access_time 07:31
|
7 de octubre de 2019
|
Opinión

Cornejo, a favor de un primer ministro y de dividir Buenos Aires

https://elsol-compress-release.s3-accelerate.amazonaws.com/images/large/1566221808712cornejo%20gobernador.jpg

El actual gobernador puede que avance desde Diputados en una serie de modificaciones al esquema político que hoy le da vida al país.

El 27 de octubre, para el día en que los argentinos elijamos al próximo presidente, el gobernador Alfredo Cornejo se jugará su carta propia, personal y electoral al encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales de Mendoza. Independientemente del resultado de la elección, Cornejo alcanzará su banca parlamentaria y comenzará, según se vislumbra, a planificar desde allí un nuevo centro de poder político, ya sea desde la oposición con Alberto Fernández como presidente, o bien con el propio Mauricio Macri si es que este llegara a alcanzar la reelección. Cornejo, posiblemente junto con el porteño Horacio Rodríguez Larreta; junto con la actual gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal –se mantengan ambos o no al frente de sus estados, uno en la CABA y la otra en Buenos Aires–, y junto con el economista Martín Lousteau, quien desde el año próximo llegará a ocupar una banca en el Senado nacional, podrían conformar el bloque político llamado a convocar por una mayor “horizontalidad” en la toma de decisiones de Cambiemos y, desde ya, en el rol que cumplirá la coalición en el nuevo escenario político que tendrá el país a partir del 2020.

Pero, a la par de estos objetivos, Cornejo puede que avance desde Diputados en una serie de modificaciones al esquema político que hoy le da vida al país. Podría intentarlo a través de una o varias propuestas de reforma de la Constitución, o por la vía de simples leyes cuyo éxito dependerá de las alianzas y consensos que pueda tejer entre los legisladores del mismo espacio o de otros. El fin de semana, entrevistado por el periodista y empresario Jorge Fontevecchia, para Perfil, Cornejo se mostró partidario de alumbrar la figura de un primer ministro que ayude a gobernar con mayor previsibilidad y confianza al país. Para el gobernador mendocino, Raúl Alfonsín cometió un grave error cuando al negociar con Carlos Menem la reforma de 1994 concedió esa idea para que no quedara establecida en la Constitución. En la entrevista, Cornejo sostuvo que, sin un primer ministro, obligado a convocar y a construir las mayorías parlamentarias para gobernar, Argentina no tendrá una reforma laboral ni una impositiva seria. Según su visión, la mayoría parlamentaria con un primer ministro les daría a los inversores previsibilidad en un sentido amplio. Pero, en la misma línea transformadora, Cornejo planteó la necesidad de ir “a una reforma político-institucional de fondo en el país” y “dividir a la provincia de Buenos Aires”. Esa visión animó al politólogo y escritor Andrés Malamud para que, vía su cuenta de Twitter, escribiera, ayer por la tarde: “¿Por qué este hombre todavía no es presidente?”.

Precisamente, de Malamud, Cornejo ha tomado esa iniciativa. Desde hace varios años que entre Cornejo y el politólogo existe un contacto directo y muchas coincidencias sobre la realidad política del país. “La provincia de Buenos Aires tiene el 38 por ciento del electorado argentino. Todo candidato presidencial tiene incentivos para priorizarla”, dice el politólogo, quien además agrega que Buenos Aires “tiene el 27 por ciento de los diputados y 4 por ciento de los senadores. “Todo presidente” –agrega Malamud– “tiene incentivos para relegarla”. Se trata de la provincia “más hipertrofiada del mundo. Ingobernable y tóxica. Sin división no hay solución”.

Algunos años atrás, Malamud dejó escrita su propuesta para dividir a la provincia más grande del país y, con ello, despojarla de su fenomenal influencia que, casi siempre, termina por desvirtuar la realidad de Argentina. Según Malamud, para dividir Buenos Aires “no hace falta reformar la Constitución. Si se partiera en dos, la frontera se ubicaría entre el conurbano y el interior. Así, la provincia metropolitana contaría con 11 millones de habitantes, mientras la provincia rural albergaría a 5 millones de habitantes. Para disminuir el gigantismo del conurbano, este también podría subdividirse en dos o tres provincias que eventualmente incorporasen algún municipio adyacente del interior”. El politólogo afirma que, de esa manera, se evitarían los desequilibrios demográficos y, a la vez, se facilitaría la descentralización de los municipios.

Dice Malamud: “Contra las expectativas de sus gobernadores, Buenos Aires no pone presidentes. Al contrario: es el presidente o candidato presidencial el que pone al candidato a gobernador. Pero la influencia de Buenos Aires sobre la política nacional existe y se manifiesta por la negativa: Buenos Aires, cuando se enoja, saca presidentes”. También agrega: “La hipertrofia tiene tres consecuencias negativas: opacidad, ineficiencia e inestabilidad. La opacidad y la ineficiencia perjudican a los bonaerenses; la inestabilidad, a todos los argentinos. La opacidad resulta en la imposibilidad de monitorear al Gobierno bonaerense. La Plata constituye un gigante burocrático que los ciudadanos conocen mal y controlan peor. Los intendentes y legisladores exitosos no son los que gobiernan bien sino los que gestionan contactos en los ministerios. Tampoco existe un mercado de medios que alimente una esfera pública provincial. Mendoza –­explica el politólogo– tiene 2 millones de habitantes y varios diarios grandes; Córdoba tiene 3 millones de habitantes y La Voz del Interior. Pero Buenos Aires tiene 16 millones de habitantes y ningún medio de prensa que investigue su gobierno y lo obligue a rendir cuentas. Sabemos cuánto gasta la Legislatura gracias a los diarios nacionales”.

Por último, Andrés Malamud agrega, en su análisis: “El Gobierno nacional resultaría beneficiado por la división, porque eliminaría la espada bonaerense de Damocles. El rediseño del federalismo fiscal y otras reformas se verían facilitados sin una provincia que amedrente a sus pares. Pero, los más beneficiados serán los ciudadanos: los bonaerenses, porque recuperarán la capacidad de controlar a sus gobernantes; los demás argentinos, porque sus provincias ya no serán de segundo orden. Por eso, los ciudadanos constituyen aliados indispensables de una causa que, para ser exitosa, necesita también de los políticos. Sobre todo, de nuevos políticos”.

Comentarios de la nota

© 2019 Copyright.