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6 de noviembre de 2006
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Chile aún espera los beneficios del TLC

Desde enero del 2004, cuando entró en vigencia el tratado de libre comercio con EEUU, aumentó el intercambio comercial, pero no llegan las prometidas inversiones

    El tratado de libre comercio (TLC) de Chile y EEUU no ha revivido la inversión estadounidense en el país austral, como habían augurado sus partidarios, a pesar de que sí ha aumentado de forma drástica el comercio entre las dos naciones. Mientras que el flujo de bienes entre ambos países creció 140 por ciento entre enero y agosto de este año en comparación con el mismo período del 2003, antes de que entrara en vigor el pacto, EEUU ha dejado de ser el principal inversor extranjero directo en Chile.

   En el 2004 y el 2005, sólo 2,8 por ciento del capital que entró en Chile fue de EEUU, comparado con 60,8 por ciento de cuota de España, según datos del Comité de Inversión Extranjera de Chile. Este resultado es paradójico porque el comercio y la inversión suelen ir ligados, dado que la compra y venta de productos establece relaciones empresariales y abre nuevas oportunidades de negocio.

    Además, el TLC contiene un capítulo sobre inversión que da seguridad a las empresas estadounidenses de que Santiago no cambiará las normas legales de la noche a la mañana para su perjuicio. Cuando se negoció el pacto, sus partidarios auguraron que traería más inversión estadounidense a Chile. Washington aún usa el mismo argumento para vencer la oposición a otros acuerdos similares, como los logrados con Perú y Colombia, que están pendientes de aprobación.

    Sin embargo, el ejemplo de Chile no es halagüeño, pues la entrada en vigor del pacto en enero del 2004 no logró detener la bajada de la inversión estadounidense. Su volumen pasó de 1.808 millones de dólares en el 2001, a 550 millones en el 2002, 373 millones en el 2003, 124 millones en el 2004 y 78 millones el año pasado, de acuerdo con el comité.

    La misma tendencia no se refleja en el monto total de inversión directa externa en Chile, que ha sufrido altibajos en los últimos años, con ejercicios muy buenos –como en el 2004, cuando entraron 4.634 millones de dólares, y el 2002, con 3.381 millones– frente a otros más débiles como el del 2005, con 1.918 millones, y el del 2003, con 1.286 millones.

    Ninguno de los expertos consultado por Efe supo explicar la razón de la pérdida de interés en Chile entre las compañías de EEUU. El embajador de Chile ante la Casa Blanca, Mariano Fernández, descartó que sea una señal de falta de confianza en su economía. “Efectivamente, la inversión de EEUU ha caído en los últimos años, estamos estudiando las razones, pero es probable que sea coyuntural”, dijo el diplomático.

    Sin embargo, su reducción a un nivel mínimo preocupa a Michael Grasty, presidente de la Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio. “No creo que sea porque Chile esté haciendo algo malo, pero tampoco está haciendo nada nuevo, no está siendo lo agresivo que podría ser y ahí la responsabilidad está compartida entre el sector empresarial y el sector gubernamental”, manifestó.

    Grasty señaló que los grandes negocios en telecomunicaciones, infraestructuras y salud ya se han realizado y son los que explican la entrada de fuertes flujos extranjeros en el pasado. En cambio, ahora Chile se enfrenta al desafío de atraer a empresas estadounidenses de sectores menos desarrollados, en especial el tecnológico, que le permitan romper la dependencia de su economía a los vaivenes de los precios del cobre y otras materias primas, indicó Grasty.

    Fernández coincidió con este análisis. “A Chile le interesa mucho la alta tecnología y el turismo, que son inversiones de nicho, no de 1.300, sino de 80, 50, 20 millones” de dólares, dijo el embajador. Sin embargo, Grasty se quejó de que el nivel educativo no es lo suficientemente alto como para seducir a las empresas tecnológicas a ir a Chile, donde menos de 2 por ciento de la población es capaz de trabajar en inglés, según un estudio de la cámara.

    En cambio, Pablo Molina, el economista encargado de Chile en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), no cree que la educación sea un obstáculo para la inversión en el país austral. “No hay problemas de cobertura, sino de calidad” de la formación, como en las propias naciones desarrolladas, afirmó Molina. A su juicio,“el país es ideal para la inversión extranjera directa”, pero él tampoco supo explicar por qué las compañías estadounidenses no lo ven así.

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