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31 de mayo de 2011
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HUMOR

Brindis

Che, Tomba, a ver, decime, ¿por qué tenés esa cara? No, pará loco, pará, amargado no, loco. A ver, yo tengo la impresión de que pusiste todo. Y bueno, a veces todo no alcanza. Al frente está el adversario y también quiere ganar. Me acuerdo de Gorgias, el célebre filósofo ateniense, que alguna vez fue tan bien contado por el uruguayo Enrique Rodó.

    Che, Tomba, a ver, decime, ¿por qué tenés esa cara? No, pará loco, pará, amargado no, loco. A ver, yo tengo la impresión de que pusiste todo. Y bueno, a veces todo no alcanza. Al frente está el adversario y también quiere ganar. Me acuerdo de Gorgias, el célebre filósofo ateniense, que alguna vez fue tan bien contado por el uruguayo Enrique Rodó. Vos me dirás, ¿qué cornos tiene que ver ese geronte conmigo? Pará, Tomba, pará. Escuchá: Gorgias iba a morir al día siguiente de esa noche en la que estaba reunido con sus discípulos.

    Le habían dado a elegir entre el destierro y la muerte, y vos sabés que los griegos consideraban peor al destierro. Iba a beber la cicuta, como Sócrates. ¿Te acordás de Sócrates? Menem dijo que había leído todas sus obras cuando Sócrates no dejó nada escrito. Bueno, ese. Pero no nos vayamos de Gorgias. Entonces, como había elegido la muerte, sus discípulos le hicieron una despedida en donde todos brindaron por la genialidad del filósofo, y prometieron fidelidad a su credo y a sus palabras. Gorgias no brindó con ninguno de ellos.

    Hasta que se paró Leucipo, tal vez el más iluminado de sus alumnos y dijo: "Maestro, por quien te venza con honor". ¿Entendés, Tomba, adónde quiero llegar? Mirá, vos nos pusiste en el escalón más alto de la historia del fútbol mendocino. Vos rescataste aquella mística que alguna vez, en aquellos viejos nacionales, inventaron tipos como el Víctor, como el cura, como el documento, como el Hugo Cirilo, como el Benítez, y tantos otros. Cuando Mendoza les jugaba a los de Buenos Aires de igual a igual y les ganaba, y a veces los goleaba.

    ¿Te acordás, Tomba? Vos lo viviste en el 74. Y ahora nos hiciste figurar en toda América, Tomba. No es para estar triste, es para estar orgullosos de haber hecho todo lo posible en la gran liga. Figuramos otra vez, y nunca habíamos figurado tan alto. Andá y dales un abrazo a tus hinchas, a cada hincha, porque seguramente ellos todavía están con la bandera en alto y el corazón gozoso. Y si querés extenderte pegale un abrazo grande a toda Mendoza.

    Yo te agradezco, Tomba, y ojo que yo no soy de extracción tombina. Yo soy pituco, de los 33. Y no quiero verte triste, porque la tristeza no tiene nada que ver con el logro. A ver, te lo digo de otra forma, Tomba, el tipo que quiere subir el Aconcagua y se queda a los 6.000 metros de altura, no puede decir que fracasó. De ninguna manera, ¿sabés? La historia ya escribió tu nombre en el suplemento del fútbol internacional. Dale, Tomba, sonreí y brindá con nosotros. Como aquel discípulo de Gorgias, por quien te venza con honor. 

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