Lo que pasa es que el hombre tiene vergüenza de pedirle a su propia pareja.
 ¿Le pasa que viene alguien y le dice que gracias a usted pudo mejorar la relación con su pareja? Sí, me ha pasado. Y a nivel salud también. Te doy un caso: había una vecina que tenía un problema de salud bastante grave y me vino a ver. Le dije en tono académico, a quienes quieren aprender la técnica.
¿Qué es esto, este lugar tan raro? Lo hemos denominado Pecas CC, un jardín maternal para adultos pero no es que acá haya gente viviendo. Aquí desarrollamos una actividad que se llama enseñanza ocasional, que es un diálogo espontáneo. Como tengo muchos años de trabajo, creo que he adquirido una cierta habilidad para tratar al ser humano. Lógicamente, en la observación descubro cosas en la gente que me permiten charlar con ella y darle consejos, asesorarla sobre diversos temas.
¿Quiénes son los que vienen? Viene gente de la zona rural, de otras localidades, de la Capital, europeos. ¿A qué acuden las personas aquí? Vienen porque saben que encuentran un lugar tranquilo, porque se sienten escuchadas, comprendidas, hay algunos jueguitos que interesan. Vienen buscando paz. Acá no hay suegras, no hay niños, enseguida sale el tema del amor, vienen parejas, grupos, personas solas.
¿Cómo se enteran la gente de la existencia de este sitio? Hago difusión con gacetillas, aquí en la zona, en el supermercado, en la peatonal, además del comentario de las personas que ya han estado aquí.
¿Qué temas trata con la gente que viene? Desde hace tiempo puntualizo en las problemáticas masculinas. Porque nadie se ocupa de los hombres. No se tiene en cuenta que las mujeres también somos malas, mentimos, engañamos, somos infieles. Por razones laborales, hace tiempo que comencé a ver todo esto con tractoristas, chacareros, funcionarios de alto rango y empresarios que se acercan hasta aquí por distintos motivos. Hasta los mormones vienen y hablamos en inglés. Es más, ha habido profesionales que tratan el tema de la violencia familiar que me vinieron a consultar.
¿Qué le cuentan los hombres? Sus problemas de falta de comunicación con su pareja y de no tener un lugar dónde explayarse. También me cuentan los problemas con los hijos. Lo que noto es que a los mendocinos

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