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22 de diciembre de 2006
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¿Canasta navideña inflacionaria?

Una mirada desde la economía a los gastos y los precios estacionales de esta época del año, siempre sensible a los incrementos de los productos

         Es evidente que, en un país con historia inflacionaria, la canasta navideña no escape a los aumentos de precios. Así como en las fiestas de fin de año se incrementan los niveles de ventas, invariablemente también crecen los precios. Esto, básicamente, se da simplemente por la ley de la oferta y la demanda, donde a mayor demanda y relativa oferta, el ajuste viene necesariamente por el lado de los precios, porque la oferta no reacciona tan rápido como la demanda.


           Según investigaciones realizadas por nuestro estudio, los productos típicos de las fiestas navideñas, desde hace aproximadamente 20 días, se ofrecen con incrementos de precios que oscilan entre 25% y 40% (dependiendo de la calidad del artículo) con respecto al 2005. Esto representa una suba al menos tres veces mayor que la inflación: desde diciembre del 2005, los aumentos (oficiales) de precios acumulan una suba de 8,8% anual. Los productos infaltables en la mesa navideña, como turrones, pan dulce, sidra, peceto, son los que más subieron en relación con el resto de los productos no tradicionales de estas fechas.


        Entre los artículos de la canasta navideña se detectaron aumentos en los turrones y maníes de 40%; el pan dulce se incrementó en 38%; las sidras de primeras marcas, 35%; el pollo, 20%; el peceto, 10%; el pan de miga, 10%, y la ensalada de frutas, 31%. Si bien este año los productos típicos de Navidad aparecieron antes en el mercado, esto, sin lugar a dudas, se debió a una estrategia comercial que inducía al consumidor menos riesgoso a comprar antes de tiempo. El promedio general de subas ronda aproximadamente 30% con respecto al 2005.


       En algunos productos se han notado aumentos de hasta 65%, como es el caso de los árboles, o de 55%, en pesebres y adornos. Como sabemos, dentro del índice inflacionario que muestra mes a mes el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), el ítem que más impulsa la inflación hacia arriba es nada menos que alimentos y bebidas. Sin ir más lejos, en el último mes, la tasa de inflación se ubicó con un índice general de 0,7%, en donde el rubro alimentos y bebidas subió 0,5%. Por lo que no es de extrañar que es el rubro en donde el Gobierno nacional pone más el ojo para intentar frenar o “pisar” el mencionado índice tan temido.


       Y por qué digo tan temido: porque, como sabemos, la canasta básica alimentaria (CBA) –que es la que me indica que si una familia tipo cobra menos que el valor de dicha canasta se la considera indigente– en noviembre se estableció en $403,20. El miedo del Gobierno es entendible, porque, por cada punto porcentual que aumenta la canasta básica alimentaria, se estima que alrededor de unas 100.000 personas pasan automáticamente a ser indigentes. Esto, aunque el Gobierno impulse el consumo privado porque, hoy por hoy, es la única variable que tira hacia arriba el nivel de actividad y de esta forma se puede seguir manteniendo tasas de producto bruto interno (PBI) cercanas a 9% anual.


       Y por qué fogonea el consumo. Porque, al no haber inversión en bienes durables (que es la única que garantiza mayor productividad en el largo plazo), no le queda otra que incentivar el consumo y más ante la proximidad de un año electoral como el 2007. Volviendo al tema de las fiestas, este fin de año tendrá la mesa navideña una incidencia en la canasta básica alimentaria de 30% más que en el año inmediato anterior. Por lo que es muy probable que ocurra lo siguiente: las familias en estas condiciones tendrán que optar por comer algunas cosas de dicha mesa o comprar algunos regalos para sus niños o consumir pirotecnia. Las tres a la vez son prácticamente imposible.


          A menos que el Gobierno coloque precios máximos a la canasta navideña, que es una de las pocas que aún se viene salvando de los controles de precios impulsados por la Subsecretaría de Comercio de la Nación a cargo de Guillermo Moreno. Como bien dice uno de los principios de la economía: “El individuo se enfrenta a disyuntivas, dada la escasez de los recursos que existen”. Si los bienes existieran en abundancia, obviamente no existiría este problema y Argentina no tendría inflación de precios.

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