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5 de enero de 2012
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HUMOR

Atender

Buenos días, a pesar de todo. Me encontré con un turista. Por esas circunstancias de la calle, al tipo se lo veía más incómodo que Bush en una mezquita. Le pregunté y me dijo: "Entré a comprar un cinturón y me atendieron muy mal. Es decir, no me atendieron. Estuve ahí durante minutos hasta que alguien advirtió mi presencia y, cuando se dio cuenta de que soy de los que me gusta revolver para convencerme de la compra, me dejó de lado como barrera en tiro libre". No sé cuántas impresiones se habrá llevado ese turista de Mendoza, pero la que les cuento, seguramente, él no la contará como ejemplo de las mejores. Me remito al diccionario: Atender: acoger favorablemente, o satisfacer, un deseo, un ruego, o un mandato.

En todas las palabras usadas por el mataburro para tal definición no hay una sola desagradable, entonces, uno no entiende por qué hay comerciantes o empleados de comerciantes que atienden con cara de poto, como si el que entrara no entrara a hacerles un beneficio, sino a molestarlos. Viene el potencial cliente y su saludo es contestado con una especie de gruñido hostil, y el tipo pregunta (es su derecho), y observa, y vuelve a preguntar, y recibe monosílabos por respuesta. Hubo una propaganda muy difundida hace unos años que iba en contra de aquellos que están mirando. ¿Se acuerdan? Estoy mirando. No me parece bien. Mirar, observar, comparar, elegir, son derechos que tiene todo comprador, no algo que esté mal. Y no hay cordialidad en aquellos que ofrecen.

Porque usted, comerciante, está ofreciendo, está tratando de seducir con sus productos a aquellos que buscan productos como el suyo, y en esa seducción el buen trato es un condimento indispensable, no importa si el que entró, entró a ver o a comprarle todo el negocio. Su actitud debe ser de agradecimiento, su actitud debe ser de servicio y para eso bien vale una sonrisa, aunque le duela el hígado o su mujer lo haya abandonado. Hay muchos comerciantes en nuestra ciudad que atienden como si vender fuera un favor que le están haciendo al prójimo. Es al revés, el prójimo les está haciendo el favor de comprarles. Ayer un turista me dijo: "Entré a comprarme un cinturón y me compré un disgusto". Que atiendan los que tienen que atender. 

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