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27 de febrero de 2020
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Tragedia

La dura historia de superación del atleta que se fue demasiado pronto

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Braian Toledo, uno de los deportistas más destacados del país, falleció en un accidente de tránsito en Marcos Paz. De su complicada infancia a su esfuerzo para llegar a lo más alto.

El atleta olímpico argentino Braian Toledo, de 26 años y especialista en lanzamiento de jabalina, falleció esta madrugada en un accidente de tránsito. Su vida no fue nada sencilla: trabajó de albañil y hasta pasó noches en vela haciendo la tarea de sus compañeros de clase que le pagaban 25 centavos, dinero con el que él compraba el pan del día siguiente para su familia.

Pero gracias al esfuerzo logró salir adelante hasta convertirse una de las grandes gemas del deporte argentino. Ahora, mientras se preparaba en Finlandia para participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, encontró la muerte en una ruta bonaerense.

Toledo nació el 8 de septiembre de 1993 en un barrio humilde de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires y desde muy pequeño empezaron las complicaciones. Muchas veces no tenía para comer y para poder contar con agua potable, su madre tenía que recorrer dos cuadras hasta llegar a la única canilla que tenía el barrio.

Sin embargo, según contó en una reciente entrevista con Infobae, tuvo una infancia muy feliz. "De niño me la pasaba jugando a la pelota, trepaba a los arboles, andaba en bicicleta, pero cuando fui un poco más consciente de cómo vivía, la verdad que tuve una infancia muy difícil en la parte material, económica. Cómo vivíamos de ropa, de comida... Faltaba todo en casa. Mi mamá fue una mujer que laburó toda su vida, pero laburaba por el plato de comida, se iba a las seis de la mañana y venía a las diez de la noche", afirmó.

En una nota anterior, concedida a la revista El Gráfico, Toledo relató que una noche, a la madrugada, se despertó y sentía ruidos. Con sus ocho años fue a ver de qué se trataba y se encontró con su madre llorando. Cuando le preguntó por qué lo hacía ella le contestó: “Es que no sé qué los voy a dar de comer mañana”.

Braian dice que después de aquella noche en la que vio llorar a su madre empezó a aprovechar otro de los talentos que tiene. Le hacía los dibujos de Plástica a sus compañeros de escuela, a cambio de dinero para poder comprar algo de pan y llevar a su casa. “Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Algo tenía que hacer para que comiéramos”, aseguraba.

Toledo sufrió otros duros golpes. Por ejemplo, su padre lo abandonó tres veces.

“Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”, explicaba Toledo, recordando que ponían cartones bajo el colchón para que no suba la humedad.

Como anécdota, el joven deportista contaba en aquel reportajes de 2016 que en los primeros viajes que realizaba por la competencia tenía que tirar el colchón del hotel al piso: “No podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo”.

Toledo fue abanderado de su escuela hasta los 11 años, cuando empezó a viajar para lanzar jabalinas. “Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. No quería llevar más problemas”, contó.

Con los viajes la cosa empezó a cambiar, pero el destino tenía otro problema para imponerle a Toledo, quien se fue de su casa cuando tenía 20 años. "A mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”, indicó.

Además, hasta 2015 tuvo que trabajar como albañil ya que con lo que ganaba entre la beca deportiva y lo que recibía de algún sponsor, no le alcanzaba para pagar un alquiler y ayudar a su hermana. "Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. Estuve todo el año pasado trabajando de peón”, relató.

En la entrevista con Infobae de octubre del año pasado, Toledo señalaba: "Muchos chicos que están en la situación que yo estuve hace muchos años –y peor también lamentablemente–, que crean en ellos y que persigan un sueño. Que se aferren a lo que más amen como si fuera lo único que tienen en la vida y así van a poder salir. Fue lo que yo hice y me funcionó. Estoy seguro que a todos les va a funcionar es la única manera, con sacrificio, dedicación, disciplina y constancia. Lamentablemente, en el camino vas a perder muchas cosas".

Y añadía: "Nunca desistí de lo que quería. Muchas veces hay muchas frustraciones hasta llegar. Con los años entendí que tenemos más fracasos que éxitos en la vida y la verdad que el que llega es el que es constante. Que un fracaso no sea lo que te desilusiona o te desmotive, sino que sea todo lo contrario, que sea algo que te motive y te impulse más".

Desde 2012, Toledo era uno de los embajadores que tiene la Huella Weber, el programa solidario de Weber Saint Gobain mejora la infraestructura de los lugares que eligen los deportistas olímpicos que forman este proyecto. El atleta estaba ayudando al merendero Los Pepitos en Merlo y a una sociedad de fomento ubicada en la rotonda de La Plata al que asisten 400 chicos al mes. De origen humilde, Braian aseguraba: "Mi historia pesa mucho, es mi motor, me empuja a que otros no pasen lo mismo que yo".

Sueños olímpicos

Toledo volvió a entrenarse en enero tras su operación de tobillo de junio de 2019 y apuntaba a clasificarse para los Juegos Olímpicos y llegar a una final en Tokio 2020.

"Estoy pensando en los Juegos Olímpicos, claro, sigue siendo mi gran sueño, pero no pierdo de vista cada paso que doy y soy feliz cada día, con mi familia, mi novia, mis amigos y con la gente que ayudo”, contaba el atleta, de 26 años.

Después de 75 días con muletas, estaba regresando a la actividad. "La lesión fue un balde de agua fría porque venía teniendo un gran año, quizás el mejor, y por delante tenía los Panamericanos y el Mundial. Pero por algo pasan las cosas, te enseñan. Y busqué canalizarlo para transformarlo en algo positivo: pasé mucho más tiempo con mi familia", agregaba.

El deportista de Marcos Paz buscaba repetir la final de Río 2014, incluso se ilusionaba con una medalla. Hasta que un trágico accidente cortó esos sueños.

Fuente: Infobae / El Gráfico

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