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12 de noviembre de 2012
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HUMOR

Buitres

Buenos días, a pesar de todo. El problema del sentido común es que a veces carece de sentido. Hay un refrán que dice: el árbol no nos deja ver el bosque. ¿A qué me refiero? Cuando uno contrae una deuda, sea quien sea al que le debemos, el sentido común marca que debe ser pagada en el futuro. Los fondos buitres, que lograron el embargo de nuestra fragata, son llamados así porque, como los buitres, sobrevuelan pacientemente a su presa, esperando para lanzarse sobre ella cuando las condiciones les son favorables. Son como los prestamistas que todos conocemos, tipos o empresas que se aprovechan del malestar ajeno, del dolor ajeno, de la mala suerte ajena para salvarlos por un momento y, en un momento más adelante, hundirlos para siempre. Son la lacra de las sociedades, la carroña del mercado, los vampiros del liberalismo. Ahora bien, nuestro país aceptó dinero de los fondos buitres que compraron nuestros bonos. En ese momento, nuestro país no dijo: "Ah, no. Yo, plata de fondos buitres no acepto. Argentina es un país muy puro para mancharse las manos con el dinero de los fondos buitres". No dijo eso, Argentina aceptó la plata y la usó a conveniencia. Ojo, que no es este gobierno el que eligió endeudarse de esta manera, pero es este el que elije no pagar. Decía al comienzo que el sentido común está perdiendo el sentido. Ahora resulta que le pido harina a la vecina, me la presta, hago los ravioles, los disfruto, y después no le devuelvo la harina que me prestó porque la vecina le pone los cuernos a su marido. ¿De qué estamos hablando? Una cosa es tener una deuda y otra cosa quiénes son nuestros acreedores. Nuestros acreedores pueden ser tacaños, ventajeros, insensibles, drogadictos, alcohólicos, tener olor a pata, caspa en el pelo y ser operados de hemorroides, pero la deuda tiene entidad propia por sí misma. Es deuda existe, es real sea quien sea aquel o aquellos a quienes debemos pagarles. Debemos, hemos contraído una deuda, hemos construido un contrato firmado o no, prometiendo devolver lo que nos han prestado. No importa a quién, la deuda está y no habla bien del país no cumplir con los compromisos adquiridos. "No les vamos a pagar a los fondos buitres", dice el ministro de Seconomía, Hernán Lorenzino. Ese no es el punto, ministro, el punto hubiera sido, en su momento: "No vamos a aceptar dinero de los fondos buitres". Eso hubiera sido lo correcto. Ahora, lo correcto es pagar. Dicen que los elegidos para conducir los destinos del país son los que tienen sentido común: tengo mis dudas. Sin embargo... o con embargo. Recordemos al Martín Fierro: No hay plazo que no se venza/ ni deuda que no se pague. Aunque, en este caso, tal vez él diría: No se extrañe del mal campo/ aquel que plantó los cardos/ es mejor que se haga cargo/ quien le echó sal al salitre/ pa' que no vengan los buitres/ lo mejor es no llamarlos. 

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