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19 de noviembre de 2009
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Castigo

Al vago se le saltó la cadena, se salió de pista, se fue a la banquina. Diego Armando Maradona habló después del partido con Uruguay y dijo: ¡Ay! No. No me animo a repetir sus palabras. Porque fueron más crudas que asado hecho con papel de diario. Bueno, ya todos en nuestro país saben lo que dijo Diego. Es más, todo el mundo lo sabe, porque los medios de información de todo el mundo se encargaron de repetir la historia hasta el cansancio.

    Al vago se le saltó la cadena, se salió de pista, se fue a la banquina. Diego Armando Maradona habló después del partido con Uruguay y dijo: ¡Ay! No. No me animo a repetir sus palabras. Porque fueron más crudas que asado hecho con papel de diario. Bueno, ya todos en nuestro país saben lo que dijo Diego. Es más, todo el mundo lo sabe, porque los medios de información de todo el mundo se encargaron de repetir la historia hasta el cansancio. El país se dividió, ¡Cuándo no va a estar dividida Argentina!

    Unos lo criticaron duramente y otros, como el presidente de la AFA, el eterno Grondona, trató de minimizar el asunto, diciendo que había actuado bajo efectos de una emoción violenta. ¿Por qué? ¿Le habían pegado? ¿Le tocaron el dorso? ¿La insultaron a Giannina? ¿ Le hicieron un capachito con chiflido? El asunto quedó en suspenso. Pero, la FIFA lo tuvo en cuenta y le dijo al Diego: “Después del partido contra España se me viene por acá, para Zurich, calle Patricias Mendocinas al 4500, que tenemos que hablar con usted.

    ¡Ah! Y traiga esa deliciosa boquita con la que dijo tan melodiosas palabras”. El Diego fue, dicen que pidió disculpas, cosa que había dicho que no iba a hacer, y la FIFA lo castigó con sesenta días de suspensión y una multa de 16.600 euros, todos en billetes de cinco, pa joder nomás. Diego sonrió, porque la sentencia era bastante leve y siguió haciendo declaraciones sobre el partido que la Selección Argentina jugó contra España, donde nuestros muchachos demostraron que están para cosas menos grandes, que con algo de organización y esfuerzo se puede perder con todo éxito. ç

    El asunto es que en esos sesenta días de suspensión el seleccionado argentino tiene que jugar un partido, al menos, contra la comunidad de Cataluña. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué va a pasar sin el Diego en el banco de los suplentes? ¡Oh! ¡Qué terrible por favor! Cómo nos ataca el destino con su látigo implacable. Es más, ¿qué hacemos si Argentina tiene que jugar un partido con otro técnico y juega bien? ¿Eh? ¿Qué hacemos sin el Diego? Por favor, que alguien me saque esta angustia. Cristina, hacé algo, macha.

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