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16 de julio de 2009
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Amigo

Fue el 20 de julio de 1969. Todos los que tenían televisor, que no eran como los de ahora, se pusieron a ver un espectáculo maravilloso, inédito, histórico: el hombre pisaba la Luna.

   Fue el 20 de julio de 1969. Todos los que tenían televisor, que no eran como los de ahora, se pusieron a ver un espectáculo maravilloso, inédito, histórico: el hombre pisaba la Luna. La Apolo 11 los había llevado hasta el satélite natural con la intención de hacerles pito catalán a los rusos. Collins, Aldrin y Armstrong llegaron, pero sólo dos bajaron a la superficie lunar.

   Aldrin y Armstrong. Collins fue hasta allá pero no tuvo la gloria de pisar la Luna porque tuvo que quedarse en la nave orbitando a la espera del regreso de sus compañeros. Años le costó al psicólogo de Collins hacerle entender que había actuado como un verdadero amigo y no como un estúpido.

    Tiempo después a Enrique Ernesto Febbraro, profesor de Psicología, Filosofía, Historia, músico y odontólogo, se le ocurrió este pensamiento. El 20 de julio, el día del alunizaje, todo el mundo estaba unido deseándole fortuna a los viajeros (todo el mundo menos los rusos), así que se largó a hacer marketing para que el Día del Amigo se celebrara el 20 de julio.

   Al principio, la idea pasó más desapercibida que Jaque entre jugadores de la NBA. Pero después, la gente se fue prendiendo, hasta que se transformó en uno de los días más festivos del calendario. Un día incomparable, salimos en masa a celebrar con los amigos como no lo hacemos en ningún otro día. Navidad y Fin de Año son para la familia, el día del Niño para los culillos, el Día del Padre o de la Madre otra vez de la familia, pero en el Día del Amigo nos juntamos todos aquellos que nos hicimos de una valija de cariño a lo largo del camino, la abrimos y entramos a desparramar cariño a quien tengamos a mano.

   Es único. Los bares, restaurantes y confiterías se llenan a tal punto que algunos ponen mesas en los baños. Y aunque sólo consumamos una pizza partida en cuarenta y ocho porciones, tenemos a mano bebidas suficientes como para que no se agoten los brindis en la primera vuelta. Bien, quieren cambiar el día. ¿Por qué? Por la gripe H1N1 quieren pasarlo al 20 de agosto.

   Pero, ¿quién decide esto? Porque no es una celebración oficial, no está detrás el Gobierno para decir: “Esto lo pasamos al lunes más próximo”, como hacen con la muerte de Belgrano. Va a costar organizar el traslado. Por lo tanto no puede pasar más allá de un consejo: “Sería mejor pasarlo para el 20 de agosto”. De ahí en más cada uno hará lo que crea conveniente. Usted me dirá: “Puede ser para peor, porque si ahora está la gripe, en agosto puede estar el Zonda”. Ah, no sé, es decisión suya, si al final, los amigos se conocen en las buenas y en las malas.

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