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17 de septiembre de 2013
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Cómo ser una actriz polifacética y no fracasar en el intento

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Paula quiso ser actriz desde chiquita, pero entendió que debía formarse bien y viajó a Nueva York para estudiar arte durante cinco años. Los sueños y la disciplina de una artista en ascenso.

Se sienta a charlar  en un bar de Palermo y no llama la atención. Tampoco le importa si la reconocen o no. Sin embargo, cada noche, cuando en el teatro comienza la función, Paula Reca crece, se transforma, empieza su propia travesía. A través del personaje de Sophie, en el musical Mamma Mia!, y por dos horas y media, ella canta, baila y se entrega en cuerpo y alma al público. Después, cuando vuelve a su departamento, es una chica común del barrio de Palermo, que fue al mismo colegio toda su vida, con los mismos amigos de siempre, y que además es la segunda de seis hermanos a los que adora.

Aunque le faltan dos años para llegar a los 30, tiene un gesto casi infantil en la cara. “Nadie me da más de 23”, dice. Paula es la combinación de un padre trabajador y aventurero y una madre “muy mamá”, con gran inclinación artística: “Me llevo muy bien con los dos. ¡Siempre me apoyaron! Yo era chica cuando decidí mudarme a Nueva York, tenía 18 años y recién terminaba el colegio. Ellos me apoyaron y acompañaron en todo momento”.

“Papá (Guillermo Reca) es economista y muy divertido; le gusta escalar, ir de campamento con amigos, viajar, conocer lugares nuevos. Él siempre me impulsó a llevar adelante mis proyectos, nunca sintió miedo: ni cuando le dije que quería ser actriz, ni cuando decidí irme sola a conocer China de mochilera. Mamá fue siempre la madre perfecta. Quería una familia de muchos hijos y nos tuvo a nosotros seis. Estudió Letras y Bellas Artes, pinta cuadros y siempre está pendiente de nosotros; es una genia”.

Paula vive sola en un departamento de Palermo; se fue de su casa apenas terminó el colegio y tomó la decisión de seguir su carrera de actriz estudiando en el Tisch School of the Arts de Nueva York. “Quería estudiar afuera, en Londres o en Nueva York, pero salió lo de Estados Unidos y me fui. No lo pensé dos veces, era mi sueño –cuenta–. Estuve cinco años y viví una experiencia única, privilegiada. Conocí gente de todo el mundo, tuve maestros increíbles, posibilidades de audicionar ante directores fuera de serie... Filmé cortos y hasta hice el protagónico en un largometraje, Tom’s Phone (El teléfono de Tom). Después volví, me incorporé al elenco de Casi Ángeles y me sumé también en la temporada de teatro del Gran Rex”.

A Casi Ángelesle siguió el musical La novicia rebelde. En esa obra, Paula jugó el papel de Luisa, una de las hijas del Capitán Von Trapp: “La novicia rebeldefue algo muy grande pero, a la vez, muy cansador. Como trabajaban muchos chicos, siempre había adultos presentes. Por eso, se daban muchas interrupciones y se hacía muy largo. Por otro lado, la obra en sí era larga y densa, muy bien preparada y completa. ¡Cada función duraba tres horas!”.

Este enorme entrenamiento significó mucho para Paula, ya que después de esa gran experiencia la convocaron para ser coprotagonista de Mamma Mia!, el musical que está este año en cartelera en el teatro Opera. Además, el año pasado Paula fue convocada para hacer el papel de Dolores Helguera en la película sobre Belgrano, durante el año del Bicentenario. “Esa fue mi primera vez en el cine argentino –dice–. Fue fascinante actuar con trajes de época y, encima, de la mano de Juan José Campanella, con actores de la talla de Pablo Rago o Valeria Bertuccelli… Toqué el cielo con las manos”.

–Paula, ¿cómo fueron tus estudios en Nueva York?

–Fue muy exigente, pero como era consciente de que era una privilegiada por poder estudiar allá, lo aproveché al máximo y me lo tomé muy en serio. Fueron cinco años de clases todos los días, desde la mañana hasta las seis de la tarde. Estudiás teoría de las artes dramáticas y tenés muchas clases de canto, baile y actuación. Tuve la oportunidad de hacer seminarios con profesores o directores muy copados, gente que venía de otros países y estaba súper preparada. Los sábados y domingos eran las audiciones y las jornadas se hacían largas, pero si querías trabajar en algún corto, una película o algún proyecto, tenías que audicionar. No es que te pagaran por esos trabajos, pero te servían para ir haciendo tu porfolio.

–Los musicales son muy exigentes: hay que cantar, bailar, seguir las coreografías… ¿Cómo hacés para renovar fuerzas en una obra que requiere tanta entrega?

–Intento lograr que cada función sea única. Es mi oficio: darme por entero al público cada vez. Muchas veces, cuando escucho la música con la que comienza la obra, me digo a mí misma: “¿Cómo hago para hacerlo todo otra vez?”. Pero al rato, cuando me meto, todo fluye y ahí estoy de nuevo viviendo la vida de mi personaje, y yo, Paula, ya no es la que está en el escenario.

–Tenés varios hermanos. ¿Te llevás bien con ellos?

–Sí, tengo tres hermanas y dos hermanos. Nos llevamos todos muy bien. ¡Mis padres construyeron una familia bellísima! Algunos de ellos también tienen relación con el ambiente artístico, como Sofía, de 29, que se hizo famosa en Disney Channel; o Maxi, de 25, que condujo programas y trabaja ahora en tele. Después vienen Dolores, de 22; Soledad, de 21; y Lucas, de 16.

–¿Qué te gusta hacer, además de actuar, cuando estás en tu casa, o con tus amigas, o de vacaciones?

–Me gusta mucho la lectura. Disfruto mucho de un día sola en mi casa con un libro ansiado. También me divierte buscar ropa para reciclar, vintageo retro, algo que me quedó de mis años en Nueva York. No me gusta ver tele; de hecho, no tengo televisión en casa porque no me gusta colgarme haciendo zapping. Si hay algo que realmente me interesa, lo veo por Internet.

–¿Disfrutás más de la televisión, el teatro o el cine?

–Los tres rubros me gustan muchísimo y la verdad es que me cuesta elegir. Creo que eso depende del proyecto, del personaje, del director y todas esas cosas. Cuando me preguntan esto, siempre digo que la televisión es un lugar donde se trabaja muy rápido, sin ensayo y, entonces, el actor desarrolla una gran capacidad para resolver cualquier situación. El cine es... ¡simplemente hermoso! En el cine son miles de personas trabajando juntas para lograr una imagen, para lograr fotos en movimiento. ¡Es magnífico! Y el teatro es un evento mágico porque lo que sucede es único e irrepetible.

–¿A qué actores o actrices admirás?

–Admiro a Norma Aleandro y a Mercedes Morán. Ellas son como un referente o un ejemplo de la actriz argentina para mí. Si te nombro a todas las personas con las que me gustaría trabajar, creo que no terminaría nunca. Pero entre ellos sin duda estarían Lucrecia Martel, Pablo Trapero, Lucía Puenzo, Claudio Tolcachir y Daniel Veronese. Todos ellos son artistas con un sello muy personal y me encantaría ser parte de sus obras.

–¿Tenés planes de formar una familia en el futuro? Supongo que el modelo familiar propio ha dejado huella en vos...

–Supongo que el modelo familiar siempre deja una huella en uno ¡y más todavía cuando ese modelo a uno realmente le gusta! Entonces, por un lado, tengo un modelo que me gustaría repetir, pero por otro lado, no soy una mujer apurada por casarse y tener hijos. Estoy de novia hace poco y él no tiene nada que ver con el ambiente, aunque me acompaña mucho. No necesito tener hijos o casarme ya. Supongo que eso vendrá cuando venga...

–¿Cómo te ves en diez años?

–Me gustaría estar involucrada en la parte de producción y dirección de los proyectos en los que trabaje, además de actuar. ¡Sueño con una compañía de teatro que viaje por el mundo!

–Cuando eras chica, decías: “Cuando sea grande voy a ser...” ¿qué cosa?

–Cuando sea grande voy a ser una gran actriz.

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