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30 de octubre de 2009
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CRÍTICA DE LA SEMANA

Como pelotitas de metegol para los K

Ley de Medios, primero, para revolucionar un país que hasta ese momento parecía preocupado por los asuntos importantes y relevantes, como son siempre el trabajo, la seguridad y la pobreza. Ahora, la reforma electoral, para revolver en las entrañas mismas de una dirigencia política cada vez más atónita, inexpresiva e idiota. El único que en el país está haciendo política se llama Néstor Kirchner y va por todo con la vista fija puesta en la vuelta a la primera magistratura en el 2011.

    Ley de Medios, primero, para revolucionar un país que hasta ese momento parecía preocupado por los asuntos importantes y relevantes, como son siempre el trabajo, la seguridad y la pobreza. Ahora, la reforma electoral, para revolver en las entrañas mismas de una dirigencia política cada vez más atónita, inexpresiva e idiota. El único que en el país está haciendo política se llama Néstor Kirchner y va por todo con la vista fija puesta en la vuelta a la primera magistratura en el 2011. ¿Cómo frenar a Kirchner? O, ¿cómo pararse frente a su inacabable capacidad para bombardear iniciativas que tienden, en mayor o menor medida, a cubrirse de represalias y repercusiones legales frente a la estela de acontecimientos que ha dejado en el país durante el último lustro?
    Mendoza está sometida a los designios de aquel hombre. No sólo es así porque la administración institucional está hoy en manos de un gobierno peronista e, inexplicablemente, dudó siempre en asumirse a sí misma pingüino, sino, además, porque el sistema con el que los Kirchner cimentaron pacientemente el poder se configura sobre la base del férreo control de los recursos, de todos: de la plata, del acceso al crédito y de la iniciativa política, este último quizás el recurso más escaso con el que haya contado la gestión de Celso Jaque hasta el momento.
    Mendoza ha caído en la trampa y no supo encontrarle la vuelta para ganar en un nivel de autonomía propia que necesita para ser y verse a sí misma como debiese. Ahogada financieramente, con intendencias que no pueden pagar ya no sólo a sus proveedores, sino tampoco los sueldos de sus empleados, está condenada a mendigar en los pasillos de la Rosada esperando que le llegue el turno de atención, no de Cristina ni de Boudou ni de De Vido, sino de José López, el secretario de Obras Públicas del Ministerio de Infraestructura, el hombre puesto a ensobrar miserables sumas de dinero que han comenzado a recibir los municipios de todo el país como salvataje en medio de la crisis, insuficientes sumas de dinero que van de los 300 mil a los 500 mil pesos y por las que los intendentes deben volar hacia Buenos Aires para firmar los convenios, porque, sin ellos, la plata no les llega.
    No hay fuerza específica para nada, no hay valor agregado que permita que la provincia y sus gobernantes al menos sobresalgan con planteos de dignidad. No hay lugar para semejantes locuras. Se cumple una regla irrenunciable en el reino de los K: primero el superávit nacional para luego ver lo que ocurre por las provincias, así confesado por los legisladores nacionales peronistas que explicaron su voto afirmativo al presupuesto 2010 en Diputados. Y mientras se llega al objetivo, las provincias, obligadas a pelearse entre sí por lo que la Nación esté dispuesta a ceder, migajas como los diferimientos impositivos, una partida para un camino aquí o un puente más allá. Pobres contra pobres, gracias a un sistema que sometió a los estados provinciales por años, estrujándoles recursos amén de tener todos los servicios esenciales descentralizados en sus manos, pero sin medios para sostenerlos.
    Y la tragedia de Mendoza es que ni siendo una provincia K, como lo es, aunque a Jaque le haya costado tanto asumirse como pingüino, ni siquiera reconociéndose así hoy podría ser beneficiada en algo. Es terrible. La reforma política propuesta por Kirchner al Congreso y que habría esbozado Carlos Zanini, el influyente asesor ideológico y consejero legal del matrimonio presidencial, tiene que ver con todo esto. Con el sostenimiento de una estructura que comenzó a resquebrajarse con el último resultado electoral, pero que sigue en pie, merced a una dirigencia opositora que tiene líderes, en su ma y o r í a , i n d i g nos de lo que dicen representar, porque son conscientes muchos de ellos de que la gente sabe que usufructuaron en mayor o menor medida de lo que hoy dicen criticar.
    Tienen poco vuelo y mínima autoridad. Julio Cobos es quizás el exponente más claro de esa dirigencia y Cobos lo es por partida doble, no sólo porque cumpla con los requisitos del político que se plegó a Kirchner y lo aplaudió en su momento, sino porque es el político con mayores posibilidades en toda la oposición de terminar con el reino del santacruceño. Por eso, la reforma va contra el mendocino vicepresidente, está claro también. En términos generales, el proyecto dado a conocer esta semana establece obstáculos para las minorías partidarias de todo el país, sean provinciales o regionales, porque deberán acceder a las primarias obligatorias y simultáneas con el aval del cuatro por mil de sus afiliados, además, ya en la contienda, para pasar a la general, deberán haber obtenido tres por ciento de los votos válidamente emitidos.
    El bipartidismo se acentúa e impide que un candidato que haya perdido en la primaria se presente por otro partido en la general. De ahí que, se entiende, Kirchner se juega a todo o nada, como ya lo resolvió desde que su esposa, Cristina, comenzó a ser jaqueada por su propia inoperancia y por otros factores, como la crisis que no ha podido frenar y el desgaste galopante que ha llevado al matrimonio a tener el más bajo índice de popularidad desde que comenzaron a manejar los hilos de la política argentina.
    Y en cuanto al financiamiento de los partidos y de sus campañas, el proyecto se mete de lleno en el control de las pautas de propagandas, impidiendo que los partidos contraten por su cuenta en el espacio audiovisual, tema que quedará bajo la estricta supervisión del Gobierno nacional, que será el encargado de repartir los espacios: 50% entre todos los contendientes y el 50% restante según los votos obtenidos en la última elección. El proyecto pone a la principal fuerza de oposición, la UCR, en la obligación de definir sus internas sangrientas y resolver el entuerto con Cobos, porque lo que tiene uno no lo tiene el otro y viceversa. Una estructura sin candidato y un candidato sin estructura.
    Tarea difícil y cuesta arriba la de los radicales, que, además, deberán sí o sí tranzar con un peronista de peso en Buenos Aires para pelear con alguna posibilidad de triunfo. Y, aquí en Mendoza, sacar de juego a la Convergencia de Roberto Iglesias, quien ha comenzado a preparar un movimiento de pensamiento y estudio, dice, para pelear por el control de la provincia desde un espacio independiente, con radicales o sin radicales.

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