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6 de noviembre de 2006
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FALTAN TESTIMONIOS

Condenaron a Sadam Husein a morir en la horca

Lo decidió el tribunal que juzga la masacre de 148 chiíes en 1982. Fue encontrado culpable de crímenes contra la humanidad. Sus abogados tienen 30 días para apelar la medida

BAGDAD (EFE). El presidente depuesto de Irak Sadam Husein y dos de sus ex colaboradores fueron condenados ayer a morir en la horca por el Tribunal Especial que juzga la masacre de 148 chiíes en 1982, en el llamado caso Duyail. Dos horas después de pronunciarse la sentencia, Irak seguía en calma, ayudado por el toque de queda impuesto en las cuatro provincias más conflictivas del país: Bagdad, Al Anbar, Salahedín y Baquba, estas tres últimas vecinas de la capital.

    Sadam fue encontrado culpable de crímenes contra la humanidad, al igual que su hermanastro Barzan al Tikriti, quien era jefe de los servicios secretos en aquel período, y Awad Hamad al Bandar, quien fue el jefe del tribunal que condenó a los 148 chiíes del pueblo de Duyail a la pena máxima. Los abogados de la defensa tienen ahora 30 días para apelar la sentencia. Los 148 chiíes fueron ejecutados por haber participado en un atentado fallido contra Sadam, quien atravesaba el pueblo de Duyail (70 kilómetros al norte de Bagdad) tras un viaje por el norte, en el que había inspeccionado las filas de su Ejército, enfrascado entonces en la guerra con Irán.

DECISIÓN
. La última sesión judicial del caso Duyail, que ha durado más de un año, comenzó a las 11.30 hora local de ayer y terminó 50 minutos después: el tribunal pronunció tres condenas de muerte, otra a cadena perpetua, tres de 22 años de cárcel y una absolución. Sadam Husein dio una vez más muestras de su carácter: al llegar a la sala, se negó en un primer momento a ponerse de pie para escuchar la sentencia y sólo se incorporó obligado por la Policía.

    Vestido con traje negro y camisa blanca, intentaba interrumpir al juez con constantes arengas como “Alahu Akbar” (Dios es grande), “Viva el pueblo”, “Para nosotros la vida, para los enemigos la muerte”. Pero el juez no se amilanó y continuó con la lectura de la sentencia:muerte en la horca. Precisamente Sadam había pedido expresamente que, en caso de ser condenado a la pena capital, fuera ejecutado ante el pelotón de fusilamiento y no en la horca. Pero no por ello dio Sadam muestras de abatimiento y en ningún momento bajó la vista al suelo.

    Con el Corán en la mano, mantuvo en todo momento el tono desafiante que le ha caracterizado durante todo el proceso. Parecido comportamiento mostraron los más estrechos colaboradores de Sadam: Barzán al Tikriti, hermanastro de Sadam y jefe de los servicios secretos en el momento de los hechos, y Awad Hamad al Bandar, jefe del tribunal revolucionario, ambos condenados también a morir ahorcados.

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