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29 de octubre de 2009
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OPINIÓN

Brasil, el líder negativo de la región (por Mariano Kestelboim, economista jefe de la Fundación Pro Tejer)

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Las estadísticas de comercio exterior del Mercosur reflejan los efectos de la ausencia de una política global de desarrollo, la ausencia de un liderazgo constructivo y, particularmente, el usufructo del mercado por parte de la mayor economía de la región.

Las estadísticas de comercio exterior del Mercosur reflejan los efectos de la ausencia de una política global de desarrollo, la ausencia de un liderazgo constructivo y, particularmente, el usufructo del mercado por parte de la mayor economía de la región. En efecto, Uruguay, Paraguay y Argentina registraron saldos comerciales deficitarios con Brasil durante todos los períodos desde el 2004. De este modo, entre el 2004 y setiembre del 2009, la economía más grande de la región acumuló un saldo total positivo de u$s26 mil millones, en detrimento de las balanzas comerciales de sus vecinos, de acuerdo con los datos de comercio exterior del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil.

Esta explotación brasileña del mercado se pone de relieve, asimismo, al observar su estructura de importaciones intra y extrabloque: sólo 8,6% de las importaciones totales de Brasil proviene del Mercosur y 91,4% restante es originario de economías no integrantes del mercado común. Esta cifra implica que la participación comercial brasileña en la región respecto de sus compras en el resto del mundo es cuatro veces más pequeña que la de Argentina y cinco veces menor que la de Paraguay y que la de Uruguay. Estos datos provienen del Departamento de Promoción Comercial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil y de los bancos centrales de cada nación.

Esta asimetría estructural, agravada en los últimos años, representa un fenómeno extraordinario dentro de un bloque comercial que socava el desarrollo de la región. Desafortunadamente, la tendencia histórica al aislamiento de Brasil y la falta de coordinación de políticas macroeconómicas entre sus socios dificultan el avance hacia una visión estratégica que promueva el espíritu original de integración.

Como contraste, en el resto de los mayores mercados comunes (NAFTA, la Unión Europea y la ASEAN) opera una lógica inversa, en la que predomina el criterio de equidad y la aplicación de políticas consensuadas. Los socios más pequeños poseen, en general, un intercambio superavitario o equilibrado con las economías más grandes, que tienen, lógicamente, una capacidad de compra superior y mayores posibilidades para diversificar su oferta en más destinos. Esa política no es de beneficencia, sino que es estratégica; asumen el costo del liderazgo en busca de la integración y el fortalecimiento de sus mercados comunes para su expansión en el comercio internacional.

En un mundo en el que se estructuran polos económicos de alcance continental es evidente que, en el mediano plazo, ningún país latinoamericano individualmente tiene perspectivas favorables. Por ello, es fundamental sincerar la relación con Brasil, a través del desarrollo de una integración basada en líneas de colaboración y complementación. En lugar de profundizar la compe- tencia y agravar los conflictos, que se expresan en prácticas depredatorias de los mercados internos, deben buscarse senderos de beneficio mutuo, establecer cupos plausibles de cumplimiento que permitan la expansión de los mercados internos y la realización de acuerdos comerciales conjuntos con el resto del mundo.

En un mercado global con negociaciones de la OMC cada vez más infructuosas, la consolidación de polos regionales aparece como la principal alternativa para insertar las economías internacionalmente y obtener mayores márgenes de negociación ante las naciones más ricas y acceder a mejores condiciones comerciales.

Por lo tanto, sin un replanteo de las relaciones comerciales en el Mercosur con una dirección estratégica definida a través de un líder positivo que promueva un espíritu de cooperación y asistencia entre los miembros, la posibilidad de alcanzar una integración genuina en el mercado común será cada vez más lejana.

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