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26 de agosto de 2006
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NIÑEZ

Cómo tratar la fiebre

Una guía práctica para saber qué hacer cuando sube la temperatura en los pequeños.

    La fiebre es una respuesta del organismo desencadenada por un agente infeccioso (virus, bacterias, hongos, parásitos) u otros procesos de base inflamatoria. La misma no debe considerarse un síntoma de alarma, salvo si el niño tiene menos de tres meses de edad, su temperatura es superiora 41 grados centígrados, lleva cuatro o más días afiebrado o presenta síntomas alarmantes, casos en los que hay que acudir inmediatamente al médico. Los padres deben prestar atención a la fiebre pero, sobre todo, al estado del niño en general. Si tiene fiebre alta, no hay que alarmarse a no ser que al mismo tiempo presente decaimiento, somnolencia o una afectación inminente.

REALIDAD O MITO. Aunque popularmente se ha creído que la elevación de la temperatura corporal por encima de sus valores normales es negativa, en realidad es un sistema de defensa. Su aparición avisa de que está sucediendo algo anómalo en el organismo.

¿CUANDO SE HABLA DE FIEBRE? La temperatura febril será diferente dependiendo del lugar donde se ponga el termómetro. Hay fiebre si la temperatura supera: en el recto, los 38ºC; en la boca, los 37,5ºC ; en la axila, los 37,2ºC, o en el oído, los 38ºC. Todo padre debe tener presente que se considera que la temperatura corporal normal oscila entre los 35,5 a 37,5 grados centígrados, dependiendo de la persona y otras condiciones físicas (abrigo y ejercicio, por ejemplo).

¿HAY DIFERENCIA SIGNIFICATIVA ENTRE LOS PROCESOS FEBRILES? El patrón de fiebre varía según la edad del niño y la causa productora del aumento de la temperatura. En el recién nacido, la presencia de fiebre o hipotermia (temperatura corporal menor de 35,5 grados centígrados) obliga el descartar infecciones graves en los niños de esa temprana edad. Los chicos menores de 3 meses con un episodio febril agudo, acompañado o no de otros síntomas, deben ser evaluados cuidadosamente para descartar infecciones bacterianas graves. Si bien las infecciones virales son las más frecuentes, a menudo es dificultoso diferenciarlas clínicamente de las infecciones bacterianas serias (neumonía, meningitis, bacteriemia oculta, y otras).

    En los niños mayores de 3 meses, y hasta los 2 años, en su gran mayoría los procesos febriles se relacionan con causas virales y bacterianas, localizadas a través del examen físico. De todos modos, cuando en algunos casos no se encuentra ese foco infeccioso, se hace necesario recurrir a métodos complementarios (análisis de sangre u orina) para la búsqueda del mismo.

TERMÓMETROS, LA MEJOR HERRAMIENTA. Hay tres tipos de termómetros: los clásicos de mercurio, los digitales y los timpónicos, que se ponen en el oído. Todos son precisos, a diferencia de las cintas-termómetro que se colocan en la frente. Según lo que opinan muchos especialistas, no dan lecturas precisas.

CÓMO TOMAR LA TEMPERATURA. Si utiliza termómetro de mercurio, agítelo bien hasta que el mercurio baje y permanezca al lado del niño mientras lo tiene puesto (de 3 a 5 minutos suele ser suficiente), ya que, al ser de vidrio, podría romperlo o hacerse daño. Si se lo pone en la boca, evite que tome líquidos fríos o calientes durante los quince minutos previos. Al acabar, lave bien el termómetro con agua fría y jabón y guárdelo en algún lugar fuera del alcance del pequeño.

QUÉ HACER SI EL PEQUEÑO TIENE FIEBRE. Deje al niño con poca ropa de abrigo, en pañales o con un pijama ligero, mantenga la habitación fresca y ventilada, evitando las corrientes de aire, y proporciónele abundante líquido. En general, los pediatras aconsejan evitar las fricciones de alcohol o la administración al pequeño de enemas de agua fría para evitar descensos bruscos de temperatura y otros trastornos peligrosos.

    Asimismo, los especialistas en la materia sólo aconsejan dar fármacos antitérmicos, como paracetamol o ibuprofeno, únicamente cuando esté indicado y la fiebre produzca malestar en el niño, lo que habitualmente sucede cuando la temperatura es superior a 39-39,5ºC. No se deben administrar antibióticos sistemáticamente: en la mayoría de los casos la fiebre tiene un origen vírico y darles estos medicamentos no sólo resultará inútil, sino contraproducente.

    Por último, los padres deberán contactarse urgente con el pediatra si: el niño tiene menos de 3 meses, o si tiene más de 3 meses y además de fiebre presenta síntomas tales como somnolencia, mareos o comportamiento anormal, convulsiones, vómitos, dolor de cabeza o irritabilidad, erupciones o manchas en la piel, alteraciones en su respiración normal, dolor continuado, o bien no utiliza normalmente alguna extremidad.

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