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16 de noviembre de 2009
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ASIGNACIÓN UNIVERSAL

Norberto Alayón, profesor de la UBA.

La decisión de establecer una asignación universal por hijo es una medida progresista que debe ser valorada y apoyada. Tiende a la reparación de una injusticia y a la construcción de la noción de derechos y de ciudadanía. Recibir por derecho no es lo mismo que recibir por asistencia. Tal vez sería ocioso volver a enfatizar la importancia que adquieren las medidas dirigidas a mejorar la calidad de vida de la infancia y la adolescencia. Educarlos, alimentarlos y preservarlos son las cuestiones básicas que hay que garantizar para contribuir a la consolidación de una sociedad más justa y democrática y para prevenir consecuencias futuras de difícil y a veces imposible resolución.

     Dicha asignación constituye una forma de distribución secundaria de la riqueza, dirigida a los hijos de los trabajadores informales y de los desocupados. Y en nuestras sociedades, donde la obscenidad de la polarización entre ricos y pobres es más que evidente, toda acción que tienda a disminuir esa brecha debe ser bienvenida. Toda medida que apunte siquiera a mejorar la distribución de la riqueza debe ser apoyada. En consecuencia, es necesario reafirmar la pertinencia de esta política, aunque, asimismo, habrá que bregar para que se garantice la más eficiente y equitativa implementación de la norma, como así también la permanente actualización del monto. Casi como axioma, deberíamos acordar que en nuestras injustas sociedades, todo lo que se transfiere a los sectores empobrecidos y vulnerados es siempre inferior a lo que les corresponde.

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