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21 de septiembre de 2006
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HUMOR

Caminos

Antiguamente, cuando no existía la asfaltada ruta 7, era el camino más frecuentado por los viajeros que iban y venían de Chile. Ahora sólo lo hacen aquellos aventureros que saben que no es un camino cualquiera. Estoy hablando del camino que une Villavicencio con Uspallata.

    Antiguamente, cuando no existía la asfaltada ruta 7, era el camino más frecuentado por los viajeros que iban y venían de Chile. Ahora sólo lo hacen aquellos aventureros que saben que no es un camino cualquiera. Estoy hablando del camino que une Villavicencio con Uspallata. Después del hotel, comienzan los famosos caracoles. Dicen que son 365, salvo en año bisiesto. La subida y la vista desde lo alto es magnífica.

   El valle de Huentota a los pies, y el smog en la pantorrilla. Y una vez en lo alto, lugares como El Balcón, que aunque necesitaría alguna infraestructura más adecuada, está para que uno entienda qué es un abismo. Adelante, la Cruz de Paramillos sobre los 3.000 metros de altura, y el viento que es un invitado permanente. Adelante, el Campo de Darwin, lugar donde el famoso científico encontró fósiles de árboles de millones de años y que nosotros hemos depredado con una ignorancia cercana a la ofensa.

    Pero algo todavía puede verse. Adelante, las Minas de Paramillos, un lugar horadado de historia, de sufrimiento, de oro, de miserias, de leyendas. Las ruinas son testigos, pero hay que tenerles paciencia a las ruinas para que hablen. Adelante, el Tunduqueral, un lugar mágico que tiene mucho que decir desde sus grabados en piedra. Luego, el valle de Uspallata, que necesita varios ojos para ser aprehendido en su totalidad. El camino de Villavicencio a Uspallata es único, incomparable. Si no lo conoce, ¿qué le parece el próximo fin de semana?

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