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27 de octubre de 2020
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Cuarentena

Cómo controló Australia la segunda ola del coronavirus

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La ciudad de Melbourne se levantó sin ningún contagio local por primera vez en cuatro meses.

Cuando el coronavirus apareció en marzo por primera vez en Melbourne, Australia, el gobierno australiano no tardó en cerrar establecimientos, playas y aislar a todo el que llegara del extranjero. Dos meses después, la cifra de muertos no superaba la centena en todo el país y los contagios no llegaban a 7.000.

Recién entonces se empezaron a levantar las medidas.

"La exitosa receta australiana para controlar la pandemia", indicaron algunos titulares. Pero llegó una segunda ola al estado de Victoria, con especial fijación en su ciudad más grande, Melbourne, barriendo la nueva normalidad a la que ya se habían acostumbrado sus más de cinco millones de habitantes.

El 7 de julio, en medio del invierno australiano, las autoridades anunciaron que iban a confinar Melbourne hasta el 19 de agosto. Era la primera vez que una ciudad australiana ponía el candado. 

Varios días seguidos reportando más de un centenar de casos tuvieron la culpa. Pero los contagios siguieron subiendo, se empezó a hablar de "estado de desastre" y desapareció una posible fecha de apertura.

Momento de abrir

Este martes, más de 100 días después, Melbourne despertó sin ningún contagio local.

La misma situación ocurrió en la jornada anterior. "Podemos decir que ahora es el momento de abrir", dijo el lunes el primer ministro Daniel Andrews. Había llegado la hora de poner fin a los confinamientos y toques de queda. Melbourne, al menos por ahora, ha controlado los contagios y este martes, a las 23.59, sus ciudadanos podrán salir de casa.

"El lunes se sintió como si toda la ciudad se soltara por primera vez en meses. Durante 16 semanas hemos estado encerrados. Mientras que el resto del país regresó a algo parecido a la normalidad, Melbourne ha estado atrapada en un sueño febril que parecía que nunca terminaría. Ver al primer ministro Daniel Andrews, con la voz entrecortada por la emoción, anunciar ayer que el largo bloqueo estaba llegando a su fin fue un momento que nunca olvidaré. De 725 casos -de contagios- al día a cero. Habíamos hecho lo imposible. A un gran costo y sacrificio, pero lo habíamos logrado", informó en The Guardian la escritora australiana Jill Stark.

Fuente: El Mundo

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