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1 de septiembre de 2006
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CONTAMINACIÓN AMBIENTAL

Entre los innumerables contaminadores ambientales, acabo de percatarme de uno, que impunemente ha enrarecido el aire provincial y nacional. Entre sus diversos componentes, recalco uno, que llamaría lisa y llanamente ?la pestilente hipocresía?.

    Entre los innumerables contaminadores ambientales, acabo de percatarme de uno, que impunemente ha enrarecido el aire provincial y nacional. Entre sus diversos componentes, recalco uno, que llamaría lisa y llanamente “la pestilente hipocresía”. Me he tomado esta especie de licencia literaria para definir una conducta colectiva, caracterizada por el temor, la falsedad, la complicidad y, en definitiva, el siempre presente tufillo retardatario y pecaminoso.

    Siento vergüenza propia y ajena como médico al presenciar la infaltable intromisión de las llamadas ideologías religiosas con sus dogmas. Entre los feos aromas, prevalece el clásico y medieval inquisidor, hoy llamado con elegante nombre “objeción de conciencia”. Sugiero, con todo respeto, que en lo posible acudamos a los confesionarios para blanquear nuestras almas, las que, por cierto, dejan mucho que desear.

    Lo pecaminoso que siempre ha resultado todo lo referente a la sexualidad podríamos comenzar a demistificarlo y así ir madurando nuestras conductas. En lo posible superemos el pecado original, de lo contrario, seguirá “la manzana” atragantada en nuestras conciencias impuras. En todo el mundo los llamados rebaños y sus pastores estamos en deuda por aquello de que somos “derechos y humanos”. Que el tomarnos de las manos deje de ser una actuación, para que así logremos evolucionar a pesar de los siglos de oscurantismos. ¡Amén!

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