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27 de julio de 2020
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Astrología

¿Cómo vivir en sociedad sin perder mi identidad?

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Ser aceptados y pertenecer a un grupo es parte del instinto gregario con el cual nacemos. Probablemente esté muy vinculado a programas ancestrales de supervivencia y sea una dotación genética importante de nuestra identidad biológica. Somos seres profundamente complejos, hay elementos de nuestra biología y psiquismo que funcionan en automático y está muy bien porque gracias a ellos podemos vivir. El asunto es que no todo lo que funciona en automático es esencial para nuestra supervivencia y con el tiempo termina transformándose en una limitante más que en un mecanismo de cuidado.

Identificar lo que nos limita no es fácil ni rápido. Tampoco hay atajos y muchas veces requiere años de terapia, constante motivación y disciplina para cambiar hábitos y sin duda de muy buena compañía que transite a nuestro lado e ilumine la ceguera que muchas veces tenemos.

Un granito de arena en este camino nos aporta la astrología. Nos cuesta verbalizar, aún más si somos adultos, porque creemos que es un problema que deberíamos atravesar sólo durante la adolescencia pero la verdad es que desde que nacemos hasta el día que partimos estamos en un constante movimiento para ser lo suficientemente normal o común para pertenecer a un grupo y sin perder nuestra propia individualidad en el camino.

El asunto es ese. No es un desafío que se acaba a los 18 ni a los 21 años, es un esquema de funcionamiento que nos acompaña siempre. Uno de los elementos más valiosos de las astrología es que siempre ve al humano como un ser en devenir: nunca terminamos de conocernos y está bien ya que desde una mirada astrológica no existe la madurez.

El primer desafío es pertenecer a la familia en la cual crecemos. Padres, hermanos, primos, abuelos y tíos... todos son miembros del clan que tiene normas reglas y tradiciones. Tiene dinámicas y formas de hacer las cosas que aprendemos por instrucción directa o simplemente observando y copiando. Somos seres intrínsecamente meméticos aunque no seamos conscientes de lo que vamos copiando.

Después aprendemos a pertenecer a la escuela, universidad y los distintos tipos de trabajo con cada uno de los grupos sociales que conlleva. Cada eslabón implica un clan, una cultura, una estructura de normas explícitas e implícitas. Cada lugar habitado por un grupo de personas relacionadas entre sí termina siendo un clan. Al crecer, pertenecer no es mecanismo de supervivencia: es un mandato social. Aquí es dónde yace el origen de muchos males de lo que llamamos “adultez”.

Cuando avanzo siguiendo la línea trazada por el 90% de la curva de Gauss que marca lo que es “normal” en vez de hacer un pausa a diario y tomar el tiempo para evaluar si es lo que quiero y lo que necesito, ahí es donde nos perdemos. Si no definimos nuestros propios cánones de éxito, bienestar, tranquilidad es imposible que podamos disfrutar de cosas simples como una relación de pareja, una familia y un trabajo. Para la astrología está directamente el equilibrio de quien soy con la familia que construyó, el tipo de pareja en el que me vinculo y la calidad de trabajo y éxito social que recibo. Autoconocerse no es automático, requiere tiempo y dedicación mental, emocional y física. No es una moda ni una actividad para gente rica, con tiempo y sin problemas reales. Autoconocerse es desarrollar la disciplina básica de observarse a sí mismo a diario y es tan antiguo como el origen de las más grandes civilizaciones humanas, es por eso que el oráculo de Delfos situado en Grecia en el monte con el mayor templo dedicado al dios Apolo decía: "Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al universo".

Es imposible elegir bien, vivir a pleno y disfrutar de los días si no sabemos quienes somos, lo que buscamos y cómo funcionamos. Ser honesto y conocer nuestra propia verdad es la base de toda sociedad, es la base de toda felicidad.

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