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16 de septiembre de 2020
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Opinión

Breve historia de una vergüenza

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Finalmente se destrabó la negociación con el Banco Nación, que el Gobierno nacional utilizó como garrote para disciplinar a Mendoza.

El Banco Nación podría ser una de las armas que el Gobierno nacional ha decidido utilizar con mayor garantía de éxito y de eficacia para lograr que las provincias argentinas, independientemente de su color político y hasta de su cercanía o no con las políticas que se dictan desde el Ejecutivo, se identifiquen con la línea que emana sistemáticamente desde la Rosada sin resistencias, sin pedidos de explicaciones y, claro está, sin reparo alguno. Es una lógica que siguen las administraciones centrales del país. Algunas de ellas lo hacen notar más que otras. Pero, todas han venido utilizando sus métodos para alinear y conducir sin sobresalto alguno.

La marca utilizada por el kirchnerismo ha sido una de las más visibles y espectaculares de todas: la llama flamígera y la verba inflamada seguidas de la acción deliberada. Le ocurrió a Celso Jaque y también a su sucesor, Francisco Paco Pérez. Jaque sufrió la indiferencia política y el ninguneo; Pérez, la ausencia de ayuda y de oxígeno financiero y, ahora, la administración de Rodolfo Suarez, por un supuesto encono presidencial con Alfredo Cornejo, el actual diputado nacional, jefe de los radicales nacionales y ex gobernador de la provincia. Cornejo ha sido, claro está, uno de los opositores más críticos de los Fernández, tanto del presidente Alberto, como de la vice Cristina y líder indiscutida de la marcha y de las decisiones más controvertidas asumidas por la gestión nacional.

Con el Banco Nación como garrote y llave, a la vez, de la puerta que conduce a la necesaria ayuda financiera indispensable en época de miseria total provocada por la pandemia del nuevo coronavirus y del freno total de la economía producto de la cuarentena, el Gobierno busca la disciplina política y que todo el mundo sepa que, en los territorios provinciales, cada acción que se anuncie para un supuesto beneficio de las personas angustiadas y desesperanzadas por la ausencia de rumbo cierto ha sido orquestado, ordenado y diagramado por el Gobierno nacional. Es una acción de manual.

La mayor parte de las provincias ha necesitado renegociar sus deudas con el Banco Nación. Muchas de ellas han sufrido demoras en las autorizaciones, pero, al final, han sido compensadas. A la CABA, conducida por el opositor Horacio Rodríguez Larreta, además, se la ha castigado con el manotazo de más de un punto de la coparticipación. A Mendoza, además de habérsele dilatado la firma del acuerdo por el reperfilamiento del endeudamiento con el Nación, también se le demoró por unos cuatro meses la autorización para el lanzamiento de las letras con las que la provincia ha previsto pagar los aguinaldos atrasados de los empleados públicos. Se trata del programa que comienza mañana.

El lunes, la Provincia sufrió el descuento de otros 350 millones de pesos como parte de pago de la deuda que tiene con el Nación por un total de 11.000 millones de pesos. Son cuotas mensuales pactadas de antemano. La deuda se contrajo en el 2016, durante la administración de Cornejo. Los intereses han casi triplicado lo que se tomó originalmente. Lo que ha buscado el gobierno de Suarez ha sido, como todos, renegociar las condiciones de pago: extender los plazos y rediscutir la constante amortización. Se trata de un mecanismo de práctica habitual que rara vez llega a los medios de comunicación. No tienen demasiada trascendencia pública porque son actos de forma, ordinarios y comunes. La diferencia es que, con esta negociación, todo ha transcurrido de manera anormal.

Cuando la negociación se encarajinó, los funcionarios de Suarez decidieron hacer pública la queja. La oposición kirchnerista percibió el golpe y anunció que intercedería para destrabar la situación. En el Gobierno provincial reaccionaron con la afirmación de que no hay nada que destrabar si no hay nada trabado. Y, el kirchnerismo dejó trascender que, en realidad, el problema que padece la administración de Suarez es falta de gestión. Como fuese, es indudable que el diablo metió la cola en un lugar donde, siempre, los problemas, si existen, se solucionan técnicamente. Salvo que se trate de endemoniadas y resentidas rencillas políticas. Y esto último es lo que, evidentemente, está sucediendo. Desde el inicio del año a Mendoza se le han descontado 2.364 millones de pesos. Oficialmente, se afirma que todo comenzó el 16 de enero, cuando la gente de Suarez le pidió al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, iniciar el proceso de rediscusión del pago de la deuda.

El mismo día, Cafiero consiguió que el presidente del Nación, Eduardo Hecker, recibiera a los mendocinos. “Fue una reunión muy amable”, dicen en la Gobernación mendocina. Lo que le debió seguir fue la autorización del Ministerio del Interior, y luego del de Economía, para terminar con la del Banco Central. La autorización de Interior se habría conseguido recién en julio. El kirchnerismo dijo que fue por la intermediación de la senadora Anabel Fernández Sagasti. Cuando todo se creía encaminado, algo volvió a ocurrir para que el trámite ingresara en el olvido. Mientras, a Mendoza se le continuaron descontando los 350 millones mensuales. En Hacienda argumentan que cada vez que han pedido explicaciones se les ha dicho que no hay autorización política.

En algún momento, el Banco Nación ofreció darle a Mendoza seis meses de gracia para comenzar a pagar el monto de la nueva renegociación a cambio de que se le prorrogara el acuerdo comercial como agente financiero que tiene con la Provincia por cinco años más. En Mendoza no aceptaron la condición y todo volvió a frenarse.

El lunes, cuando se volvieron a descontar los 350 millones de pesos, el tema ganó otra vez la agenda política. El kirchnerismo reaccionó asegurando que Fernández Sagasti había hablado con el presidente por el asunto y que, como corresponde, ya se había solucionado. En cambio, el Gobierno oficialmente salió a desmentir la versión: “La deuda no está renegociada. El acuerdo ya fue aprobado por Interior y por Economía. Pero, falta el Banco Central. Se trata de autorizaciones que no demoran más de cinco o diez días. Y esta está demorada desde el 20 de julio”, respondieron.

En la Nación afirman que le han ofrecido a Mendoza un nuevo préstamo por todo lo que se le descontó (2.364 millones de pesos) como compensación. Suarez ordenó hacer silencio e, incluso, optó por no contestar los WhatsApp que, afirman, le estuvo enviado la senadora Sagasti. En fin, un lastimoso episodio más de una vergonzosa y miserable historia de resentimientos y entripados de baja estofa.

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