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22 de septiembre de 2009
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JUSTICIA CIVIL

Condenan al Estado y a un policía a pagar 180.000 pesos por el crimen de un joven

La familia del cadete de farmacia Milton Gurrieri demandó a la provincia y al efectivo Maximiliano Hemmerling. El joven murió luego de que al uniformado se le escapara un tiro

    La Justicia Civil condenó al Estado y a un policía a indemnizar con 180.000 pesos a la familia de un joven que murió luego de recibir un impacto de bala proveniente del arma reglamentaria del efectivo Maximiliano Hemmerling. El hecho ocurrió el 21 de enero del 2005 en el interior de una de las sucursales de la cadena de farmacias Mesura, en Maipú, donde el uniformado trabajaba cumpliendo servicios extraordinarios y la víctima, Milton Federico Gurrieri (20), lo hacía como cadete del local.

    Hemmerling fue condenado el 4 de octubre del 2006 a la pena de cinco años de prisión por el delito de homicidio culposo. Llegó acusado a juicio oral por homicidio simple con dolo eventual, pero la Quinta Cámara del Crimen entendió que el uniformado había sido imprudente con el manejo de su arma. Quedó establecido durante el debate, de acuerdo a la declaración de varios testigos, que Hemmerling jugaba con su arma constantemente en el interior de la farmacia y que, por su condición de policía, sabía que manipular su 9mm ante un grupo de personas era peligroso.

    Y por ese motivo, en una primera instancia, el fiscal de Instrucción entendió que actuó con dolo eventual, es decir, se representó la posibilidad de que si se le escapaba un tiro podía herir o matar a alguien y no le importó, continuando con su proceder. Sin embargo, el tribunal presidido por Rafael Escot e integrado por Gonzalo Guiñazú y Laura Gil de Chales decidió atribuirle el delito de homicidio culposo, que prevé una pena máxima de cinco años, la cual recibió.

    Después de tres años desde la sentencia penal, la titular del 19º Juzgado Civil, Beatriz Moureu, resolvió indemnizar con esa suma de dinero a los padres de la víctima. No obstante, el fallo seguramente será recurrido ante una Cámara de Apelaciones en lo Civil, por lo que todavía la sentencia no quedará firme.

CULPOSO. El fatal episodio ocurrió cuando el policía se encontraba prestando servicios en la farmacia Mesura de calle Ozamis y Palma. Alrededor de las 15.30, el uniformado comenzó a jugar con su arma reglamentaria, una pistola 9mm. En ese momento, el joven, que estaba próximo a cumplir 21 años y se encontraba justo frente al efectivo, recibió un disparo en el tórax que terminó con su vida, luego de que se le escapara un tiro al policía. Gurrieri había regresado hacía pocos meses de España, donde estaba viviendo con su padre. Con un dinero que había podido ahorrar, cuando llegó a Mendoza se compró una moto para trabajar como cadete.

    Durante el juicio, Hemmerling sostuvo: “Nunca me imaginé que el arma estaba preparada para disparar”. Luego, llorando, giró hacia la derecha, miró a los padres del joven muerto y dijo: “Creo entender su situación. Lo siento mucho como padre que soy y por no poder haber hecho nada con su hijo”. No solamente el imputado fue quien reconoció que se le disparó su arma reglamentaria. Los testigos de ese 21 de enero también aseguraron que el uniformado, quien se encargaba de velar por la seguridad del lugar, fue la persona que disparó en el pecho de Gurrieri, ocasionando la muerte inmediata del joven. Varias personas relataron ante el tribunal que era habitual que Hemmerling cada vez que asistía a la farmacia jugara con su arma, apuntando a quienes trabajaban en el lugar.

    Además, comentaron que en reiteradas oportunidades el policía gatilló su pistola, sin estar cargada, generando una paranoia desmedida entre los trabajadores del local. Tres personas que se encontraban en el interior de la sucursal de la cadena de farmacias Mesura cuando se produjo el trágico hecho mencionaron que cuando escucharon el estallido, oyeron decir a Hemmerling: “Me mandé una cagada. Se me escapó un tiro. Voy a perder el trabajo”. En relación con este tema, las tres personas coincidieron en que les “molestó” sobremanera esta actitud del policía, ya que “daba la sensación de que le importaba más su trabajo que la vida de Milton”.

    A su vez, coincidieron en que las últimas palabras de la víctima, mientras se encontraba en el suelo y mirando a su asesino, fueron: “Mirá lo que me hiciste, me cagaste la vida”. Ahora, si bien la Justicia Civil ordenó que se indemnizara a los padres de Gurrieri, nada ni nadie compensará la vida del joven, que nadie mejor que él definió lo que hicieron con ella antes de dar el último suspiro.

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