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5 de octubre de 2009
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BOCA JUNIORS - VÉLEZ SARSFIELD

Con el optimismo del gran Martín

Con un cabezazo de Palermo desde 40 metros, el Xeneize ganó un partido muy complicado frente al Fortín.

BUENOS AIRES (DYN). Boca Juniors le ganó ayer a Vélez Sarsfield 3 a 2 un partido que, por un lado, le significó el triunfo que necesitaba de modo impostergable, pero, además, lo hizo al cabo de 90 minutos memorables, épicos, en los cuales estuvo dos veces en desventaja y se sobrepuso a sus carencias estructurales para imponerse, porque dejó en la cancha el corazón. Juan Román Riquelme aportó un segundo tiempo estupendo, coronado con un golazo, el segundo; Martín Palermo le agregó un capítulo a la fantástica novela de su vida, marcando un gol de cabeza de 40 metros, y Sebastián Battaglia fue el abanderado que sostuvo a su equipo de pie en los peores momentos y, además, aportó el primer gol.


     Vélez, que iba ganando 1-0 y 2-1, con tantos de Leandro Caruso, se mostró como un equipo más ordenado, pero esta vez permitió que su rival lo superara en actitud y así se le escapó una victoria que tuvo al alcance de la mano. A los 6 minutos, Cabrera ganó por derecha, ante un quedo de Paletta que lo habilitó, y sacó un centro al primer palo que Caruso conectó al gol. El empate estuvo cerca a los 23, en una jugada individual de Monzón, que concluyó con un disparo desviado, y a los 34, cuando Montoya sacó con esfuerzo una volea de Battaglia. Y finalmente llegó a los 35 a través del propio Battaglia, quien cabeceó con fuerza y precisión un tiro de esquina servido por Insúa desde la izquierda. Comenzó el segundo tiempo y Vélez pegó en frío, ya que antes de los 2 minutos, López peleó en el área ante cuatro rivales que no atinaron a despejar y el balón le quedó servido a Caruso, quien de zurda y sin marca sometió a Abbondanzieri.


     El delantero uruguayo pudo liquidar el partido tres minutos más tarde, cuando conectó defectuosamente un centro de Papa solo ante el arco. Boca era el mismo del primer tiempo, jugaba con coraje y determinación pero se exponía, porque no cubría bien la cancha y dejaba muchos espacios. La principal diferencia estuvo dada por el crecimiento de Riquelme, quien se olvidó de sus dolores, se hizo cargo del equipo y a los 19 empató con un derechazo imponente desde fuera del área que clavó la pelota en el ángulo izquierdo del arco de Montoya. Casi de inmediato, un tiro libre de Zapata estuvo a punto de convertirse en el 3-2 para Vélez, pero Abbondanzieri logró controlar en dos tiempos.


     A los 29, llegó uno de esos goles propios de Palermo, que no pueden estar en las previsiones de nadie, porque el delantero le puso la cabeza a la salida del círculo central a un mal rechazo de Montoya con el pie y el balón recorrió más de 40 metros hasta meterse en el arco vacío. Vélez sólo volvió a estar cerca del gol en el minuto 46, con un cabezazo desviado de Zárate, pero había dejado pasar su momento, y Boca, con todo lo que puso y a despecho de todo lo que le sigue faltando, había desatado una fiesta que se estaba haciendo esperar.

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