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14 de septiembre de 2020
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Astrología

Cómo entender las señales de universo

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Existe una fuerza vital que nos impulsa a encontrar algo por lo cual ser recordado. A sincerarnos y aceptar que nadie nos enseña a balancear estas dos grandes fuerzas: ser único y pertenecer.

Dicen que el ser humano es la única especie viva que se da cuenta que existe una realidad superior a él, esto se debe básicamente a nuestra capacidad cognitiva de autoconciencia. Es decir, nos damos cuenta que somos un individuo separado e independiente del sistema en el cual nos desenvolvemos. Más allá de no entender el lenguaje de los animales, plantas y otras especies que habitan este planeta, ese postulado se basa en estudios relacionados con el cerebro y las formas de comunicación.

Tener la capacidad de autoconciencia nos ha permitido sin duda evolucionar y por sobre todo es una de las capacidades vitales vinculadas a la vida más allá de la sobrevivencia. La autoconciencia nos permite aprender de nuestros errores, nos impulsa a descubrir nuestra propia individualidad y es la base para todo proceso creativo. Sin embargo, ser autoconscientes tiene una gran consecuencia: nos sentimos solos. Para comprender que somos seres individuales necesariamente necesitamos sentirnos separados de un otro, de un sistema, de una familia, de un universo. A medida que vamos creciendo nadie nos explica esta delgada línea que debemos mantener en balance el resto de nuestra vida: ser únicos y comprender que seguimos siendo parte de un todo.

Las personas aparentemente buscamos nuestra creatividad, individualidad y talentos. Pero la verdad, es que encontrarlos exige pagar un precio: salir de la manada. Ser diferentes no es gratis ya que se corre el riesgo de ser expulsado y en nuestro cerebro paleolítico están los residuos psicológicos del destino que corre quien no tiene tribu: la muerte. Por ende de cierta forma no es muy buen negocio ser diferente. Sin embargo, da la impresión que existe una fuerza vital que nos impulsa a encontrar un camino, un nombre, una característica, algo por lo cual ser recordado. Sacar el manto sobre esta verdad oculta, sincerarnos y aceptar que nadie nos enseña a balancear estas dos grandes fuerzas: ser único y pertenecer es el primer paso para entender las señales del universo.

Sin el acto brutal de sinceridad de aceptar que nos habitan estas dos fuerzas antagónicas corremos el riesgo de usar cualquier evento como excusa racional para dejar de lado mi propia responsabilidad. En tiempos antiguos utilizarías la frase de Homero: “Ningún hombre o mujer nacido, cobarde o valiente, puede eludir su destino''. Hoy podemos culpar a las cuentas por pagar, el trabajo, las tarjetas de crédito, la escuela de los niños. Hoy no necesitamos culpar al destino por ser prisioneros de las decisiones que tomamos y no aceptamos como propias.

El universo como orden divino, existe, sin duda, el cómo funciona es un asunto tal vez lejano a nuestra comprensión. Pero comprendernos a nosotros mismos eso sí está totalmente dentro de nuestro rango de acción y alcance. No importa si hay mil vidas o sólo una, no importa si al morir vamos al cielo, al infierno, al olimpo o al valhalla, no importa si tengo un alma, un espíritu, un ego o una mente, lo que importa es que tengo una vida y el cómo decido vivirla es sólo decisión mía. Ese es el gran secreto que cada año la luna nueva en el signo de virgo nos recuerda, en palabras simples ese dicho: “El que tenga vida que viva”.

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