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10 de agosto de 2020
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¡A no descuidarse!

Coronavirus y niños: ¿qué dicen los expertos?

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Algunos puntos a seguir teniendo muy en cuenta relacionadas con el COVID-19 y los más pequeños.

Muchas son las preguntas que todo el mundo se hace acerca de este virus denominado COVID-19 que llegó a modificar absolutamente la vida de las personas y sus formas de vincularse. Cómo se contagia, su capacidad de propagación y cómo afecta a diferentes grupos de edad, son parte de los muchos interrogantes que recaen sobre él. No obstante, desde que comenzó la pandemia, los expertos e investigadores han logrado avanzar mucho en los conocimientos sobre el también llamado 'SARS-CoV-2' y se han ido esclareciendo muchos aspectos, sin embargo, todavía queda mucho por saber sobre este virus.

Uno de los temas que más dudas y controversia ha generado es cuál es el papel de los niños como agentes de contagio en esta enfermedad y cómo afecta el virus a los pequeños de la casa.

A partir de investigaciones, ha quedado demostrado que los niños sí se contagian de coronavirus y que, incluso, pueden transitar la enfermedad con algunas dificultades. Lo cierto es que la infección por COVID-19 se manifiesta de manera similar a otras enfermedades respiratorias en niños. Aunque los niños manifiestan muchos de los mismos síntomas de infección que los adultos, algunas diferencias son notables. Según las investigaciones, los niños pueden ser menos propensos a tener fiebre, pueden ser menos propensos a presentar fiebre como síntoma inicial y pueden tener sólo síntomas del tracto gastrointestinal.

Teniendo en cuenta esta situación, la Academia Americana de Pediatría elaboró un documento donde explica que los encargados de formular políticas también deben considerar la creciente evidencia sobre COVID-19 en niños y adolescentes, incluido el papel que pueden desempeñar en la transmisión de la infección. El SARS-CoV-2 parece comportarse de manera diferente en niños y adolescentes que otros virus respiratorios comunes, como la influenza, en los que se basa gran parte de la orientación actual sobre el cierre de escuelas.

Aunque los niños y adolescentes juegan un papel importante en la amplificación de los brotes de influenza, hasta la fecha, este no parece ser el caso con el SARS-CoV-2. Aunque quedan muchas preguntas, la preponderancia de la evidencia indica que los niños y adolescentes tienen menos probabilidades de ser sintomáticos y menos probabilidades de tener una enfermedad grave como resultado de la infección por este virus. Además, los niños pueden ser menos propensos a infectarse y propagar la infección.

 

¿Cuál es la situación de la enfermedad con los niños?

La infección por COVID-19 suele cursar en ese grupo etario en forma leve, con escasos síntomas o en forma asintomática“Los pacientes suelen presentar fiebre no muy alta (37,5° / 37,8°), tos, cuadros respiratorios altos (que afectan la garganta, oídos y/o nariz), síntomas gastrointestinales como vómitos y diarrea y, en contadas ocasiones, manifestaciones en la piel”, señalaron a un medio nacional desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) en un comunicado.

En la gran mayoría de los casos, la infección evoluciona favorablemente en pocos días y sin complicaciones, y entre quienes sí tuvieron complicaciones, la mitad presentaba alguna enfermedad preexistente de base, respiratoria, metabólica o cardíaca. Sin embargo, desde la SAP aconsejaron no relajar las medidas de prevención como el distanciamiento (entre 1,5 y 1,8 m), el uso de tapabocas y el lavado frecuente de manos, para evitar la propagación del contagio en los adultos mayores.

“Si bien el 15% del total de los casos que muestran nuestras estadísticas es muy superior al 2% reflejado en países de Europa o en China, los niños y adolescentes son el grupo menos afectado por el coronavirus SARS-CoV-2. Incluso se sabe que cuatro o cinco de cada diez niños fueron contagiados por adultos, generalmente sus padres o sus contactos cercanos”, comentaba la médica infectóloga pediatra Gabriela Ensinck, secretaria del Comité de Infectología de la SAP.

No obstante y pese a que la enfermedad suele ser menos agresiva con ellos, desde la institución instaron a extremar los cuidados, ya que -sobre todo los niños y adolescentes asintomáticos- son un grupo que involuntariamente contribuye con la transmisión comunitaria de la enfermedad.

En este punto es importante tener en cuenta el tema del uso de mascarillas o tapabocas ya que se ha repetido muchas veces el ser uno de los factores claves para poder reducir y evitar los contagios. En los niños, las mascarillas se deben usar a partir de los 2-3 años y es importante asegurarse de que son adaptadas a ellos, es decir, al tamaño de su rostro. Su uso es obligatorio para niños a partir de los seis años.

Además, es importante tener en cuenta otras medidas que se recomiendan en general para todas las personas tales como el distanciamiento social, el uso de tapabocas, lavarse las manos, distancia entre escritorios, pasillos unidireccionales para reducir el contacto cercano, limpieza y desinfección constante de ambientes así como ventilación de la misma, entre otras.

Las emociones del niño en la cuarentena

La vida en pandemia ha llevado a que muchas sean las personas que comienzan a reflejar ciertos síntomas como ansiedad, estrés, insomnio, depresión, entre otras. Y es que la incertidumbre que se vive sumado al miedo al futuro y a las restricciones de la actividad social pueden generar con el tiempo importantes patologías.

En esta línea, ¿qué sucede en el caso de los niños en la cuarentena?

El confinamiento en el niño, es en su concepto, la antítesis de lo recomendable para un régimen de vida sano en la infancia, pues los niños necesitan movilidad, espacios abiertos, actividad física, aire y sol. Y menos mal que lo viven junto a sus padres, circunstancia que atenúa todos los indeseables efectos que ejerce sobre su psiquismo y sus relaciones psicoafectivas.

En este sentido, es importante tener en cuenta que los factores que lo agravan son los mismos que en el adulto y las patologías a que puede dar lugar, son entre otras: sedentarismo, aumento de la irritabilidad, agresividad, intolerancia, aparición de actitudes y actos regresivos, estrés, insomnio y trastornos del sueño.

Es por ello que los especialistas señalan la importancia de mantener una comunicación clara con los niños y jóvenes sobre estos temas, haciendo hincapié en poder explicarle al niño que el mundo ha funcionado desde siempre con ese tipo de situaciones. Que tiene su propio funcionamiento y maneras de construirse y reconstruirse. Y que todos tenemos que ayudar para que las cosas vayan lo mejor posible.

Para ello y oara lograr resultados positivos, es importante que el adulto aprenda a manejar sus propias emociones para poder darle un manejo adecuado al niño, además que se le deben mostrar todos los puntos de vista sobre el tema, no solo lo que piensa el adulto. “La conversación debe llevar a la conclusión: ¿Yo qué puedo hacer, cambiar o aportar para que las cosas vayan mejor?. Entonces allí está el aprendizaje real. Porque a una persona que ayude, se sumará otra, y así sucesivamente habrá una gran masa de personas que van en una misma dirección”, apunta sobre este tema la psicóloga clínica Ana Elisa Villalaz.

Esta comunicación, además, ayudará al niño a no vivir como una víctima, sino a ser agente de cambio. “Deben aprender que a veces pasan muchas cosas de las que uno no tiene control y no puedes hacer nada, pero lleva siempre la pregunta ¿Qué cambiaría para que esto no vuelva a pasar de esta manera? y allí es donde viene el cambio importante y el crecimiento interno, que es más profundo”.

Esto ayudará a que el niño entienda sobre “la fuerza que tenemos para salir adelante y sobreponernos de grandes dificultades”, argumenta la profesional.

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