access_time 00:44
|
16 de septiembre de 2006
|
|
DESTINOS INTERNACIONALES

Belice, una sorpresa en el Caribe

Un país paradisíaco que combina playas y arrecifes con restos de la cultura maya.

    Pasar de la selva tropical a una de las barreras de coral más grandes del mundo en sólo una hora es una de las cosas que más sorprenden a quienes visitan Belice. Es que, en este punto del Caribe, la diversidad natural se va sucediendo a cada paso, lo mismo que los restos mayas.

UN LUGAR EN EL MUNDO. No tiene tanta fama como otros países bañados por las aguas del Caribe y, sin embargo, encierra buena parte de la riqueza histórica y natural de la zona. Belice es el paraíso de los buceadores y también uno de los centros clave de la cultura maya. Lo prueban su barrera de coral, la segunda más extensa del mundo, y sus restos arqueológicos, repartidos a lo largo y ancho de un pequeño territorio codiciado, incluso, por los piratas ingleses.

    La influencia cultural de Reino Unido todavía se deja notar en Belice, donde el idioma oficial es el inglés, a pesar de que más de 60 por ciento de la población habla español. Y es que este pequeño país, con una superficie que no alcanza los 23.000 kilómetros cuadrados, consiguió la independencia de la Corona británica en 1982, tras más de cuatro siglos de dominio colonial, primero español y luego inglés. Situado en Centroamérica, Belice comparte frontera con México al norte, Guatemala al oeste y el mar Caribe al este. Si antes sus costas eran objetivo de grandes imperios coloniales, ahora son uno de los tesoros más demandados por buceadores de todo el mundo, quienes se acercan hasta Belice para sumergirse en los fondos submarinos más bellos del Caribe.

MAR DE CORALES. El ambiente natural de Belice es, fundamentalmente, marino. Además de poseer la barrera de coral más extensa del planeta –después de la gran barrera australiana (casi 300 kilómetros)–, el país centroamericano está plagado de atolones que flotan en su costa, así como de manglares que inundan la tierra firme. La observación de la flora y fauna caribeña y la práctica de actividades deportivas marinas son la mejor forma para conocer la riqueza de un país que vive en sintonía con el mar.

    El cenote azul se ha convertido en el emblema del marino Belice gracias a Jacques Cousteau. En uno de sus documentales, el oceanógrafo francés dio a conocer este inmenso agujero, de más de 300 metros de diámetro, formado en el centro del atolón del arrecife del Faro, a 80 kilómetros al este de la céntrica ciudad de Belice. Hace 10.000 años, se trataba de una cueva, pero la parte superior se derrumbó y la tierra fue cediendo espacio al mar. Ahora el cenote azul es un famoso lugar de peregrinación para los amantes del buceo en Belice, junto con el callejón del Tiburón Ray.

LAS HUELLAS IMBORRABLES DE LOS MAYAS. Belice es un país reconocido internacionalmente por su lucha en la preservación y conservación de su naturaleza. Pero no hay que olvidar que sus costas, sus selvas tropicales y sus majestuosas montañas fueron escenario del paso de una de las civilizaciones antiguas más avanzadas: los mayas. Aún hoy, Belice cuenta entre sus habitantes con una población maya significativa. Sin embargo, para recordar la época de esplendor de este pueblo de más de 3.000 años de historia hay que remontarse a sus orígenes.

    Asentamientos arqueológicos tan bien conservados como el de Cerros (en el distrito de Corozal, al norte del país) o el de Lamanai (unido al anterior a través de la boca del río Nuevo) ayudan a entender la majestuosidad de la arquitectura maya. Prácticamente, cada distrito de los seis en que se divide Belice cuenta con ruinas mayas destacadas. Lubaantun, en Toledo, al sur del país, es un buen ejemplo del saber hacer de los mayas con la piedra: cada una de estas piezas fue cuidadosamente medida y cortada a mano, sin ayuda de mortero.

    Xunantunich, en el distrito central de Cayo, tiene como vigía una impresionante pirámide, conocida como El castillo, donde se eleva una roca 40 metros sobre el resto del conjunto. A pesar de su talla, esta no es la construcción más alta hecha por los mayas en Belice. La supera la pirámide de Canaa, en la ruina del Caracol, situada en el mismo distrito. Su punto más elevado, a 42 metros, es un excelente mirador de la frondosa selva de Chiquibul, la que rodea al recinto.

    Por otro lado, los tesoros de Altun Ha, en el distrito de Belice, están abiertos a todo el que quiera acercarse a contemplar, entre otras maravillas, el objeto de jade más grande excavado en toda la región maya: una cabeza que representa al dios Sol, de más de cuatro kilos. Muy cerca de allí, en la costa este, está la ciudad de Belice, la capital y, prácticamente, el único centro urbano del país. En este lugar se encuentra el templo anglicano más antigua de Centroamérica, la Catedral de San Juan, además del único puente manual giratorio del mundo. Sin dudas, la ciudad es el punto de partida para conocer un país de espíritu aventurero que vive, de cara al mar, con el recuerdo de su glorioso pasado maya.

TEMAS:

Show

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.