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15 de agosto de 2006
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Analistas israelíes, divididos por la tregua

Los especialistas han elaborado varias interpretaciones a partir de la resolución de la ONU sobre un alto el fuego en Líbano. Dudas y vaticinios políticos.

    Analistas israelíes se encontraban divididos ayer en cuanto a si la resolución de Naciones Unidas, que insta a un alto el fuego en el conflicto con las milicias libanesas de Hezbolá por un mes, fue un logro real o si el país emerge de la lucha ensangrentado y doblegado. Pero casi todos destacaron, con diversos grados de pesimismo, que la prueba real no es lo que dice la resolución, sino cómo será implementada.

    “Hay problemas muy grandes en ese aspecto”, señaló, lacónicamente, el experto en Oriente Medio Barry Rubin. La pregunta, indicó, “es si el cese del fuego funcionará lo suficientemente bien como para ser mínimamente aceptable”. Comprensiblemente, dados los ataques políticos dirigidos contra él por su conducción de la guerra, el Gobierno está haciendo lo mejor posible para presentar la resolución 1.701 de la ONU como un triunfo diplomático, “una clara victoria para Israel”, en palabras del primer ministro, Ehud Olmert.

    Algunos analistas compartieron su perspectiva de la resolución, que invoca a un inmediato cese de las hostilidades de un mes, seguido por el despliegue de 15.000 efectivos libaneses junto con una fuerza de igual proporción de la ONU en el sur de Líbano para arrebatar el control de la región a Hezbolá. El acuerdo también insta a las tropas israelíes a replegarse de Líbano mientras la fuerza internacional y los soldados libaneses ocupan sus posiciones.

   La resolución cumple con los objetivos del Gobierno, apuntó, simplemente, el corresponsal diplomático del Jerusalem Post, Herb Keinon. Sin embargo, la subeditora del periódico fue muy severa en su crítica.“Un desastre absoluto” que “representa casi una total victoria para Hezbolá y para los estados que la auspician Irán y Siria, además de una derrota sin precedentes para Israel y su aliado Estados Unidos”, escribió Caroline Glick.

    “Este hecho se hace evidente tanto en el texto de la resolución como en el hecho de que Estados Unidos decidió apoyar un acuerdo de cese del fuego antes de que Israel haya desmantelado o degradado seriamente las capacidades militares de Hezbolá”, manifestó. Pero pocos de los analistas conocidos compartieron la visión de Glick de que la resolución no aportó nada militarmente. “Un logro sin precedentes para Israel y el Estado judío, quizás, incluso, uno de los logros más destacados de su historia”, apuntó el veterano analista Sever Plotzker en el diario Yediot Ahronot.

    “Es verdad”, admitió Plotzker,“que hay muchas desventajas. Pero si la resolución se implementa totalmente, sus ventajas estratégicas para Israel –y para un Líbano libre– se destacarán claramente”. Así es, aseguró el analista Nahum Barnea en el mismo periódico. Pero “uno necesita ser un optimista implacable para creer que se llevará a cabo tal como está escrito”. Para el analista militar Alex Fishman, el cese del fuego no tendrá valor si el Ejército israelí no asume el control sobre el sur de Líbano.

    “Ninguna fuerza multinacional extirpará físicamente a Hezbolá por nosotros del territorio que es más importante para ellos”, escribió, pesimista, en el Yediot. Fishman cree que la presencia militar en el sur de Líbano “es la única garantía que impedirá que el acuerdo se caiga antes de ser implementado”. “Y si nunca se desmorona, como ha sucedido en el pasado con otros acuerdos y borradores de resolución, Israel estará en una posición mucho mejor que en la que estaba antes del comienzo de la operación”, añadió.

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