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3 de diciembre de 2019
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California

Así operaban curas abusadores durante 50 años en una escuela

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Una investigación de un año reveló cómo operaban los Salesianos de Don Bosco para proteger a los sacerdotes abusadores, trasladándolos de un establecimiento a otro.

George Stein y Joey Piscitelli crecieron con una década de diferencia. Ambos provenían de familias religiosas y, lamentablemente, compartieron también una experiencia atroz: fueron abusados por los mismos sacerdotes y maestros que debían velar por ellos.

La orden católica de los Salesianos de Don Bosco se fundó para ayudar y apoyar a niños vulnerables. Sin embargo, dentro existía un patrón de abuso y encubrimiento que se remonta a más de medio siglo, según develó una investigación de un año de la CNN.

Durante décadas, los sacerdotes y hermanos abusadores fueron protegidos y trasladados repetidamente de una escuela a otra a expensas de sus víctimas, que a su vez fueron presionadas y amenazadas para que no denunciaran lo sucedido.

En varias ocasiones, los líderes salesianos ocultaron casos de abuso a las autoridades e incluso a la Iglesia católica.

Un grupo de abusadores

Siendo el mayor de ocho hijos, Stein creyó desde chico que sentía la vocación del sacerdocio. Tenía 13 años en 1958 cuando comenzó a estudiar en Don Bosco College, más tarde rebautizado como Escuela Secundaria Salesiana, en Richmond, California. Fue allí donde conoció al hermano Bernard Dabbene.

“Teníamos una rutina muy estricta”, recuerda Stein, que ahora tiene más de 70 años y vive en Seattle. Todo estaba regulado por el sonido de las campanas, relató. “Cuando sonaba la campana, ibas a clase, ibas a la sala de estudio, ibas al recreo o al comedor. Y se te asignaban tareas para ayudar con el mantenimiento del seminario”.

Un día, en su segundo año, cuando tenía 15 años, cuenta Stein, Dabbene le dijo que fuera a un lugar en particular y esperara a que le asignaran una tarea.

“Cuando llegué allí, me pareció un poco extraño porque no hubiera nadie y probablemente tampoco tareas que hacer”, recuerda Stein. “Vino al cabo de un rato… y básicamente me abrazó y me besó. Eso fue impropio, y no lo esperaba para nada”.

Stein reportó el incidente a un provincial salesiano, el padre Alfred Cogliandro, durante una de sus visitas a la escuela. “Le dije: ‘¡Me pasó esto y quiero que acabe!’”

Stein cuenta que Dabbene se fue de la escuela poco después. Estaba feliz de que el abuso se terminara.

Patrick Wall, un exsacerdote que ha dedicado su vida a ayudar a las víctimas de abuso clerical, dice que en su trabajo se encuentra frecuentemente con esto. Investigador principal y consultor de la firma de abogados Jeff Anderson y Asociados, Wall ha trabajado en más de 200 casos de abuso del clero.

“Tenemos casos todos los días en los que simplemente se los traslada: se cambian geográficamente de otro lugar y siguen su ministerio sin avisar a nadie, ni a las autoridades locales, a veces ni a la parroquia local o incluso a la diócesis”, dijo.

Pero después de su ordenación, Dabbene, regresó a la escuela como el padre Dabbene.

Un grupo de abusadores operó en la escuela durante décadas, algunos de ellos con Dabbene como director en la década de 1970.  Joey Piscitelli estaba en la escuela en 1972, cuando Dabbene regresó.

Entre los abusadores dentro del personal de la escuela estaba el padre Stephen Whelan, subdirector del colegio, quien pronto tuvo a Piscitelli en la mira.

“Yo era un enano”, recuerda Piscitelli. “Pesaba unos 36 kilos cuando llegué a la secundaria. Era la persona más pequeña de la escuela y el subdirector se hizo amigo mío casi enseguida”. Piscitelli recuerda que su terrible experiencia comenzó cuando Whelan lo invitó al Club de Chicos Salesianos, en el campus de la escuela.

“Íbamos a jugar al billar, y… se sentó en el banco y dijo: ‘Tira tú’. Dije ‘de acuerdo’ y golpeé la bola. Me di vuelta y le dije: ‘Es tu turno’. Y … él estaba sentado allí masturbándose”.

“Recuerdo que me puse rojo y comencé a sudar”, cuenta Piscitelli. “Tenía el pelo del cuello erizado, y me quedé allí de pie petrificado, sin saber qué hacer”.

“Él dijo: ‘Sigue jugando. Quiero verte”, recuerda Piscitelli. “Y luego me di la vuelta y el jefe del Club de Chicos, el hermano Sal Billante estaba viendo todo esto, mirando sin hacer nada”.

Por separado, Salvatore Billante fue condenado más tarde por abuso infantil en 1989 y sentenciado a ocho años. Estuvo cuatro años en prisión y quedó registrado como delincuente sexual. En 2002, fue acusado por otro caso que incluía 181 cargos de abuso infantil entre 1972 y 1978. Dejó la orden salesiana y murió en 2016.

A medida que pasaban los meses, dice Piscitelli, los abusos que sufría a manos de Whelan empeoraban.

“Un día me arrinconó en las escaleras y comenzó a molestarme y me dijo: ‘¡Sube las escaleras!’. Me arrastró a la habitación y me atacó, y me violó. Yo me desmayé mientras ocurría”.

Después del ataque, Piscitelli dice que no recuerda cómo llegó a casa. “Pero cuando llegué, tenía sangre en mi ropa interior, así que fui al patio trasero de mi casa y envolví la ropa interior ensangrentada alrededor de una piedra y la tiré sobre la cerca al campo para deshacerme de la prueba”.

Para hacer frente a los abusos que había sufrido, Piscitelli solía dibujar imágenes gráficas que representaban los horrores que vivió.

Amenazas

Piscitelli recuerda que también fue atacado físicamente por otro sacerdote salesiano que trabajaba de maestro en el colegio. “Me arrinconó en el segundo piso fuera de la clase de geometría… el pasillo estaba vacío. Me dijo: ‘Párate frente a mí. Quiero hablar contigo… pon tus manos a un lado y mírame a los ojos”.

“Y mientras lo miraba -cuenta Piscitelli-, preguntándome qué quería él, me dio un rodillazo en la entrepierna con todas sus fuerzas. Me caí… quedé tendido en el suelo. No podía respirar”.

“Pensé que tendría que ir al hospital. No podía moverme. Era fatal. Y mientras estaba ahí tirado, me dijo: ‘Eres un bocón. No quiero volver a verte aquí”, dijo Piscitelli.

El sacerdote sigue trabajando en la orden salesiana y nunca ha enfrentado cargos. Desde que se graduó de la secundaria en 1973, Piscitelli se puso como misión llevar ante la justicia a los salesianos que abusaron de él durante su infancia.

En 2006, ganó una demanda civil contra ellos y recibió una indemnización de 600.000 dólares.

Fuente: CNN

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