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14 de febrero de 2020
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Opinión

Confusión e incomodidad, extraños rasgos en la realidad del peronismo

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No es caprichoso trazar ese hilo conductor entre el perokirchnerismo exitoso que gobierna la Nación y el PJ pálido y alicaído que le da vida a la primera oposición en Mendoza.

El peronismo mendocino se demoró dos meses para dar a conocer un despacho alternativo al presupuesto de este año, elaborado y propuesto por la todavía inmadura administración de gobierno de Rodolfo Suarez. Y, a nivel nacional, la gestión del también joven gobierno peronista de Alberto Fernández hace ya tiempo que les anunció a los argentinos que recién propondría un presupuesto promediando marzo. Ambas circunstancias o hechos, los protagonizados por el peronismo opositor en Mendoza y por el peronismo conductor de los destinos de la república en la Nación, parecen tener un hilo que los une en su naturaleza y, probablemente, también, en el grado de confusión y de aturdimiento que los caracteriza. Quizás, el término más adecuado para describir tal comportamiento puede que sea el de la incomodidad.

No es caprichoso trazar ese hilo conductor entre el peronismo exitoso que gobierna la Nación y el peronismo pálido y alicaído que le da vida a la primera oposición en Mendoza. En la Nación, la administración de Fernández se encontró con una situación nacional diferente de otras oportunidades en las que le tocó recuperar el poder. Ese plazo tentativo que se dio apenas asumido para dar a conocer la pauta de gastos para el 2020 ha tenido que ver claramente con aquella esperanza que alimentó de llegar a marzo con una renegociación de la deuda de manera exitosa. Se apoyó en unas previsiones demasiado optimistas –hoy se sabe– que le aseguraban que, si bien resultaría ponzoñoso y dificultoso acordar con los acreedores y el FMI nuevas condiciones de pago, bastaría con convencer a medio mundo de la necesidad de dejar crecer al país para, luego, pagar lo que se debe en un proceso que no pocos aventuraron en de dos a tres años vista.

Está claro que el ministro de Economía de Fernández, Martín Guzmán, no está logrando por el momento convencer a los acreedores. Tampoco al FMI, cuando recién está comenzando lo que se cree será una larga negociación. Por el contrario, las señales del mercado están siendo diametralmente otras.

La confusión o incomodidad que muestra este peronismo, encaramado, una vez más, en lo más alto de la conducción nacional, está en la ausencia de recursos y en la imposibilidad, por ahora, de conseguirlos. Las provincias, todas, particularmente las administradas por el mismo peronismo, necesitan plata de forma urgente, contante y sonante, y también renegociar sus pasivos. No la obtienen ni afuera ni adentro porque la Nación no está en condiciones de asistirlas.

En algunas provincias, los sueldos se están pagando en cuotas o de manera escalonada y en todas –con la rara excepción todavía de la voluminosa y en emergencia Buenos Aires de Axel Kicillof–, se ha suspendido la cláusula gatillo como método para incrementar los haberes de sus empleados públicos por la lógica y obvia situación de que no se pueden incrementar en un contexto de economía estancada, sin crecimiento y con caída de la recaudación.

El peronismo o perokirchnerismo, que gobierna el país, se encuentra, casi de manera inédita, sin recursos, sin la posibilidad cercana siquiera de conseguir comprensión para dilatar los vencimientos de la deuda y con la incómoda obligación de tener que desindexar la economía, como ya se lo ha propuesto y también lo ha anunciado el propio Gobierno. Allí están las tarifas y combustibles, congelados, los precios de los principales alimentos controlados, dólar con cepo, una recomendación para que se cierren paritarias con sumas fijas y no con porcentajes de incrementos y –hoy se conocerá– ajuste en el gasto previsional cuando se devele el decreto por el cual el presidente anunciará los aumentos que regirán las subas de las jubilaciones y pensiones.

Por allí está pasando la desindexación forzosa, con alguna contradicción, claro está, en el discurso luego de que Guzmán dijera en el Congreso que es imposible reducir el gasto fiscal porque afectará a los sectores más vulnerables en un contexto como el actual. El gobierno peronista no cuenta con recursos y se encuentra frente al dilema de pedir ajuste, desindexación, prudencia en el gasto y otras variables propias de procesos “neoliberales”, cuando su vigencia se ha sostenido y caracterizado por todo lo contrario.

Además de acarrear problemas de larga data, el peronismo mendocino se ha quedado sin referentes de peso que lo ordenen. Entendió que, por mandato, debió oponerse tenazmente al proyecto de presupuesto que envió Suarez a la Legislatura. Las diferencias internas le impidieron ser claro, en su momento, respecto de sus reservas a la pauta del oficialismo, lo que provocó que tampoco se pudiese enriquecer el plan de gobierno del primer año de Suarez con sus aportes. Se siente oposición, claro, pero detenida en el tiempo; en el tiempo de Alfredo Cornejo, a quien le ha adjudicado buena parte de sus males. Y, en las últimas horas, ha conseguido un argumento de peso que no tenía hasta hace poco como para oponerse a la toma de deuda con destino a la obra pública: los dichos del ministro Guzmán sugiriéndoles a las provincias evitar endeudarse en moneda extranjera, cuando la situación de Mendoza, hay que decirlo, ha sido diferente de la de la Nación e, incluso, a la de muchas administraciones provinciales, aun cuando ha sido gobernada por el propio peronismo. Confusión e incomodidad por un rol que le ha tocado cumplir y protagonizar en un momento inesperado y complejo.

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