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14 de diciembre de 2006
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Chance histórica para los partidos chilenos

La muerte del ex dictador Pinochet abre la posibilidad de que los dirigentes políticos, tanto de izquierda como de derecha, puedan sobreponerse al odio y coincidir en la condena histórica del tirano

         La muerte de Augusto Pinochet, quien marcó la historia de Chile durante más de 30 años, cierra una etapa del país, al tiempo que abre una nueva fase llena de retos, especialmente para los políticos, quienes deberán replantearse la vigencia de sus alianzas. Según el analista Eugenio Tironi, esta nueva época de la democracia chilena “hay que procesarla bien”, pues es una oportunidad “para que mejoremos como sociedad”. “Pinochet ya no está, pero las misteriosas fuerzas que desató siguen entre nosotros”, dijo Tironi, quien agregó que “es la hora de reflexionar sobre nuestra sociedad, que en un momento lo creó (a Pinochet) y lo respaldó para, finalmente, expulsarlo”.


         A juicio de los expertos y dirigentes políticos chilenos, la muerte del que fuera un dictador de la época de la guerra fría dará paso a una sociedad más moderna y abierta, incompatible con el historial de violación a los derechos humanos y corrupción del régimen que el ex general lideró durante 17 años. En el ámbito político, aunque Pinochet prácticamente desapareció de escena hace ya varios años, su deceso plantea interrogantes sobre la supervivencia tanto de la coalición oficialista como de la oposición derechista, ambas con divergencias internas.


        En los últimos días, han proliferado los comentarios sobre una eventual división de la gobernante Concertación de Partidos por la Democracia, formada por socialdemócratas y democristianos, creada para combatir la dictadura, la que gobierna Chile desde 1990. Pocas horas después del funeral de Pinochet, cuyo cadáver fue incinerado el martes, los dirigentes de la Concertación reafirmaron la vigencia de la coalición como una fuerza que ha logrado proyectarse más allá de su génesis como oposición al régimen militar.


        La presidenta de la coalición que aglutina a socialistas, socialdemócratas y democristianos, Soledad Alvear, señaló que Pinochet representó la división de los chilenos y la lógica de “enemigos y amigos”. La senadora y ex canciller reconoció que efectivamente la Concertación se formó para derrotar políticamente a una dictadura, pero que con el tiempo “logró transformarse en un proyecto de país”. Sin embargo, las diferencias internas de la coalición no han sido pocas, especialmente entre el ala socialdemócrata más liberal y la más conservadora Democracia Cristiana, enfrentadas en asuntos como el divorcio, el aborto o la píldora del día después.


        Según los analistas, la coalición oficialista, cada vez más desgastada en el ejercicio del poder, tiene que revisar a fondo estructuras y renovar una anquilosada cúpula dirigente, que lleva 16 años en el poder. Por su parte, la derecha opositora que sustentó políticamente el régimen pinochetista puede por fin liberarse, por razones biológicas, de la pesada mochila que le dejó el dictador como legado y que le ha impedido llegar al poder desde que Chile recuperó la democracia.


        La derecha, que gobernó con Pinochet entre 1973 y 1990, había comenzado a apartarse de la figura del ex dictador a partir de su detención en Londres en 1998 y de los procesos por violaciones de derechos humanos. Pero el cisma se ahondó tras el descubrimiento en bancos del exterior de millonarias cuentas secretas a nombre del ex dictador y su familia, tras lo cual fue procesado por corrupción. Sin poder acceder al Gobierno, básicamente por su identificación con la dictadura, a lo que se suma su falta de cohesión y sus continuas rencillas internas, la derecha tiene ahora que demostrar que puede dar gobernabilidad al país.


        Los analistas coinciden en que esta es la oportunidad de la oposición de dar un paso adelante y desprenderse de su pasado autoritario. Según José Miguel Izquierdo, catedrático de la Universidad Diego Portales, tanto los actores políticos como la sociedad “van a tener que hacerse cargo de permitir que un dictador muriera sin ser juzgado ni condenado por sus crímenes”.


       El director del Programa Sociedad y política del derechista instituto Libertad y Desarrollo, Ignacio Illanes, subrayó que la figura de Pinochet “ha tenido un efecto político en cuanto a mantener unida a la Concertación y convertirse en un foco de ataque a la alianza derechista”. “Este incidente (la muerte de Pinochet) cierra ese ciclo y alguien podría aventurar que la muerte del ex dictador es un cierre de la transición”, sentenció.

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