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7 de octubre de 2009
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FÚTBOL Y TENIS

Cada cual tiene sus héroes

Tandil vivió en los últimos días una conmoción generalizada por el triunfo de su gigante en uno de los torneos de tenis más importantes del mundo.

Tandil vivió en los últimos días una conmoción generalizada por el triunfo de su gigante en uno de los torneos de tenis más importantes del mundo. Pero Juan Martín del Potro no es el único pollo de Tandil que provoca orgullo para los lugareños. En tenis, Juan Mónaco ya ha demostrado largamente que es un excepcional jugador, Máximo González está en ascenso y cómo no recordar a Guillermo Pérez Roldán, profesional desde 1986, quien obtuvo nueve títulos en su carrera y alcanzó el puesto número 13 del ranking mundial en 1988. En fútbol, la dinastía Pernía: Mariano, lateral izquierdo del Atlético de Madrid, nacionalizado español, integró la selección de ese país, es hijo de Vicente Pernía, defensor de Estudiantes de La Plata, Boca y Vélez en las décadas del 70 y 80 y hermano de Leonel, quien corre en Top Race, TC2000, y pronto en Turismo Carretera.


     Víctor Hugo Morales decía hace unos días que habría que investigar por qué surgen desde esa ciudad tantos deportistas que obtienen trascendencia internacional. Río IV es otra ciudad, en el centro mismo del país, que es cantera inagotable de hombres y mujeres con destino de famosos. Dos de ellos, en circunstancias y deportes diferentes, agrandaron el ya estirado copete de los riocuartenses. Pablo César Aimar (César por Menotti) y Agustín Calleri. El Gordo acaba de colgar la raqueta hace unos meses, agobiado por las lesiones y dejando atrás una carrera increíble, que forjó cuando muchos ya se están retirando. Su padre, dueño de una vinería, y una tía rica, fueron los impulsores de una campaña que llenó de orgullo al Imperio cordobés.


     Empezó tarde en el circuito profesional pero aprovechó al máximo esa potencia descomunal de su mano derecha para jugar partidos memorables y darse el gusto de ponerse la celeste y blanca, que defendió como pocos. Es copero Agustín y la Davis estuvo ahí nomás para él y sus compañeros. Calleri, cuando se ponía la celeste y blanca, se sentía Maradona. Daba todo y más aún. Como cuando en aquella calurosa tarde de Málaga le ganó al por entonces número 1 del mundo en canchas de ladrillo, Juan Carlos Ferrero, un partido vibrante. Sería como ganarle hoy a Nadal, nada menos. Esa serie era nuestra, la malgastó un desganado Gaudio. O cuando se puso al hombro el equipo, porque todos desertaban, y fue como líder a jugar a Bielorrusia a una cancha que, más que tenistas, aceptaba autos de Fórmula Uno, de tan rápida que era. Perdieron 5 a 0, pero se la bancó. Y la serie en Córdoba, donde se sintió más local que nunca. Es un laburante el Gordo. Pero también un talentoso. José Luis Clerc (un estilista del tenis) afirmó: “Yo lo admiro a Agustín”. Batata, cuya opinión tiene muchísimo peso, también jugó una final de la Davis. Hace algunos años un periodista deportivo de Río IV, decía con jactancia, “pobre Agustín, es bueno pero no va a llegar…” Se equivocó feo. No sólo ganó torneos ATP, sino que, además, llegó a instancias importantes de Masters Series, ganó la copa por equipos que se juega anualmente en Europa, le jugó de igual a igual a Pete Sampras (¡nada menos!) en un Abierto de los Estados Unidos, donde el local sólo lo pudo vencer en los tie breacks de los sets que jugaron.


    Fue un partido palo y palo como se dice en la jerga. Y el Gordo lo puso en serios aprietos al mejor Sampras, que tenía que ganar ante los suyos. Estuvo a un pelito de ser top ten, y eso no es poco. Derribó el prejuicio de que los tenistas deben ser delgados, atléticos y musculosos como pensaba, por ejemplo, Guillermo Salatino, periodista de Fox Sports, quien lo dijo en una entrevista en ocasión de la increíble final del ATP de Buenos Aires que Agustín tenía ganada ante el chileno Massú y que perdió inexplicablemente. El Gordo, entonces, es uno de los dos vecinos famosos (en serio) que tiene Río IV. Obviamente, el otro es Pablo Aimar, quien hasta hace unos días no figuraba en las convocatorias a la Selección mayor de fútbol, cuando antes era un intocable.


     Desde la Copa América de 2007 que no recibía ese llamado que los futbolistas argentinos esperan pegados al teléfono. ¿O no, Crespo? A Pablo las lesiones en su menudo cuerpo le han jugado muy en contra. Cuando fue transferido al Valencia de España, tuvo dos temporadas impresionantes en las que participó, nada menos, de dos finales de Champions League y fue campeón de la Liga de las Estrellas, como se denomina al torneo de primera. Luego recaló en otros equipos españoles pero su paso fue intrascendente. Ahora, en el Benfica de Portugal, acompañado por su viejo socio de River, la está rompiendo. Y el Diego, sorprendió cuando lo incluyó en la lista para los dos últimos partidos de Eliminatorias donde Argentina se juega un lugar en el Mundial de Sudáfrica. ¿Por qué Maradona lo llama a Aimar en este momento? Porque el Payaso volvió a jugar en buen nivel, y porque sabe perfectamente lo que es vestir la Albiceleste, desde los triunfos en juveniles de la mano de José Pekerman.


     Aimar fue uno de los pocos que se salvó de las críticas despiadadas tras la eliminación temprana del Mundial Corea-Japón. Y estuvo en Alemania, arrancando siempre desde el banco, para aportar lo suyo en ese increíble equipo que perdió ese increíble partido de cuartos con el local. Pablo Aimar vuelve a la Selección, y es una buena noticia. Con el 10 en la espalda le dio mucho a aquel River Plate que todos los años ganaba un torneo, desparramó volantes y defensores en España y, actualmente, brilla en Portugal. Es un jugador maduro, pese a su eterna cara de niño, que sabe y puede asumir responsabilidades importantes.


     Está usando sus últimos cartuchos de la mejor manera, como le sucedió a Calleri, quien con casi 30 años jugó una final de Davis. No hay certeza de que Aimar pueda estar entre los elegidos para el Mundial del año que viene. Sin embargo, todavía tiene resto para jugar una parada brava, dos partidos que definen la suerte del Seleccionado mayor, ante Perú y Uruguay. Maradona estaría pensando en hacerlo jugar de enganche para que abastezca a Messi y al Loco Palermo. Pablo Aimar es hosco, tímido, detesta las entrevistas y sólo sonríe cuando convierte un gol, como aquel de taquito con la Selección, por Eliminatorias. Enhorabuena su regreso y ojalá el Payasito retorne para darnos una alegría futbolística. Hace tanto que no tenemos una...

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