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31 de octubre de 2006
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Brasil analiza nuevas medidas económicas

Sectores del PT pretenden que con el amplio apoyo a Lula en la segunda vuelta se flexibilicen algunos aspectos y se apueste a un mayor crecimiento

    La reelección del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, garantiza la continuidad de la política económica, pero abre interrogantes sobre posibles cambios en su equipo económico y sobre el énfasis que dará a su segundo mandato. En los primeros cuatro años de gobierno, el equipo económico de Lula cumplió el ajuste fiscal y mantuvo una rígida política monetaria, basada en el régimen de metas de inflación, ambos heredados del Ejecutivo anterior, lo que se tradujo en mejora de las cuentas externas, pero también en altos intereses y bajo crecimiento.

    Sin embargo, algunos miembros del gabinete han dado señales de que con la reelección conseguida el domingo Lula puede adoptar una política monetaria menos conservadora para estimular la economía, que el año pasado creció apenas 2,3 por ciento. “Hay una situación virtuosa que nos permite proyectar una política monetaria más flexible”, afirmó recientemente el ministro de Hacienda,Guido Mantega, quien pronostica una expansión del Producto Interior Bruto (PIB) superior a 5 por ciento anual en el segundo cuatrienio de Lula.

    La sugerencia de Mantega sería bienvenida por los empresarios, quienes se quejan de los elevados intereses porque frenan las inversiones, el crecimiento y la generación de empleo, pero los expertos advierten que el Gobierno debe andar con pies de plomo para no caer en el populismo y echar por la borda conquistas como el control de la inflación.

    “El populismo es una tentación, aunque Lula ha aprendido que no se puede gobernar con locuras ni con fórmulas mágicas. Sabe que una inflación baja es buena para el Gobierno y para la población”, dijo a Efe el economista Gabriel Goulart, de Mercatto Gestión de Activos. Otro colaborador cercano de Lula, el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, también dio señales de lo que puede ser el segundo mandato de Lula en lo económico, al señalar que la austeridad fiscal defendida con uñas y dientes por Antonio Palocci, su primer ministro de Hacienda, es cosa del pasado.

    “La era Palocci acabó. En el primer año de gobierno, él prestó buenos servicios, pero las bajas tasas de crecimiento y la preocupación neurótica con la inflación, sin pensar en la distribución de renta y el crecimiento, terminaron”, dijo Genro en la sureña ciudad de Porto Alegre. Palocci, quien fue el ministro estrella del Gobierno de Lula, cayó en marzo acosado por un escándalo de corrupción y fue sustituido por Mantega, cuya continuidad en el Gobierno está en duda, según analistas y la prensa brasileña.

    “Mantega no está bien preparado para ser ministro. No es extremadamente político ni extremadamente técnico. En muchas cosas se queda encima del muro (ni para un lado ni para el otro) lo que para la economía no es bueno”, anotó Goulart. El ministro, más académico que político, tiene poco peso dentro del Gobierno y dentro del Partido de los Trabajadores (PT), donde hay sectores que defienden otros nombres para la estratégica cartera de Hacienda.

    Lula no ha dicho si pretende cambiar a Mantega, pero en la prensa ya se barajan como posibles sustitutos los nombres del presidente de Petrobras, José Sergio Gabrielli, y del alcalde de Belo Horizonte, Fernando Pimentel, ambos economistas. La posibilidad de un cambio en la presidencia del Banco Central parece más remota, a menos que el Gobierno ponga en marcha la flexibilización monetaria defendida por Mantega y otros miembros del PT, lo que produciría un choque con el titular de esa institución, Henrique Meirelles, guardián de la ortodoxia monetaria.

    Independientemente de los cambios en el equipo económico, se espera que Lula impulse durante su segundo mandato un paquete de reformas estructurales, principalmente en la seguridad social, tributaria y laboral. Dichas reformas, que están estancadas desde hace años en el Congreso, son necesarias para que Brasil pueda soltarse de viejas leyes que lo atan al siglo XX y que le impiden dar un salto cualitativo como país hacia el siglo XXI.

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