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9 de agosto de 2006
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Bush no puede tomarse vacaciones

El presidente de la mayor potencia mundial está descansando en su rancho de Texas pero no puede olvidarse de los conflictos internacionales que incluyen Líbano, Cuba, Irán, Corea del Norte, Irak y Afganistán. El costo de ser el ?comisario del mundo?.

    El presidente de EEUU, George W. Bush, está oficialmente de vacaciones, pero las crisis internacionales lo han obligado a mantener su agenda de actividades laborales casi tan llena como en una semana normal en la Casa Blanca. En el pasado, Bush había recibido varias críticas por unos descansos estivales en su rancho de Crawford (Texas) de casi un mes, en un país en el que un trabajador se considera afortunado si puede sumar quince días libres.

   El viernes, el presidente comenzó lo que, en principio, van a ser las vacaciones más cortas de su mandato, de apenas diez días, y que se prolongarán hasta el domingo. Y tienen poco de asueto. Bush se encuentra en constante contacto con su secretaria de Estado, Condoleezza Rice –con la que se reunió todo el fin de semana–, ofreció una rueda de prensa el lunes y el jueves tiene previsto desplazarse al Estado de Wisconsin para ofrecer un discurso. Según su consejero político, Dan Bartlett, el recorte vacacional “refleja un calen- dario y unos tiempos muy agitados”.

    Es cierto que pocas veces un presidente estadounidense se ha encontrado con tantos frentes abiertos en el área internacional, donde se le multiplican los problemas, desde Cuba a Corea del Norte. Su atención se ha visto concentrada estos últimos días en la crisis en Oriente Medio. Rice llegó el sábado a Crawford, donde permaneció hasta el lunes, para trabajar sobre el texto de una resolución, acordada con Francia, que presentará al Consejo de Seguridad de la ONU para tratar de poner fin a los enfrentamientos entre Israel y la milicia chií Hezbolá en Líbano.

    El texto resultante, que no reclamaba una salida inmediata de las tropas israelíes, fue rechazado por Beirut, lo que ha obligado a la Casa Blanca a multiplicar sus contactos diplomáticos para intentar sacar adelante el proyecto de resolución. El presidente está también pendiente de lo que suceda en Cuba, donde el presidente Fidel Castro cedió, la semana pasada y de manera temporal, el poder a su hermano Raúl, tras padecer una hemorragia intestinal.

    Bush ha admitido que desconoce cuál es la situación precisa en la isla, así como si Castro se encuentra grave o no. Sí ha insistido, desde Crawford, en alentar a los cubanos a que trabajen en favor de una transición democrática, y ha querido dejar en claro que les corresponderá a ellos decidir el futuro del régimen. El panorama internacional se le complica al presidente estadounidense también con la continuada violencia en Irak, la que hace dos semanas le obligó a anunciar un refuerzo de la presencia militar estadounidense en Bagdad.

  La situación se presenta también levantisca en Afganistán, donde la semana pasada murieron cuatro cascos azules canadienses. Pendiente está, además, del desarrollo de los acontecimientos en Irán, donde el presidente Mahmud Ahmadineyad debe aún contestar a la oferta internacional, que combina incentivos y amenazas para que Teherán renuncie a su programa para el enriquecimiento de uranio. Ahmadineyad había indicado, en principio, que contestaría el 22 de agosto, aunque esa posibilidad ha quedado en entredicho ante la crisis en Líbano.

    Siempre amenazante está también la situación en Corea del Norte, que se niega a regresar a la mesa de conversaciones a seis bandas sobre su programa nuclear. El presidente regresará a Washington el lunes, donde unas de las tareas que lo esperan son los preparativos de las elecciones legislativas de noviembre, que se presentan duras para el Partido Republicano. Las encuestas apuntan a que 52 por ciento del electorado se inclina por los demócratas, frente a 39 por ciento que apoya a la formación del presidente.

    Pero si el exceso de trabajo es la razón oficial para recortar las vacaciones, hay quien piensa en otra causa: la activista Cindy Sheehan, quien el año pasado ya “amargó” las vacaciones al presidente con una acampada contra la guerra, piensa que este recorte puede atribuirse a su presencia. Este año, Sheehan ha ido un paso más allá y ha comprado un terreno vecino al rancho. Según ha declarado, “parece que cada vez que yo hago mis planes, él cambia los suyos.

    Creo que está muy incómodo porque yo esté aquí recordándole que aún no me ha recibido”. El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, desmiente este extremo. Y sobre las demandas de Sheehan de ser recibida por el presidente, le recomienda que, si se presenta, “traiga agua o bebidas energéticas o las dos cosas”.

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